Portada » Historia » Transformaciones Culturales en la España del Siglo XIX: Educación, Prensa y Secularización
Durante el siglo XIX, España experimentó profundas transformaciones culturales que abarcaron desde la secularización de la cultura hasta la evolución de la educación y el papel crucial de la prensa. Estas transformaciones se pueden agrupar en tres grandes áreas:
A lo largo del siglo XIX, se produjo una gradual uniformización cultural de la población española. Esta uniformización contrastaba con la rica diversidad local, económica, social y lingüística del país. Mientras gran parte de la población campesina permanecía analfabeta y fuertemente influenciada por el catolicismo, la visión romántica de viajeros y escritores retrataba una España de castillos medievales, edificios árabes y paisajes quijotescos. Esta imagen pintoresca incluía vestimentas tradicionales, folclore, gitanos, bailes populares y toreros.
Posteriormente, el costumbrismo y el historicismo dieron paso a movimientos culturales que buscaban recuperar y recrear la historia, especialmente en Cataluña, País Vasco y Galicia. Surgieron los ateneos, instituciones clave en la difusión de la cultura liberal, que promovían tertulias, debates políticos y se oponían a la tutela de la Iglesia y al intervencionismo estatal. Paralelamente, se produjo un renacimiento de la cultura eclesiástica, que intentaba conciliar el liberalismo con el catolicismo.
Los liberales impulsaron la socialización de la educación y la cultura, defendiendo el papel del Estado en la creación de un sistema de enseñanza pública, universal, gratuita y libre. Durante el reinado de Isabel II, se promulgó la Ley Moyano (1857), que establecía la educación primaria obligatoria y gratuita, financiada por los ayuntamientos. La enseñanza secundaria, sin embargo, quedó principalmente en manos privadas, mientras que la universitaria era responsabilidad del Estado.
Aunque el analfabetismo disminuyó, las tasas de alfabetización variaban significativamente en el país, siendo especialmente altas en Galicia, Levante, Canarias, Baleares y el sur. No fue hasta 1900 cuando se creó el Ministerio de Instrucción Pública, y los maestros, que antes dependían de los ayuntamientos, pasaron a ser funcionarios. A pesar del bajo gasto público en educación, el número de escuelas y profesores creció constantemente, culminando con la política educativa de la Segunda República.
Surgieron instituciones educativas alternativas, como las escuelas en las Casas del Pueblo y las escuelas racionalistas de orientación anarquista, como la Escuela Moderna. Estas instituciones promovían la coeducación y una enseñanza activa, alejada de la memorización.
Las Universidades Populares buscaron acercar la cultura a las clases populares urbanas, y se extendió la educación a centros obreros, ateneos y Escuelas de Artes y Oficios.
La Institución Libre de Enseñanza (ILE), fundada bajo la influencia del Krausismo, jugó un papel fundamental en la renovación del pensamiento filosófico, pedagógico, intelectual y científico. El Krausismo, una corriente filosófica que combinaba el idealismo alemán y el neokantismo, promovía un humanismo racionalista, laico y moralizador, enfatizando la importancia de la educación, la razón y la ciencia. La ILE rechazaba los dogmas, fomentaba la experimentación y el espíritu artístico. A partir de 1881, la ILE se centró en la enseñanza primaria y secundaria, creando el Instituto-Escuela.
La prensa española del siglo XIX tuvo un carácter didáctico, utilitario y costumbrista. Desempeñó un papel crucial en la difusión de las ideas liberales. Las Cortes de Cádiz reconocieron la libertad de imprenta en 1810, pero esta fue suprimida con el regreso de Fernando VII y el Manifiesto de los Persas. A partir de entonces, se alternaron periodos de represión y libertad.
Durante el Trienio Liberal, surgieron periódicos políticos revolucionarios. Tras la muerte de Fernando VII, el regreso de los liberales trajo consigo las ideas románticas y nuevas formas de periodismo. Sin embargo, desde 1833 hasta la Restauración, los gobiernos intentaron controlar la prensa.
Entre 1868 y 1875, se produjo una explosión informativa, con la aparición de cerca de seiscientos periódicos, gracias a la libertad de imprenta recogida en la Constitución de 1869. Los avances tecnológicos, como las mejoras en la imprenta, permitieron ediciones más amplias y económicas. Además, la lectura se extendió entre las clases bajas, surgiendo el folletín o novela por entregas.
A pesar del alto índice de analfabetismo, la prensa tuvo una amplia difusión gracias a los gabinetes de lectura y la costumbre de leer los diarios en cafés, ateneos y tertulias. En Madrid y otras ciudades, el público lector creció con la expansión de la educación. A partir de 1868, se desarrolló la prensa femenina. Tras el triunfo de la Revolución Gloriosa, se abrieron escuelas para las clases bajas y aparecieron los primeros periódicos obreros, dando lugar a la llamada prensa de masas.