Portada » Francés » Transformaciones Sociales y Poder: De las Revoluciones Industriales a la Comunicación Moderna
Se denomina Revolución Industrial al profundo proceso de transformación económica, social y tecnológica que tuvo sus inicios en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino de Gran Bretaña. Este fenómeno se expandió posteriormente, entre 1820 y 1840 aproximadamente, a gran parte de Europa occidental y a la América Anglosajona.
Marcó una transición fundamental desde una economía predominantemente rural, basada en la agricultura y el comercio artesanal, hacia una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.
Posteriormente, entre 1860 y 1914, se desarrolló la llamada Segunda Revolución Industrial. Esta etapa se caracterizó por la adopción de nuevas fuentes de energía, como la electricidad, el gas y el petróleo, la utilización de materiales innovadores (níquel, manganeso, cromo, etc.) y la aparición de revolucionarios sistemas de transporte (como el automóvil con motor de combustión interna) y comunicación (el teléfono y la radio).
La Revolución Informática, también conocida como Tercera Revolución Industrial o Revolución Digital, describe la transición desde una economía fundamentada en la industria mecánica hacia una nueva era dominada por la tecnología digital y el flujo de información. Este cambio comenzó a gestarse a mediados del siglo XX.
Esta revolución continúa su evolución impulsada por tecnologías emergentes como la inteligencia artificial (IA), el Internet de las Cosas (IoT), la computación en la nube y la computación cuántica, las cuales prometen generar nuevas y profundas transformaciones en el futuro.
En resumen, la Revolución Informática ha redefinido nuestra forma de vivir y trabajar, y su influencia seguirá expandiéndose, moldeando el porvenir de la humanidad.
Tanto Thomas Hobbes como Montesquieu compartían la percepción de que el ser humano posee una tendencia inherente a acumular poder y a abusar de él. Sin embargo, sus propuestas para gestionar esta tendencia diferían notablemente:
Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, fue uno de los filósofos más influyentes de la Ilustración y un exponente clave del liberalismo aristocrático de su tiempo.
A diferencia de pensadores como Hobbes, Locke y Rousseau, Montesquieu sostenía que la sociedad y el Derecho no se originan primordialmente en un contrato social, sino que están profundamente influenciados por la naturaleza propia del ser humano y las circunstancias que lo rodean, como el clima y la geografía.
Defendía fervientemente que cualquier forma de gobierno, para ser legítima y justa, debía ser moderada. La clave para lograr esta moderación residía en la separación de los poderes fundamentales del Estado:
Montesquieu proponía que estos poderes estuvieran distribuidos y equilibrados entre distintas fuerzas sociales y políticas, como el rey, el pueblo y la aristocracia, para evitar la concentración y el abuso de poder.
Nota: La afirmación sobre ‘no interesar formar mentes críticas’ y la referencia a la caída del Imperio Romano como ejemplo de diversidad de pensamiento incontrolable son interpretaciones o argumentos que a veces se asocian a ciertas visiones sobre el control social, pero no representan directamente el núcleo de la teoría de la separación de poderes de Montesquieu.
Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi, fue una figura central en el desarrollo y aplicación de técnicas de propaganda para manipular la opinión pública bajo el régimen de Hitler. Aunque no dejó una lista formalizada, sus estrategias se pueden inferir de sus acciones y escritos. Algunos de los principios más destacados son:
Consiste en simplificar problemas complejos, reduciéndolos a un único concepto o adversario fácilmente identificable y cargado negativamente. Se busca canalizar diversas frustraciones hacia un solo «enemigo». En marketing, se asemeja a unificar la imagen de marca en un concepto claro y reconocible.
Implica atribuir al adversario los propios errores, defectos o intenciones negativas. Si se recibe una acusación difícil de refutar, se contraataca acusando al oponente de cometer la misma falta. Es una táctica común en debates políticos, especialmente ante escándalos.
Se trata de convertir cualquier anécdota, error o detalle menor del adversario en una amenaza grave o un escándalo de grandes proporciones, exagerando su importancia y consecuencias para beneficiar la propia causa.
Adapta la propaganda al nivel intelectual más bajo de la audiencia a la que se dirige. Cuanto mayor sea la masa a convencer, más simple y elemental debe ser el mensaje. Se prioriza la comprensión masiva sobre la complejidad o el matiz, apelando a la mentalidad colectiva.
Sostiene que la propaganda debe limitarse a un número reducido de ideas clave, repetidas incansablemente desde diferentes ángulos y a través de diversos canales, hasta que penetren en la conciencia colectiva. La repetición constante es fundamental.
Se basa en construir argumentos a partir de fuentes diversas, información fragmentaria o medias verdades, de modo que incluso las mentiras, al ser repetidas o presentadas dentro de un contexto parcialmente cierto, adquieran apariencia de verdad. La repetición («una mentira repetida mil veces…») y la mezcla con hechos reales facilitan su aceptación.
Consiste en conectar la propaganda con actitudes y prejuicios preexistentes en la audiencia. Se apela a mitos, odios, miedos y sentimientos arraigados en la cultura o la historia nacional, vinculándolos al adversario para generar rechazo emocional. Se explotan las emociones primitivas.
