Portada » Historia » Revolución Industrial y Transformación Social en el Siglo XIX: Un Resumen Completo
En 1769, la máquina de vapor, que utilizaba el carbón como combustible, permitió el abandono de las energías tradicionales. La mecanización y la introducción de nuevas fuentes de energía impulsaron la generalización del sistema fabril de producción. La siderurgia permitió una mayor producción de hierro gracias a la utilización del carbón de coque.
El ferrocarril se utilizaba en las minas para transportar el mineral en vagonetas que se movían sobre raíles. Sin embargo, la locomotora, que accionaba el ferrocarril mediante una máquina de vapor, fue el invento más innovador. Acortó la duración de los trayectos y aumentó la seguridad de los viajes, dando paso a una economía de mercado. Esto fue posible gracias al aumento de la producción y al incremento considerable del comercio exterior.
El liberalismo y el capitalismo, impulsados por figuras como Adam Smith, se basaban en la búsqueda del máximo beneficio y la adaptación de la oferta a la demanda. El estado debía abstenerse de intervenir en la economía.
La industrialización necesitó una gran cantidad de dinero, que provino de bancos que otorgaron préstamos a los nuevos industriales. Este dinero provenía de pequeños ahorradores, implicando a toda la sociedad en la industrialización. Para financiar las empresas, se crearon las sociedades anónimas, divididas en acciones. El dinero de la venta de estas acciones sirvió para financiar las empresas, y las acciones se convirtieron en riqueza, comprándose y vendiéndose en la bolsa de valores.
A mitad del siglo XIX, se inició la Segunda Revolución Industrial. Se crearon nuevas industrias y una serie de inventos hicieron posible el aprovechamiento de nuevas fuentes de energía para mover maquinaria e iluminación. El petróleo comenzó a explotarse en EEUU, con múltiples aplicaciones en el transporte terrestre y marítimo, así como en la producción de productos químicos como fármacos y fertilizantes.
Las nuevas industrias exigían grandes inversiones de capital, lo que llevó a concentraciones de empresas en tres formas: trusts, cárteles y holdings. El taylorismo, con la fabricación en cadena, permitió que el producto final fuera mucho más barato.
La sociedad industrial se dividió en dos clases principales:
Se fundaron sociedades de socorro mutuo, que consistían en una caja común para pagar gastos médicos y jubilación. En 1834, se creó el primer sindicato, el Trade Union. Karl Marx y Friedrich Engels denunciaron la explotación y propusieron una revolución obrera para destruir el capitalismo, acabar con la propiedad privada y establecer una sociedad comunista sin clases sociales. Se crearon partidos obreros que pedían impuestos sobre la renta y una jornada laboral de 8 horas.
El anarquismo, que abogaba por la ausencia de gobierno, se transformó en un pensamiento de masas. Bakunin y Kropotkin defendían la libertad individual, la desaparición de la propiedad privada y el rechazo a la autoridad. No fundaron partidos políticos.
Carlos IV declaró la guerra a Francia, temeroso de su expansión, pero fue un fracaso. Manuel Godoy, ministro, dio un giro radical y se alió con Napoleón para enfrentarse a Gran Bretaña. Autorizó al ejército francés a atravesar España para atacar Portugal, lo que provocó el Motín de Aranjuez, que forzó la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII. Sin embargo, Napoleón obligó a Fernando VII a abdicar y puso a su hermano José Bonaparte en el trono.
El 2 de mayo de 1808, Madrid se levantó contra los franceses y se crearon juntas. El curso de la guerra cambió en 1812, cuando Rusia obligó a Napoleón a llevar parte de su ejército a aquel país. Fernando VII recuperó la corona y las Cortes de Cádiz redactaron una constitución liberal.
Fernando VII regresó a España y los liberales pretendían que jurase la Constitución de 1812. Sin embargo, el rey impuso un golpe de estado, anuló la constitución y volvió al Antiguo Régimen. En 1820, el coronel Riego logró triunfar y el rey acató la constitución. Se creó la Milicia Nacional. Fernando VII pidió ayuda a la Santa Alianza, que invadió España y lo restauró como rey, iniciando una gran represión. Era imprescindible una reforma fiscal.
A la muerte de Fernando VII, se inició una guerra civil que duró 17 años. Los liberales moderados y progresistas impulsaron la formación de un gobierno liberal, que culminó con la Constitución de 1837. Los moderados accedieron al gobierno, pero un giro inesperado nombró al progresista Espartero regente, quien dimitió. El Partido Liberal Moderado lideró el gobierno, estableciendo un sufragio censitario y creando la Constitución de 1845. Se fortalecieron los gobiernos, Hacienda centralizó los impuestos, se elaboró un código penal y se creó la Guardia Civil.
El general O’Donnell intentó restaurar principios básicos del régimen e impulsó el ferrocarril. Surgieron nuevos grupos políticos: demócratas y republicanos. La Revolución de 1868, encabezada por Prim y Serrano, venció a las tropas nacionales y la reina marchó al exilio. Se estableció una monarquía democrática, que tuvo que hacer frente a una nueva guerra carlista. Amadeo de Saboya renunció al trono y se proclamó la República, con pocas esperanzas de vida. Un golpe de estado disolvió las cortes y nombró a Serrano presidente. Se nombró a Alfonso de Borbón como rey.
Antonio Cánovas del Castillo lideró el proceso de la Restauración. Se establecieron dos partidos principales: el Partido Conservador de moderados, liderado por Cánovas, que defendía la política y la iglesia, y el Partido Liberal, liderado por Sagasta. Se promulgó una nueva Constitución en 1876. Conservadores y liberales se pusieron de acuerdo en un sistema electoral corrupto. El estado se convirtió en un estado centralizado. Surgieron movimientos nacionalistas en Cataluña (PNV) y Galicia.