Portada » Ciencias sociales » Transformaciones Sociales y el Impacto en la Delincuencia: Un Estudio de Casos
Los delitos no se limitan a actos aislados en tiempo y espacio considerados negativos por la sociedad. Su definición está influenciada por variables como el autor del acto, si contraviene el orden establecido, y la relación entre el autor y los posibles acusadores. Estos factores pueden influir en la percepción del acto como delito.
«En sistemas sociales con mucha comunicación interna obtendríamos más información sobre la gente que nos rodea. Entre gente desconocida, los funcionarios oficiales se convierten en la única alternativa de control.»
En Greenwich Village, la esperada convivencia idílica entre la diversidad de personas no se materializó. En cambio, se observó un individualismo urbano que fomentó la hostilidad y el tráfico de drogas.
La cuadriculación de Nueva York dificulta la existencia de un centro definido. Esto ha llevado a la segregación cultural en diferentes zonas, reforzando la identidad individual con su área de residencia. Nueva York se presenta como una ciudad multicultural que, si bien convive con la diferencia, se resiste a la integración espacial.
Para fomentar la empatía en una ciudad multicultural, es necesario reconocer la vulnerabilidad individual y la interdependencia. El protocolo individual moderno debe basarse en la pasividad, no en el triunfo. La aceptación del dolor propio sensibiliza al dolor ajeno, construyendo así un cuerpo cívico.
“La pobreza y los bajos salarios reaparecieron en los suburbios, lo mismo que el crimen y las drogas. Las esperanzas de una vida familiar estable y segura en los suburbios también se frustraron en la medida en que su premisa era la evasión”.
Las décadas de 1970 y 1980 marcaron una grave recesión económica, con precarización laboral y declive de la afiliación sindical. La posterior recuperación fue lenta y modesta, generando empleos a tiempo parcial y bajos salarios. La incorporación de la mujer al mercado laboral, aunque precaria, se volvió necesaria. El aumento de divorcios y familias monoparentales transformó la estructura familiar.
La proliferación de automóviles y nuevos modelos de vivienda en la periferia de las grandes ciudades disoció la relación entre trabajo y vivienda. Esto contribuyó a la «fuga de los blancos» hacia los suburbios, mientras los inmigrantes negros ocupaban los centros urbanos, creando guetos.
La televisión, al difundir diferentes estilos de vida, influyó en la percepción social de lo «apropiado», a la vez que erosionó la privacidad de ciertos sectores sociales.
La democratización en Estados Unidos, con la expansión de derechos civiles y el Estado de Bienestar, paradójicamente coincidió con un aumento del delito, especialmente el violento y el relacionado con drogas. Factores como la relajación del control social informal, la permisividad educativa, la reducción del poder policial y un sistema penal más humanista contribuyeron a este fenómeno, particularmente entre adolescentes varones.
El Estado de Bienestar, inicialmente exitoso en la promoción de la igualdad de oportunidades, enfrentó crecientes demandas ciudadanas durante la prosperidad económica, consideradas inaceptables por la clase media. La posterior crisis del welfare llevó a políticas de liberalización del mercado, aumentando la desigualdad y exacerbando la pobreza, la violencia, el delito callejero y el abuso de drogas. Esta situación fomentó una sociedad dual, dividida entre «los seducidos por el sistema y los reprimidos por este». Se observó un aumento de las conductas delictivas, asociadas a la «underclass», con un endurecimiento de las políticas penales y un sesgo racista en su aplicación.
Las nuevas estructuras sociales y culturales hicieron de la sociedad tardomoderna una sociedad más proclive al delito, al menos hasta el momento en que se pudieron poner en funcionamiento nuevas prácticas de control del delito para contrarrestar estas tendencias estructurales.