Portada » Lengua y literatura » Temas Fundamentales en la Poesía de Miguel Hernández: Naturaleza, Amor, Vida y Compromiso
Dada su condición de pastor en su primera juventud, Miguel Hernández vivió siempre impregnado de naturaleza, y esta empapa toda su poesía. Por eso es el poeta que devuelve la poesía de la época a la naturaleza; la rescata de la desnaturalización del grupo del 27 y le da vida al tema. En su primera etapa, lo natural abarca el paisaje y los elementos cotidianos de su existencia, y se convierte en el protagonista de sus poemas. Intenta mostrar una naturaleza real, casi hiperrealista, aunque con aspectos que recuerdan al modernismo.
Ahora bien, la naturaleza captada en el entorno inmediato de su experiencia desarrolla otros dos rasgos que caracterizan su obra de adolescente:
Todos los objetos son descritos por su parecido con la luna, y sus fases serán metáfora de la vida. El poeta tiende a percibir las cosas como vivas y dotadas de intenciones. Todo el universo está para él provisto de conciencia. De la naturaleza surgen las metáforas más personales de Miguel Hernández: la luna, como ya hemos mencionado, el viento, la tierra como instrumento de reivindicación social. En las últimas etapas, la naturaleza simboliza libertad, y cuando desaparece la bondad natural también desaparece el paisaje en sus poemas.
Ningún poema queda al margen del sentido amoroso: a la naturaleza, a la mujer, al hijo, a los amigos, al pueblo, a la vida. El sentimiento pasional es el gran eje alrededor del cual se articulan todos los demás temas. Pero ese amor adoptará formulaciones distintas a lo largo de su poesía; y así, además del amor divino de su etapa católica, podemos distinguir varios enfoques:
Junto con el amor, son los otros dos vértices del triángulo temático de la poesía de Miguel Hernández. En sus poemas, la vida y la muerte se manifiestan en dos sentidos: por una parte, un sentido existencialista (“el hombre es un ser nacido para la muerte”); por otra, la muerte como semilla de la renovación (“porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada, y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada”).
Por otra parte, el sentimiento que le profesa a la amistad hace que componga numerosas elegías (cantos fúnebres). Tal vez su elegía más famosa es la dirigida a su amigo Ramón Sijé, muerto a los 22 años, en 1935.
Como ya hemos visto al analizar su trayectoria vital y poética, Miguel Hernández es un poeta fuertemente comprometido con el mundo que le rodea. Y así, su compromiso ideológico será firme en cada momento, aunque sus ideas vayan cambiando desde el catolicismo de sus primeros años en Orihuela hasta las ideas más laicas y republicanas de izquierdas en su época de Madrid y durante la Guerra Civil.
Sus dos obras más comprometidas son Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938). Viento del pueblo constituye la faceta optimista, alentadora, entusiasta y combativa por la esperanza en la victoria. Lo personal cede paso a lo colectivo, a la libertad y al heroísmo, y el estilo se hace claro y transparente para que sea comprendido por los más humildes; la métrica es popular (el romance), y las metáforas se simplifican. El hombre acecha, en cambio, con la guerra ya prácticamente perdida, es una visión pesimista de la guerra en general: en la cárcel y en la miseria no hay un yo ni un nosotros, porque el hombre se desvanece. El verso ahora se ha hecho amplio y lento, casi prosaico.