Portada » Historia » Sacro Imperio, Cisma de Oriente y Órdenes Religiosas: Siglos X-XIII
En el año 962, el Papa coronó emperador a Otón I, rey germano, dando inicio al Sacro Imperio Romano Germánico, en un contexto de amenaza de invasión turca a Europa. Durante el siglo XI, los Papas impulsaron una profunda reforma para combatir los vicios y la corrupción en la Iglesia. Las medidas clave fueron:
La reforma más significativa fue la Reforma Gregoriana, liderada por el Papa Gregorio VII (monje de Cluny). Esta reforma:
Aunque la Iglesia perdió poder político, ganó en esplendor y espíritu religioso. En este período se produjo la «Querella de las Investiduras«, una disputa entre Papas y emperadores por la autoridad en los nombramientos eclesiásticos. El punto álgido fue la humillación de Canosa: el emperador Enrique IV, excomulgado por Gregorio VII, tuvo que permanecer tres días y tres noches arrodillado a las puertas del castillo, en penitencia, para obtener el perdón.
En el siglo XI, se produjo la separación definitiva entre las Iglesias orientales y la Iglesia romana. Las tensiones entre Roma y Bizancio aumentaron entre los siglos IX y XI debido a:
Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla, buscó la autonomía total de la Iglesia de Oriente. Ordenó el cierre de iglesias y monasterios de rito latino-romano y se negó a recibir a los legados del Papa. El 16 de julio de 1054, el legado papal depositó la bula de excomunión del patriarca sobre el altar de Santa Sofía (Constantinopla). Cerulario, a su vez, «excomulgó» al Papa. Así nació la Iglesia Ortodoxa. Este cisma afectó a los pueblos dependientes del patriarcado (búlgaros, rumanos, ucranianos, rusos y serbios).
Características de las Iglesias Ortodoxas:
La renovación comenzó con la abadía benedictina de Cluny, que dependía directamente del Papa, evitando abusos de reyes y nobles. Los monjes de Cluny:
En el siglo XI, se fundó el monasterio de Citeaux, origen de la reforma cisterciense. San Roberto de Molesmes buscaba una estricta observancia de la regla benedictina, ya que Cluny se estaba relajando. Los monjes cistercienses:
La Orden se extendió por Europa, destacando San Bernardo de Claraval. De familia noble y esmerada educación, San Bernardo fue un hombre carismático. Convenció a familiares y amigos para entrar en el convento. Como abad de Claraval, difundió la Orden, fue un gran predicador e influyó política y religiosamente en Europa. Ayudó a difundir las órdenes militares, como la de los Templarios.
San Bruno, hermano del emperador y del arzobispo de Colonia, fundó la Orden de los Cartujos (1084) tras una profunda reflexión sobre el sentido de la vida. Los cartujos buscan a Dios en austeridad, recordando que esta vida es un paso hacia la eterna.
En el siglo XIII, surgió un movimiento de renovación en favor de la pobreza. Nacieron las órdenes mendicantes: franciscanos y dominicos. Estos frailes vivían de limosna, en estricta pobreza, predicando el Evangelio en las ciudades.
Los dominicos remediaron los males de la ignorancia religiosa e introdujeron la devoción del Rosario.
La reforma espiritual fue acompañada de una renovación intelectual, continuando la labor cultural de los monjes. La Iglesia fundó universidades, abiertas a todos, no solo a nobles y clérigos. Los alumnos, de diversos países, se agrupaban en colegios por naciones. La enseñanza se basaba en las artes liberales (trivium y quadrivium), seguidas de Derecho, Medicina o Teología.
Las universidades más famosas fueron París, Oxford, Salamanca y Bolonia. En ellas, profesores y alumnos buscaban la armonía entre fe, cultura clásica y razón.
Se desarrolló la ciencia y la filosofía escolástica, que buscaba mostrar la fe como razonable y probar racionalmente la existencia de Dios. Destacaron: