Portada » Geografía » Urbanización e Industrialización en España durante la Restauración: Un Estudio Detallado
Durante los años de la Restauración continuó el proceso de urbanización, entendido como el aumento de la población urbana en detrimento de la población rural y como el crecimiento y expansión espacial de las ciudades españolas.
Los datos disponibles para calcular el aumento de la población urbana proceden de los correspondientes censos de población. En España, el criterio estadístico para calificar como urbano un municipio se sitúa en los 10.000 habitantes. Por debajo de esa cantidad estaríamos hablando de poblaciones rurales, sobre todo, si se trata de poblaciones de menos de 5.000 habitantes.
Por esta razón, Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, las únicas ciudades de más de 100.000 habitantes al empezar la Restauración, vieron como a lo largo de aquel periodo se les sumaban otras ciudades. Barcelona y Madrid fueron, sin duda, las ciudades que en términos absolutos aumentaron más significativamente, pero también lo hizo Bilbao en términos relativos. Barcelona y Bilbao debido a su carácter industrial, Madrid por ser la capital del Estado.
En definitiva, el proceso de urbanización de la población española estuvo asociado a la transformación económica que experimentaba el país. A medida que la agricultura iba perdiendo peso y lo iban ganando la industria.
El segundo aspecto a considerar, al tratar el proceso de urbanización durante la Restauración, es el crecimiento y expansión espacial de las ciudades. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, incluida la época que estamos analizando, y a principios del siglo XX, el aumento de la población y las exigencias de la burguesía dieron lugar a la superación del marco físico tradicional de las ciudades.
El paso de una economía agraria a otra industrial prosiguió durante los años de la Restauración. Sin duda, aumentó el grado de industrialización, pero España, al cerrarse ese periodo, no se había incorporado aún a la lista de países europeos que merecían realmente el nombre de países industrializados (Reino Unido, Bélgica, Francia, Alemania, Suiza, Austria, Italia, etc.).
La lentitud y debilidad del proceso de industrialización español se ha atribuido, sobre todo, a la insuficiencia de capital y a las prioridades de los capitalistas, más interesados por la compra de tierras desamortizadas o títulos de la deuda pública, que por las inversiones en el sector industrial.
En el proceso de industrialización de la época de la Restauración, dos coyunturas resultaron especialmente importantes. Por un lado, la crisis del 98 y, por el otro, la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Por lo que se refiere a la distribución espacial de la industria, fracasado el intento de industrialización en Andalucía, se consolidó el núcleo industrial catalán, que venía formándose desde la segunda mitad del siglo XVIII y surgieron dos nuevos núcleos, el asturiano y, sobre todo, el vasco.
El foco industrial catalán, formado a partir de capitales acumulados en la agricultura y el comercio de tejidos, se localizó fundamentalmente en Barcelona. Por su puerto llegaban las materias primas, algodón sobre todo, que su industria elaboraba.
El núcleo industrial vasco surgió durante la segunda mitad del siglo XIX. La presencia de rico mineral de hierro en la provincia de Vizcaya y su exportación hacia el Reino Unido permitió acumular los capitales para el lanzamiento de la propia industria vasca. Bilbao, su puerto y la ría del Nervión desde Baracaldo a Sestao, concentraron lo esencial de la industria vizcaína. Con el hierro vasco y el carbón británico nació la siderurgia. Así, hacia 1882 ya existía el embrión de lo que luego sería la gran empresa Altos Hornos de Vizcaya. Poco después, en 1888, surgió la empresa Astilleros del Nervión, para la fabricación de buques con casco de hierro y finalmente aparecieron las industrias de material ferroviario. En suma, en el País Vasco se localizó lo esencial de la industria pesada y de bienes de equipo de España.
Por último, hay que recalcar de nuevo que hacia 1923, España solo contaba con dos regiones auténticamente industrializadas: Cataluña y País Vasco, como demostraba el hecho de que sólo el 22 % de la población activa española figuraba en el sector secundario, así como que esa industria era tan débil que desde 1891 los fabricantes catalanes y vascos, aliados a los terratenientes castellanos y andaluces, disponían para sus productos de un mercado nacional fuertemente protegido frente a la competencia de los productos extranjeros.