Portada » Arte » Santa Sofía y el Arte Bizantino: Arquitectura, Mosaicos e Iconoclasia
En el año 527, Justiniano inaugura la primera edad de oro bizantina. Este aparece en el mosaico de San Vital, en Rávena, instalado tras su victoria sobre los ostrogodos. El elemento característico de la arquitectura será la cúpula, para ello destierra las basílicas y apuesta por los edificios de planta central. El emblema arquitectónico del gobierno de Justiniano será la iglesia metropolitana de Santa Sofía, iniciada en el 532 y terminada en el 537. El sistema constructivo de los albañiles bizantinos consistía en alternar hiladas de ladrillo con capas de mortero. También se importaron mármoles de todas las provincias para prestigiar el monumento. Los autores de esta obra fueron los científicos: Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto.
En el centro de un rectángulo plantaron cuatro machones para sujetar una cúpula nervada sobre pechinas (que no tenían decoración). Era una cúpula gallonada, ya que los nervios de estas son los que van haciendo la repartición. Se utilizaron materiales fáciles y de poco peso para construirla (piedra pómez). Su originalidad reside en apoyar la cubierta sobre cuatro puntos en vez de sostenerla sobre un tambor (como en el Panteón romano); los empujes se contrarrestaron con semicúpulas y dos arcos torales a los laterales. El espacio interior estaba lujosamente decorado e iluminado gracias a las 40 ventanas de la cúpula.
El arte bizantino adoptó el mosaico como revestimiento mural. Los decoradores del taller imperial fijaron una iconografía oficial y adjudicaron un lugar en el templo para cada asunto sagrado.
El ábside se reservó a Cristo en Majestad, que aparece sentado sobre el globo del universo, cortejado por ángeles y santos. Se representó en la cabecera de la iglesia a María sentada con el niño en brazos. Escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que se enfrentaban simétricamente, continuaban destacando didácticamente.
En la cúpula, los profetas rodean la mano de Dios saliendo de una nube y en las pechinas cuatro serafines les hacen escolta. Los mosaicos más importantes se conservan en la ciudad de Rávena: son San Apolinar el Nuevo y San Vital.
Tiene lugar una crisis iconoclasta iniciada por León III en el año 726, de carácter religioso, donde se reclama la prohibición de iconos de su culto que se consideraron ofensivos y además querían extirpar el poder del monacato y desamortizar sus propiedades. El enfrentamiento no terminó hasta el año 843. A lo largo de este siglo, la única iconografía que se representó fue la cruz desnuda, el trono vacío sobre el que descansaba el libro de escrituras y campos de flores y pájaros.
Con los emperadores macedónicos y Comnenos, la decoración conoce el renacimiento entre los siglos X y XII (Segunda edad de oro). Podemos observarlo en el retrato del emperador Miguel VI. Los temas se renuevan, su localización en el templo varía y las figuras pierden hieratismo (sufren alargamientos y no hay perspectiva). La fase teológica que dominó el mosaico de los siglos V, VI y VII, es sustituida por una corriente piadosa, en la que triunfan los valores afectivos.
El Pantocrátor, el Dios Todopoderoso, pasa a ocupar la cúpula, mientras la Virgen se mantiene en la concha del ábside. María se sustituye por la Hodogetria, de pie sonriéndole al niño que se mueve entre sus brazos. Tanto los centelleantes fondos dorados y azules como los modelos y sus actitudes influirán en la pintura románica y gótica.
En ella tienen lugar dos etapas:
En el Domus Ecclesiae separan a la población en bautizados y no bautizados aprovechando las casas de particulares ricos y adaptándolas a sus necesidades.
Este periodo se caracteriza por la planta rectangular de las basílicas y las plantas centralizadas de mausoleos y baptisterios. Las basílicas de planta rectangular o cruciforme se caracterizaban por:
Las plantas centralizadas se caracterizan por: