Portada » Arte » Velázquez: Vida, Obra y Legado del Maestro del Siglo de Oro
Velázquez, nacido en Sevilla en el cambio de siglo, provenía de una familia humilde, sin tradición artística conocida. A pesar de ello, y tras una vida de esfuerzo y trabajo, logró el estatus de Caballero de Santiago, una hazaña considerable en la rígida España estamental del siglo XVII. Esta fue, aparentemente, su gran ambición, aunque también gozó del respeto y la admiración de colegas, cortesanos y el propio rey.
Pintor de cámara en palacio prácticamente desde su llegada a Madrid, su cargo tenía, en apariencia, la misma consideración que la del barbero real. Sin embargo, su talento fue indiscutible desde joven, y en su madurez, creó obras maestras que hoy admiramos en los museos. Su principal objetivo vital fue alcanzar la nobleza, siendo pintor.
Podemos afirmar que fue uno de los que más trabajó para ennoblecer el arte de la pintura, para dotar a los pintores de la dignidad que merecían, equiparando su trabajo con las artes liberales. Su obra, alejada del público hasta la apertura del Museo del Prado a principios del XIX, fue adorada por Manet y los primeros impresionistas. Descubierto por el público en fechas relativamente recientes, Velázquez se convierte en un personaje cercano y lejano a la vez.
A través del estudio de su obra, quizás logremos comprender al pintor detrás del personaje, el mensaje de Las Meninas, y al hombre de extraordinario talento que presenció la caída de la monarquía española como potencia europea. Tal vez comprendamos el ambiente de la España del siglo XVII, endeudada, empobrecida, derrotada, y aun así, la misma sociedad que vio nacer a Velázquez, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Calderón de la Barca, Murillo, Ribera, Gil de Siloé, Churriguera, Berruguete y todos los que hicieron que el siglo de la derrota fuera, en realidad, el Siglo de Oro.
Para comprender la vida y obra de Velázquez, analizaremos las distintas etapas, marcadas por sus residencias (Sevilla y Madrid) y sus dos viajes a Italia. Su vida está bien documentada, gracias a su relación con la corte y a dos excelentes biógrafos: su maestro, Francisco Pacheco, y Antonio Palomino, autor de la primera biografía de Velázquez en 1724.
Velázquez nace y vive en Sevilla hasta los 23 años. A los 11, inicia su formación con Francisco Pacheco y, seis años después, obtiene el título de pintor. A los 19, se casa con la hija de su maestro y tienen dos hijas.
En 1622, viaja a Madrid y visita los palacios de El Pardo, Aranjuez y El Escorial, conociendo las colecciones reales. En 1621, muere Felipe III y le sucede Felipe IV, con 16 años. Es nombrado el Conde Duque de Olivares como primer ministro.
En esta etapa, Sevilla era la ciudad más importante del reino, con el monopolio del comercio con el Nuevo Mundo. Su suegro, Pacheco, fue un pintor de mediana calidad, pero un excelente maestro y hombre culto, que recibía en su casa a importantes artistas y eruditos. Pacheco, teórico del arte, le enseñó la relación entre pintura, música y poesía.
El tenebrismo y el caravaggismo influyen decisivamente en su etapa sevillana, con fuertes contrastes de luces y sombras, y el realismo de los personajes. Sus temas incluyen retratos, temas religiosos y escenas populares. Destaca la importancia del dibujo y el empleo de colores pardos, contenidos dentro de la línea marcada por el dibujo.
En esta primera época, Velázquez es considerado el primer exponente del nuevo naturalismo, influenciado directa o indirectamente por Caravaggio. Sus obras muestran un tratamiento especial de la luz, con fuertes contrastes y un solo foco, característico del naturalismo y del tenebrismo de Ribera. También destaca su gusto por la pintura de género (representación de temas y escenas cotidianas). Otra característica observable es su habilidad como retratista. Su paleta es reducida, apagada, con colores terrosos, tanto para objetos como para personas. Los perfiles nítidos de esta fase desaparecerán a medida que su pincelada se vuelva más suelta. En estas obras, mezcla géneros: pintura religiosa y retrato con bodegón, poniendo el mismo cuidado en pintar una cabeza que una vasija de barro o una cebolla.