Portada » Historia » Restauración Borbónica: Oposición Política, Crisis del 98 y Sistema Canovista
Tras su derrota en 1876, los carlistas se dividieron en dos grupos:
A nivel político, tuvieron escasa oposición, estando muy desunidos tras el fracaso del Sexenio Democrático. Algunos colaboraron con el partido liberal de Sagasta, como Castelar. Otros se enfrentaban por la diferente concepción de la república, entre unitarios (Salmerón) y federalistas (Pi i Margall). También existían diferencias en la forma de alcanzar el poder: algunos eran partidarios de la participación electoral y otros de la insurrección. En 1903, todos los partidos republicanos se unieron en la Unión Republicana.
Sin embargo, en el ámbito cultural, a través de la prensa y la universidad, la oposición fue más fuerte.
Su actuación fue muy reducida durante la Restauración debido a las limitadas libertades de expresión, reunión y asociación.
El movimiento anarquista estaba muy dividido y rechazaba la participación política. En 1881, fundaron la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), con gran importancia en Cataluña y Andalucía. En Andalucía actuó un grupo anarquista conocido como «la Mano Negra», acusado de delitos y asesinatos, lo que provocó la persecución del anarquismo en la región. Los métodos de acción de los anarquistas para conseguir sus objetivos fueron variados: atentados (como el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897), acción sindical a través de la huelga general y la reivindicación de la jornada laboral de 8 horas, y producción cultural.
Los regionalismos y los nacionalismos también se opusieron al sistema de la Restauración. Los movimientos regionalistas se habían centrado en el ámbito cultural, pero pasaron al ámbito político cuando la centralización de la administración pareció poner en peligro estas culturas periféricas. Los nacionalismos surgieron en Cataluña, País Vasco, Galicia y Valencia.
Surgió durante el Sexenio Democrático, a través del federalismo. En 1885, presentaron a Alfonso XII un memorial, el «Memorial de Greuges», en el que pedían un derecho propio para Cataluña. En 1891 se creó el grupo político Unió Catalanista, que promovió las Bases de Manresa, texto que recogía el primer programa catalanista, basado en la tradición, el orden, la religión y la propiedad, siendo por tanto muy conservador. En 1901 se fundó el partido Lliga Regionalista, liderado por Prat de la Riba y Cambó.
En 1895, Sabino Arana funda el PNV. El partido defiende los fueros tradicionales vascos, la lengua, la raza vasca frente al resto de españoles, la religión y, en última instancia, el independentismo político.
Defienden una sociedad tradicional, el uso de la lengua gallega y están en contra de la centralización administrativa. No se llegó a crear ningún partido unificado.
Fue un fenómeno tardío y minoritario que pretendía el renacimiento cultural de Valencia. Rechaza también el centralismo del Estado y el nacionalismo catalán que pretendía absorberlos por considerarlos de la misma comunidad lingüística y cultural.
La política de Cánovas del Castillo prioriza la política interior frente a la exterior. Frente al exterior se sigue una política de neutralidad, asumiendo la superioridad de las potencias germanas y anglosajonas. Su actuación se centra en África, Micronesia, Cuba y Filipinas.
Los derechos de España sobre la zona del norte de África son reconocidos en la Conferencia Internacional de Madrid sobre Marruecos (1880).
El interés de España en Micronesia choca con los intereses de Gran Bretaña y Alemania. El conflicto más importante se produce entre España y Alemania en la isla de las Carolinas («Conflicto de la isla de las Carolinas» 1885); en este conflicto interviene el papa León XIII que actúa como árbitro: a España se le concede la soberanía y a Alemania ventajas económicas.
En 1878 se pone fin a la Guerra Larga de Cuba con la firma de la Paz de Zanjón, en la que se promete la abolición de la esclavitud y la creación de instituciones de gobierno para la isla. La abolición de la esclavitud no llegó hasta 1886 (no interesaba a las plantaciones de azúcar) y las instituciones que se prometieron a Cuba no llegan hasta 1893.
Este retraso provoca el estallido de una nueva guerra en 1895, iniciada con el Grito de Baire (1895). La sublevación la organiza José Martí y estalla en 35 lugares a la vez, uniéndose a los criollos los mulatos y los negros. Tras la muerte de Martí, las tropas cubanas son dirigidas por Máximo Gómez y Antonio Maceo.
España, por su parte, envía entre 1895 y 1898 220.000 soldados, que combaten a la población civil, al mando de generales como Martínez Campos, Weyler o Ramón Blanco. En España, la mayoría de la población apoyaba la guerra, pero una parte de la población, federalistas, socialistas, anarquistas, intelectuales (Unamuno) y nacionalistas (Sabino Arana) manifestaron su oposición a la guerra. Con el paso del tiempo, los apoyos disminuyeron, sobre todo por el elevado coste y por las pérdidas humanas.
En mayo de 1898, EEUU, tras el hundimiento del buque Maine en febrero de 1898, y llevado por los intereses económicos que EEUU tenía en la isla (industrias azucareras y tabaco), decide intervenir en la isla en apoyo de ésta y en contra de España. En octubre de 1898 se inician las negociaciones de paz.