Busca crear la impresión de que una opinión o idea particular es compartida por todo el mundo o por una mayoría abrumadora. Se intenta generar un consenso artificial para presionar a los individuos a conformarse por temor al aislamiento social o por dudar de su propio juicio.
El neuromarketing es una disciplina que aplica técnicas de la neurociencia para estudiar los procesos cerebrales implicados en la toma de decisiones de los consumidores y sus respuestas a los estímulos de marketing (publicidad, productos, precios, etc.). Analiza las reacciones antes, durante y después de la compra para comprender las motivaciones subconscientes.
Su objetivo es optimizar las estrategias de marketing y mejorar la conversión de productos y servicios mediante la monitorización científica de la conducta del consumidor y la predicción de sus comportamientos futuros, a menudo basándose en respuestas no conscientes.
El neuromarketing a menudo utiliza el modelo simplificado del cerebro triuno para entender las respuestas del consumidor:
Un trabajo de investigación académico suele seguir una estructura estandarizada para garantizar la claridad y la replicabilidad. Las partes fundamentales son:
Abraham Maslow propuso una teoría jerárquica para explicar la motivación humana, representada visualmente como una pirámide. Según Maslow, las personas buscan satisfacer una serie de necesidades organizadas en niveles, y solo cuando las necesidades de un nivel inferior están razonablemente satisfechas, surgen las motivaciones del nivel superior.
Los cinco niveles son:
Propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, la teoría de la Espiral del Silencio describe un mecanismo psicosocial que influye en la expresión de opiniones en el espacio público.
Sus supuestos principales son:
Este proceso crea una «espiral»: a medida que más personas expresan la opinión percibida como mayoritaria y menos personas expresan la minoritaria, esta última parece aún más débil de lo que realmente es, llevando a más gente a callar. La teoría es especialmente relevante para entender cómo los medios de comunicación pueden influir en la percepción del clima de opinión y, por ende, en la disposición de las personas a hablar.
Walter Lippmann, periodista y pensador político estadounidense, realizó importantes aportaciones al estudio de la opinión pública y el papel de los medios en la democracia moderna. Trabajó en propaganda durante la Primera Guerra Mundial.
Sus ideas clave incluyen:
Ejemplo histórico relacionado: La campaña de Edward Bernays (sobrino de Freud e influido por Lippmann) para asociar el acto de fumar cigarrillos en público por parte de las mujeres con la emancipación y la libertad («antorchas de la libertad»), utilizando estereotipos de independencia para romper un tabú social y abrir un nuevo mercado.
Las plataformas digitales y redes sociales emplean lo que se conoce como tecnologías persuasivas, diseñadas para influir en nuestros pensamientos y acciones, a menudo explotando vulnerabilidades psicológicas.
Autores como Santiago Bilinkis advierten sobre estos mecanismos, pero no abogan por el abandono total de la tecnología, sino por un uso consciente y crítico. Proponen entender cómo funcionan estas plataformas para defenderse de la manipulación, recuperar el control sobre nuestra atención y utilizar la tecnología como herramienta al servicio de nuestros propios objetivos vitales, en lugar de ser meros consumidores pasivos o productos para los intereses de las grandes tecnológicas.
Edward Bernays, considerado uno de los pioneros de las relaciones públicas y la propaganda moderna, aplicó principios de la psicología (influido por su tío, Sigmund Freud) para manipular la opinión y el comportamiento de las masas. Acuñó el término «ingeniería del consentimient» para describir su enfoque: la creación consciente y sistemática de actitudes y hábitos en el público.
Su idea central era que, en lugar de vender directamente un producto, se podían crear o asociar necesidades y deseos en la mente del público que luego el producto o idea vendría a satisfacer. Se trataba de influir en las motivaciones subconscientes.
Ejemplos de aplicación de principios similares en la actualidad:
El concepto de poder se refiere a la capacidad de influir en el comportamiento de otros y a las consecuencias de ejercer esa influencia. En la teoría política clásica, se distinguen tradicionalmente tres poderes (siguiendo a Montesquieu): Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
El término «Cuarto Poder» se utiliza para designar a los medios de comunicación (prensa, radio, televisión y, más recientemente, medios digitales) debido a su enorme capacidad para influir en la opinión pública y, por tanto, en la sociedad y en la política.
Se considera que su función ideal es:
Esta visión ideal del Cuarto Poder como perro guardián de la democracia (watchdog) contrasta a menudo con la realidad, donde los medios pueden estar sujetos a intereses económicos, políticos o ideológicos que limiten su independencia o los lleven a participar en la manipulación informativa.
Relación con Hobbes: La idea de un poder vigilante como el Cuarto Poder se opone en cierto modo a la concentración de poder absoluto que Hobbes consideraba necesaria en el Leviatán para mantener el orden. Mientras Hobbes prioriza el orden impuesto por un poder central fuerte, la noción del Cuarto Poder enfatiza la necesidad de control y crítica al poder para proteger la libertad y prevenir la tiranía.
Nota sobre educación y manipulación: La afirmación «Mientras más fácil sea la educación, más fácil es manipular a las personas» es una generalización polémica. Si bien una ciudadanía informada y con pensamiento crítico es menos susceptible a la manipulación, la relación entre el nivel educativo formal y la capacidad de resistir la propaganda es compleja y no lineal.