Portada » Historia » Segunda Revolución Industrial e Imperialismo: Auge Económico y Dominio Global
La Segunda Revolución Industrial, que tuvo lugar entre 1870 y 1914, se caracterizó por el uso de nuevas materias primas y fuentes de energía, el desarrollo de medios de transporte y la expansión de avances técnicos fuera de Europa. Surgió en un contexto de crisis económica que transformó las bases del capitalismo, y se apoyó en innovaciones de la primera revolución industrial. Se destacaron el crecimiento de las industrias eléctricas y químicas, el uso del petróleo en el transporte y la renovación de la industria metalúrgica y siderúrgica.
La relación entre investigación y empresa se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX. Se generalizan las patentes en la carrera por introducir novedades, los laboratorios, los controles de calidad, etc. La electricidad y el petróleo desplazaron paulatinamente al carbón y al vapor. La electricidad transformó la vida de las personas, con el invento de la dinamo, la lámpara de filamento incandescente, las turbinas hidráulicas, etc., y la aplicación a la vida cotidiana. Era fuente de luz, calor y energía. Su aplicación fue extensísima y supuso una auténtica revolución económica. El alumbrado público, los aparatos eléctricos, etc., revolucionaron la vida diaria de la población.
El petróleo fue adquiriendo una importancia progresiva. En un principio empleado como combustible para el alumbrado doméstico hasta que en 1885 Karl Benz inventó el motor de explosión o de combustión interna.
Nuevas industrias: siderúrgica y química. Se producen grandes avances como un abaratamiento en la producción del acero, nuevos materiales más flexibles y resistentes, etc. La industria química se aplicó a producción de medicamentos, abonos, explosivos, etc. El acero fue el símbolo de la nueva “era del acero” que fue utilizado en la construcción, infraestructuras, maquinaria, armas, etc. Nuevos metales: como el aluminio o nuevas fórmulas de extracción del cobre o níquel.
Industria automovilística y aeronáutica: Benz lanza su prototipo de automóvil de gasolina, motor de explosión y ruedas de caucho. El ascenso del automóvil como medio de locomoción llegó a su cima en 1910 con la fabricación de coches en cadenas de montaje, método ideado por Henry Ford. Otra nueva forma de organización del trabajo, llamado taylorismo que implicaban nuevas formas de control y un aumento de la productividad.
A la expansión del automóvil le siguió la industria aeronáutica con la prueba del primer avión por los hermanos Wright hacia 1890. La industria química creció de forma vertiginosa debido a sus innumerables aplicaciones: agricultura, papel, medicamentos, plásticos, explosivos, etc.
La revolución de los transportes había comenzado con la aplicación de la máquina de vapor al transporte marítimo y ferroviario. Durante la segunda revolución industrial ambos medios recibieron un impulso fundamental. El barco de vapor se impuso al barco de vela. También de gran relevancia en el tráfico marítimo fue la apertura de los canales de Suez (1869) y Panamá (1914).
El tendido ferroviario se extendió a buena parte del planeta siendo el tendido europeo tan solo el 24% de las líneas de ferrocarril del mundo. Por su parte la revolución de las comunicaciones, primero el telégrafo, luego el teléfono y más tarde la radiotransmisión, permitió conectar el mundo en tiempo real. El gran salto tuvo lugar con la invención de código Morse en 1844.
Con todas estas innovaciones los precios de los productos de todos los lugares del planeta podían ser unificados y fijados en las Bolsas de todo el mundo.
En 1870 el principal productor era Gran Bretaña pero a partir de 1913 fue sobrepasado por Estados Unidos y Alemania.
Experimentó en el último tercio del siglo XIX una rápida industrialización para convertirse en la primera potencia industrial del mundo. Para ello contaba con una serie de factores favorables:
Surgen así algunas de las más potentes industrias como Ford, Western Union, General Electric, etc.
