Portada » Historia » Transformación Social en la Era Industrial: Burguesía, Proletariado y Movimiento Obrero
En los países industrializados se formó una nueva sociedad caracterizada por:
El mundo industrializado fue un mundo de ciudades que crecieron a un alto ritmo debido al éxodo rural y la elevada natalidad. La primera ciudad en experimentar este crecimiento de población fue Londres, un claro ejemplo de esta transformación, ya que en 50 años multiplicó su población por 2.5, convirtiéndose en la ciudad más poblada del mundo. El mismo proceso se llevó a cabo en otras ciudades europeas, ya que el proceso urbanizador se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX. Las ciudades derribaron las murallas que impedían su crecimiento, y surgieron nuevos barrios burgueses alejados de los barrios humildes.
Los obreros se encontraban en la periferia, en barrios construidos al lado de las industrias, que carecían de servicios públicos. La concentración de trabajadores de la industria en las ciudades contribuyó a la toma de conciencia de la clase obrera.
La burguesía fue el grupo social más poderoso de la nueva sociedad de la época. Dentro de esta clase social, había diferencias en la mentalidad, nivel de riqueza y en la forma de vida. Una parte de ella estaba relacionada con las actividades industriales y la otra seguía obteniendo las rentas de la agricultura.
A principios del siglo XIX, la sección más alta de la sociedad estaba formada por la aristocracia, aunque fue perdiendo importancia, y parte de la alta burguesía. La nueva élite, o minoría dirigente, basaba su primacía en la riqueza y la propiedad. Se le llamaba plutocracia, y solo tenían acceso las familias o personas más adineradas. Llevaban un estilo de vida refinado y ostentoso, imitando el de la antigua nobleza. Sin embargo, existían grandes diferencias entre la antigua nobleza y la alta burguesía, ya que esta última apostaba por el progreso económico, dirigiendo los negocios y dedicando menos tiempo al ocio. También decían que el patrimonio heredado no era la base de su riqueza, sino que esta venía del esfuerzo personal. Su ética se resumía en las virtudes del ahorro, la importancia de la vida familiar, la dignidad del trabajo y del esfuerzo, y el respeto por la religión.
El término “clases medias” se empezó a utilizar para hablar de los profesionales y hombres de negocios, además de aquellos que trabajaban en la agricultura y la industria. Aunque se fueron acercando más a la burguesía baja y media, llevando a cabo el estilo de vida burgués. Aquellos que formaban parte de la burguesía media eran dueños de pequeños negocios o actividades profesionales con las que llevaban a cabo una vida desahogada pero sin gastos excesivos. Le dedicaban la mayoría del tiempo al trabajo y poseían un acusado sentido de la propiedad. Les resultaban más importantes las apariencias que la realidad, manteniendo en silencio cualquier comportamiento inadecuado. La clase baja vivía de su trabajo, eran asalariados cualificados y funcionarios públicos, teniendo un poder económico reducido. La educación era fundamental en las mujeres y hombres dependiendo de la profesión. La mujer hacía las tareas domésticas y a veces trabajaba en casa como costurera, sombrerera o modista. Aquí fue donde se produjo el sentimiento democrático, ya que tenían bajas rentas que no les permitían formar parte del sistema electoral, por lo que demandaron el sufragio universal.
Uno de los cambios sociales que produjo esta etapa fue la aparición del proletariado, un nuevo grupo social del que formaban parte los obreros de las industrias, que trabajaban y vivían en condiciones penosas.
Podían tener 3 orígenes distintos:
Las máquinas en el proceso productivo dieron origen a la clase obrera, ya que antes de la revolución, cada oficio era controlado por un gremio donde los trabajadores tenían la destreza para desarrollar su labor adecuadamente. Las máquinas permitieron contratar mano de obra barata y sin formación.
Trabajaban en condiciones muy duras, ya que el principal objetivo de las empresas era obtener el máximo beneficio, sin tener en cuenta cómo trabajaban los obreros en las fábricas. Algunas de las características de las condiciones de trabajo eran:
La fábrica tenía condiciones más duras que las del campesinado, ya que este terminaba de trabajar en invierno cuando el sol se iba, ya que no había luz. Sin embargo, en las fábricas se alargaba gracias al alumbrado de gas. Tenían una temperatura elevada, humedad, escasa luz y respiraban polvo de algodón. Además, entre los obreros vivían enfermedades como el raquitismo y la tuberculosis. El trabajo se generalizó en las fábricas en la segunda mitad del siglo XIX, los obreros no se conocían y se sometían a la autoridad de un jefe. El nuevo ritmo de trabajo lo marcaban las máquinas, mientras que los artesanos desarrollaban un trabajo de calidad y dependían de su eficiencia.
