Portada » Lenguas extranjeras » Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC): Definición, Historia y Epidemiología
La palabra «obsesión» (del latín *obsidere*: asediar, investir, bloquear) fue utilizada por primera vez en su sentido actual por Wartburg en 1799. Sin embargo, su uso se difundió tiempo después, a partir de los trabajos de Luys en 1833 y Flret en 1889.
Morel, en 1866, realizó una de las mejores descripciones de las obsesiones, que él denominó delire émotif.
Por otro lado, el término «anancasmus» (anancástico), propuesto por Donath en 1896 para designar los estados obsesivos idiopáticos, se ha utilizado posteriormente para referirse indistintamente a fobias y obsesiones, generando un nuevo problema conceptual. A esto se suma la frecuente confusión entre compulsión e impulsión.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, en Alemania, se hablaba de representaciones y actos forzados, más que obsesivos, para denominar estos fenómenos. Westphal, en 1877, propuso una definición de las obsesiones que, por su importancia histórica y vigencia, se reproduce a continuación: «ideas parásitas, las cuales, permaneciendo intacta la inteligencia y sin que exista un estado emotivo o pasional, surgen ante la conciencia, se imponen a ella contra su voluntad, se atraviesan e imponen el juego normal de las ideas, y son, siempre reconocidas por el propio enfermo como anormales, extrañas a su yo”.
Como señaló Berrios en 1995, la etiología y la nosotaxia de los estados obsesivos fueron fuente de confusión y polémica en el siglo XIX. Se debatió su origen intelectual (Wernicke), emocional (Morel, Kraepelin o Freud) o volitivo (Esquirol).
El capítulo de los trastornos obsesivos es uno de los más abandonados y desconocidos de la patología psiquiátrica. Se cuestiona su situación dentro de las neurosis, y algunos autores se inclinan por su inclusión en el marco de las psicosis.
Los clásicos franceses se referían a ella en términos de locura, y actualmente se emplea a veces la denominación de «psicosis obsesivas» para referirse a cuadros obsesivos especialmente graves. Su nexo con las psicosis se encuentra en:
Sin embargo, la conciencia de enfermedad (a veces relativa, pero siempre presente), la carencia de influencia exterior (autorreferencia) y la ausencia de deterioro distancian a las obsesiones de las esquizofrenias.
El obsesivo lucha contra sus ideas, mientras que el esquizofrénico, que se identifica absolutamente con ellas, lo hace contra el exterior que le hostiga. Por lo tanto, parece improcedente ubicar este trastorno entre los trastornos psicóticos, aunque tampoco puede ser incluido sin reservas en la patología neurótica.
Investigaciones recientes sugieren que, al menos un subgrupo de pacientes obsesivos, presenta grandes similitudes con la patología depresiva, tanto clínica como biológicamente.
En definitiva, si bien se incluye este trastorno entre las neurosis (como en la CIE-10), es, sin duda, la más marginal de estas. Faltan datos para poder ubicarla nosológicamente con criterios más científicos.