Portada » Psicología y Sociología » Trastornos del Estado de Ánimo: Clasificación, Síntomas y Tratamiento
Los Trastornos del Estado de Ánimo (TEA), también conocidos como trastornos afectivos, se caracterizan por una alteración del estado de ánimo o afecto, unida a problemas cognitivos, psicomotores, psicofisiológicos e interpersonales. Los pacientes con estado de ánimo elevado pueden presentar expansividad (incesante e indiscriminado entusiasmo en las interacciones interpersonales, sexuales o laborales), fuga de ideas, insomnio, autoestima exagerada e ideas de grandeza. Los pacientes con estado de ánimo deprimido pueden mostrar pérdida de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultad de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte.
Los episodios afectivos se incluyen por separado en el DSM-IV para diagnosticar los trastornos del estado de ánimo. No pueden diagnosticarse como entidades independientes, pero sirven como fundamento al diagnóstico de los trastornos.
Tal como ocurre en la mayor parte de trastornos psiquiátricos, la etiología de los trastornos del estado de ánimo es desconocida. En el proceso de la enfermedad no parece existir una hipótesis única. Se han apuntado factores biológicos y psicosociales, entre otros.
El 60% debutan con episodio de manía. La longitud del intervalo entre episodios depresivos y maníacos se acorta al pasar el tiempo.
En ambos episodios, tanto maníacos como depresivos, aparecen cambios conductuales, socioculturales, afectivos, cognitivos y fisiológicos.
Estado de ánimo elevado, expansivo o irritable (al menos una semana).
Al menos 3 de estos síntomas:
Mismos criterios que episodio maníaco, excepto que:
Al menos 5 de estos síntomas (2 semanas):
Alivian los síntomas depresivos aumentando la norepinefrina y serotonina, bloqueando su recaptación a nivel de las neuronas presinápticas. Poseen muchos efectos secundarios. Sus efectos sedantes se notan a las pocas horas de la administración y los efectos antidepresivos, a las 2-4 semanas.
Inhiben la recaptación de serotonina. Gran eficacia antidepresiva, pero además tienen baja cardiotoxicidad y menos efectos anticolinérgicos. La mayoría no producen aumento de peso y no son letales en sobredosis.
Alivian los síntomas depresivos, bloqueando la actividad de la enzima monoaminooxidasa, vinculada con el metabolismo de otros neurotransmisores como epinefrina, norepinefrina, dopamina y serotonina. La reducción de la actividad MAO produce un aumento de la concentración de estos neurotransmisores. El efecto terapéutico se produce a las tres semanas de iniciarse el tratamiento y entre los efectos adversos cabe destacar las crisis hipertensivas, que pueden producirse tras la ingesta de alimentos con alto contenido de tiramina.
Uso como profilaxis de las recidivas maníacas, ya que su efecto es regulador del humor. Inhiben la liberación de norepinefrina y serotonina. El tratamiento requiere cuidado en su manejo ya que produce importantes efectos secundarios y a veces intoxicaciones agudas debido al escaso margen entre la dosis terapéutica y la dosis tóxica. La dosis de mantenimiento (litemia) oscila entre 0.8 y 1.2 mEq/L. Por debajo de estos márgenes pueden aparecer síntomas y por encima, efectos tóxicos.
Somnolencia, sequedad de boca, polidipsia, poliuria, náuseas, vómitos, diarrea, temblor de manos, aumento de peso, hipotensión.
Vértigo, disartria, hipertonía muscular, hiperreflexia, ataxia, confusión, convulsiones, estupor y coma.
Informe a la enfermera o al facultativo si ha tenido: fiebre, diarrea, vómitos o deshidratación. Si toma fármacos como: antihipertensivos, antiinflamatorios (Voltarén®, Ibuprofeno®), diuréticos, ácido acetil salicílico.
Temblor, más ganas de beber y de orinar, dificultad de concentración, sabor metálico, aumento del hambre (dosis altas).
Náuseas, vómitos, aumento del sabor metálico, dificultad para el movimiento, dificultad para hablar, confusión mental, dolor abdominal, pérdida de apetito.