Antes de la revolución, las mujeres y niños trabajaban en el campo, la escolarización era poco común y la mayoría de los hogares necesitaban de la mano de obra infantil para seguir adelante. Los pequeños trabajaban desde los 7 años con jornadas laborales de 6 – 8 horas. La mayoría de familiares trabajaban en la confección de ropa en pequeños talleres domésticos o en tareas agrícolas, aunque algunos oficios eran encargados a las mujeres que cobraban sueldos muy bajos con los que podían apenas sobrevivir. La industrialización permitió que las mujeres tuvieran más presencia en algunas labores como el servicio doméstico o la industria textil y la minería. En las minas, las mujeres arrastraban vagonetas por túneles y galerías, realizaban las mismas jornadas y tareas agotadoras que los hombres, aunque recibieron menos salario.
En el siglo XIX, varios pensadores denunciaron la situación de la clase obrera y propusieron soluciones.
Los primeros socialistas que denunciaron la miseria del proletariado y propusieron nuevas formas de vida y de trabajo. Se les llamaron “utópicos”.
El principal pensador fue Robert Owen (1771-1858):
El marxismo fue elaborado por Marx y Engels. En 1848 publicaron juntos el Manifiesto del Partido Comunista, un resumen de su doctrina social y política. El Manifiesto Comunista está basado en la idea de que la historia de la sociedad no ha sido más que la historia de la lucha de clases. Según el pensamiento marxista, siempre hay nuevas fuerzas productivas que crean una nueva clase social en contra de la antigua clase dominante. Este antagonismo de la lucha de clases es el motor del cambio social. En la época se desarrollaba el modo de producción capitalista: la sociedad se dividía en dos clases, burguesía y proletariado, y esta etapa se caracterizaba por su lucha. La obra de Marx, El Capital, planteaba que hay una gran diferencia entre el valor de lo que produce el obrero y la retribución que le da el patrono, esta diferencia se le llama plusvalía. El socialismo marxista animaba a la conquista violenta del poder por el proletariado.
La palabra anarquía significa sin autoridad. El primer ideólogo de la teoría anarquista fue Proudhon, que influyó en los líderes obreros franceses. El principal teorizador fue Bakunin, que defendía la rebelión espontánea contra la sociedad capitalista y el estado. Junto a otras personas elaboraron la doctrina anarquista que pretendía promover la acción del proletariado industrial y de todos los sectores oprimidos de la sociedad. Los bakunistas se distinguieron del marxismo y se enfrentaron a este porque su objetivo era la destrucción total del estado. La principal diferencia entre el anarquismo y el marxismo es que uno lucha por la destrucción total del estado y otro por llegar a conquistar el estado y tener todo el poder. El anarquismo calificaba el marxismo como autoritario y centralista.
La I Internacional surgió tras una reunión de líderes obreros franceses e ingleses que entre 1862 y 1864 establecieron las primeras bases y objetivos de la Internacional. Esto nacerá en Londres, ciudad donde la revolución industrial dejaba una gran huella y en la que vivían miles de obreros. El objetivo era la llegada y toma del poder por parte de los obreros y en todo el mundo, ya que se han expandido su idea. Todo empezó a tambalearse tras la inclusión de los anarquistas en 1868 debido a las fuertes diferencias, entre las que planteaban la abolición del estado y los marxistas que pretendían llegar al poder absoluto con el proletariado. En 1871, tras la comuna en París, sacaron conclusiones muy diferentes de ella y acabaron expulsando a Bakunin y a los anarquistas. Tras la división, la Internacional se comenzó a fragmentar y perdió apoyo, debilitándose el pensamiento marxista, conllevando a la disolución de la Internacional en 1876.
La mayoría de la población estaba a favor del trabajo infantil, ya que creía que este era favorable porque les hacía útiles para la sociedad y ayudaban a las familias. Estos niños realizaban jornadas de 12 a 16 horas con salarios muy bajos. Además, no asistían al colegio, como mucho 2-3 años. La legislación protectora de la infancia era escasa y no interesaba a nadie. La Factory Act prohibía el trabajo a menores de 9 años en Reino Unido. A mitad del siglo XIX en Reino Unido más de un tercio de la población de menos de 15 años trabajaba.