A partir de 1900 Alemania se convierte en la segunda potencia industrial del mundo por:
Es el momento en el que se está construyendo una “aldea global”, un auténtico sistema económico mundial. Además la población europea creció a un ritmo vertiginoso. Esta segunda fase de la revolución demográfica se debió a un rápido descenso de la mortalidad y al mantenimiento de las altas tasas de natalidad. Estos hechos, junto a la extensión de la industrialización provocó, por un lado la extensión de la urbanización y por otro, la emigración masiva de europeos a territorios de ultramar.
Esto es debido a diferentes factores:
A lo largo del siglo XIX unos 60 millones de europeos emigraron principalmente a América (EEUU, Argentina, Canadá y Brasil). También al norte de África, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.
En el siglo XIX se desarrolló un nuevo modelo de imperialismo diferente al colonialismo tradicional que se basaba en la explotación de los metales preciosos, especias o comercio de esclavos. Ahora fueron Gran Bretaña y Francia, así como el resto de países industrializados, quienes protagonizaron esta expansión con el objetivo de extender la industrialización. Así, el nuevo imperialismo fue el resultado combinado del intenso desarrollo económico de la Segunda Revolución Industrial y de la consolidación de los nuevos Estados nacionales que se sienten superiores al resto de las sociedades preindustriales.
Hasta la década de 1870 aproximadamente, la expansión territorial europea fue reducida, pero el auge del librecambismo propició el intercambio comercial. Tras la crisis económica de 1873 el nacionalismo económico promovió el proteccionismo y con ello aparece la necesidad de las potencias de buscar zonas en las que su comercio no se viera limitado, nuevas zonas de producción y mercado. Así, en las colonias, las metrópolis buscaban el suministro de los recursos económicos de los que carecían y un lugar en el que invertir los capitales, además de disponer de zonas de emigración preferente para la creciente población europea.
Factores políticos, estratégicos o militares fueron causas comunes en las motivaciones comerciales. Los gobiernos de las grandes potencias coloniales mostraron un interés permanente por el control y el dominio de rutas cuya importancia estratégica era esencial tanto comercial como militarmente (caso del Canal Suez y Panamá). Además el deseo de prestigio y poder y de evitar el fortalecimiento de potencias rivales justificaron la expansión como una fórmula de defensa de los intereses nacionales.
Paralelamente se va creando en la conciencia colectiva una mística imperialista, exaltación de los valores que representaba cada nación, la voluntad de poder y sueños de grandeza. Para ello las potencias recurrían a su historia más gloriosa (Imperio romano, Revolución Francesa etc). Este patriotismo exaltado se completaba con visiones racistas y el convencimiento de tener una misión civilizadora frente a las “razas inferiores”. Esta ideología derivó en la aplicación del Darwinismo Social.
Otra justificación se basó en la necesidad de evangelizar a los pueblos y llevarles la palabra de dios. Las misiones, tanto católicas como protestantes protagonizaron una intensa labor evangelizadora que provocó, a su vez, una intensa aculturación.
La ciencia y la exploración incentivaron el imperialismo, pues los avances técnicos permitieron intensificar los viajes de exploración y el descubrimiento de nuevos territorios en el interior de los continentes. Las sociedades geográficas y la literatura de viajes se multiplicaron en esta época.
Los medios que hicieron posible la expansión imperialista fueron los avances tecnológicos entre los que caben destacar: el barco de vapor que permitía remontar las corrientes de los ríos y penetrar en cuencas hasta ese momento inaccesibles. La industria química que desarrolló los medicamentos necesarios para preservar la salud de los conquistadores en climas y condiciones hostiles. La industria armamentística que concedió a los países industrializados una clara ventaja con respecto al armamento más antiguo.
Existieron sistemas de control territorial muy variados:
La conquista y colonización de África en la segunda mitad del siglo XIX es la cara más visible del nuevo imperialismo. Antes de 1885 África era la gran desconocida y la presencia europea se limitaba a las zonas costeras, pero en menos de 30 años los europeos pasaron a dominar y controlar casi todo el continente.
Francia y Reino Unido comenzaron la colonización en África. El primer territorio fue Argelia, dominado desde 1830 por Francia. En Egipto chocaron los intereses de Francia y Gran Bretaña que quería construir un imperio vertical de El Cairo a El Cabo debido a su importancia estratégica para el comercio con la India. En este momento destacaron los viajes de descubrimiento como los de Livingstone, Stanley o Brazza.
Las rivalidades entre las potencias por el Congo llevaron al canciller Bismarck a celebrar una conferencia Internacional en Berlín entre 1884 y 1885 en la que se adoptaron una serie de medidas para regular esta carrera colonial en el territorio africano:
La conferencia no solucionó ninguno de los problemas que la rivalidad colonial estaba creando y en 1898 se produce uno de los momentos de más tensión que a punto estuvo de acabar en conflicto europeo, fue el incidente de Fachoda. Mientras, en el África del sur chocaron los intereses de los portugueses, que buscaban cerrar su imperio entre Angola y Mozambique, los Boers y los británicos que rivalizaban por el control de la zona de El Cabo. El conflicto se acentuó cuando se descubrieron unas ricas minas de oro en Orange y Transvaal lo que provocó el estallido de la guerra anglo-boer que concluyó con la victoria británica y la anexión del territorio.
Otra zona de conflicto fue Marruecos, en donde las tensiones entre Francia y Alemania pusieron a Europa de nuevo ante el abismo de la guerra.
Rusia mostró pronto sus ambiciones sobre el Turquestán para completar el trazado del Transiberiano, lo que le enfrentó a Gran Bretaña. Sin embargo el conflicto estalló con Japón por el control de Manchuria (guerra ruso-japonesa 1904-1905).
Se enfrentó en la India, la Joya de la corona por la riqueza que proporcionaba, a la revuelta de los cipayos que se resolvió con la reorganización de la colonia y a su transformación en un virreinato. Los británicos también ejercieron el control en Birmania, Malasia, Australia y Nueva Zelanda.
Francia se centró en el control de Indochina y estableció la Unión General de Indochina en 1887.
China fue un objetivo comercial muy importante para las potencias europeas, EEUU y Japón. Esta rivalidad es la que permitió que el país conservara su independencia teórica. El gobierno chino pronto se dio cuenta de que el comercio que se llevaba a cabo con opio era tremendamente perjudicial y procedió a la prohibición de comercio en sus puertos. Esto provocó que se desataran las Guerras del Opio (1839-1842; 1856-1860) con las potencias europeas que se veían muy perjudicadas por la decisión. La derrota China obligó a su gobierno a firmar los denominados “tratados desiguales” en los que, entre otras cosas, se cedía Hong Kong a Reino Unido y se otorgaban enormes beneficios comerciales a las potencias. China se convirtió así en un mercado abierto a la fuerza lo que provocó la ruina de muchos comerciantes locales y trastocó todo el orden social, económico y cultural del país. En 1880 comenzó el reparto efectivo en zonas de influencia “el despojo de China”. Ante la pasividad con la que el gobierno chino estaba actuando se inicia una rebelión popular de carácter xenófobo y violento, la revuelta de los bóxers. Finalmente en 1911 y ante la crisis general del país el último emperador de la dinastía Manchú, Pu Yi, es depuesto y la República es proclamada en China.
Estados Unidos irrumpió en la esfera internacional en los años 90 del siglo XIX debido a factores ideológicos y geopolíticos:
El imperialismo tuvo consecuencias de gran alcance en multitud de ámbitos. Desde el punto de vista militar, fue causa de conflictos entre los países imperialistas: guerra ruso-británica, guerra hispano-americana, guerra de os “Boers”, guerras marroquíes etc. En el plano económico significó un reajuste de los flujos mercantiles y financieros, lo que favoreció el desarrollo de las metrópolis y la explotación de los recursos materiales y demográficos de las colonias. Implicó cambios en las sociedades tradicionales que sufrieron serios desajustes sociales, económicos y culturales. Desde el plano sociopolítico el reparto fracturó las sociedades tribales creando lazos artificiales y favoreciendo las tensiones étnicas. También provocó un alto grado de aculturación con la perdida de saberes y tradiciones milenarias. Religiosamente, la imposición de la misión evangelizadora de la iglesia que trato de expandir el cristianismo.
Pero sin duda, el imperialismo se considera inicio ww1.