Filipinas era una colonia española vinculada a la Iglesia católica. En 1896 se inicia la guerra contra España. El líder de la insurrección (José Rizal) es fusilado por el ejército español al mando del General Polavieja. Hasta 1897 la guerra discurre a favor de España, pero con la entrada de los EEUU el rumbo cambia.
El 10 de diciembre de 1898 se firma la Paz de París, en la que EEUU impone sus condiciones a España.
La pérdida de las colonias supuso un desastre militar y diplomático, una decadencia moral, pero no política ni económica. A nivel cultural provocó la aparición del regeneracionismo.
Nos encontramos ante una viñeta de naturaleza histórica y de contenido político, ya que representa el turnismo de los partidos políticos en el gobierno de la Restauración.
La viñeta titulada: El turno pacífico de los partidos, aparece en el periódico El Buñuelo, periódico satírico y burlesco de marcado carácter político y antimonárquico. Aparece por primera vez en Madrid, el 4 de abril de 1880, por lo que esta viñeta es publicada en el primer año de su publicación. Destacan las de personajes del régimen, especialmente las realizadas por el dibujante republicano Eduardo Sojo, conocido con el seudónimo Democríto.
Surge en pleno gobierno del conservador Antonio Cánovas del Castillo, cuando Práxedes Mateo Sagasta acaba de fundar el Partido Liberal Fusionista, que un año después alcanzará el poder, en el primer ensayo de alternancia o turno de partidos de la Restauración.
El tema principal de la viñeta es mostrar de una forma crítica el inmovilismo del sistema político ideado por Cánovas del Castillo, que lleva desde 1875 en el poder de forma ininterrumpida.
La escena representa un caballo dando vueltas de forma rutinaria para hacer funcionar una noria en cuyos cangilones (cubos de la noria) aparece siempre la imagen de Cánovas, pese a que al pie de la imagen se puede leer «el turno pacífico de partidos». Este aún no se ha iniciado (lo hará unos meses después cuando Sagasta inicie su primer gobierno al frente del partido liberal).
Cánovas es la principal figura política del partido conservador en el poder, aunque se supone que, imitando el modelo turnista inglés, en el futuro se alternará con los liberales para dar estabilidad al sistema y acabar con la Intervención de los militares en política.
La caricatura tiene un sentido crítico y burlesco al presentar de una forma monótona y rutinaria el modelo político que se había ideado en la Restauración y que limitaba el peso de los partidos opositores al nuevo sistema.
Esta imagen podemos situarla cronológicamente en la época de la Restauración en su periodo en el siglo XIX (1874-1902), concretamente en el inicio del turno pacífico de partidos, aún gobierna Cánovas (conservadores) pero pronto lo hará Sagasta (liberales).
En cuanto a los antecedentes, debemos remontarnos al final del Sexenio Democrático. Tras el fracaso de la monarquía de Amadeo de Saboya y la I República, durante el año 1874 el régimen autoritario de Serrano prepara la vuelta de la monarquía borbónica liderada por el partido alfonsino de Cánovas del Castillo.
El pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto acelera la proclamación de Alfonso XII como rey, iniciando Cánovas la construcción de un modelo político que buscará la estabilidad del sistema liberal.
Los pilares básicos del nuevo régimen serán: la Constitución de 1876 (de claro signo liberal conservador), la corona (elemento esencial para garantizar el orden) y el turno de pacífico de partidos que debía evitar la fórmula del pronunciamiento, característica en etapas anteriores.
El modelo canovista será caciquil y oligárquico.
En cuanto a los hechos, la imagen está directamente relacionada con el funcionamiento del sistema canovista que se basaba en la alternancia pacífica, como bien dice el texto que aparece junto a la viñeta, de dos partidos monárquicos de ideología liberal que se encargarían de dar estabilidad al país imitando el modelo bipartidista británico de los whigs y los tories.
Los conservadores estaban liderados por Cánovas del Castillo, ideólogo del sistema, y representaban a las élites políticas y económicas del país, mientras que los liberales de Sagasta trataron de introducir reformas en el sistema, como la implantación del sufragio universal masculino (1890). Para la perfecta alternancia de las dos formaciones políticas anteriores se recurría al falseo de las elecciones mediante el pucherazo. No hay que olvidar que cuando se publica esta imagen (septiembre de 1880) aún no se ha iniciado el turno de partidos y es Cánovas quien está al frente del gobierno impulsando los principios ideológicos de la Restauración (Constitución, pacificación de las guerras abiertas, etc).
En cuanto a las consecuencias, debemos resaltar que el sistema canovista funcionó bien durante el siglo XIX dando lugar a un periodo de gran estabilidad política.
La prematura muerte de Alfonso XII no modificó el turno de partidos (pacto del Pardo) que continuaría con María Cristina de Habsburgo como regente. En 1898 se produjo la primera crisis del sistema con el desastre del 98 derivado de la pérdida de las últimas posesiones de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). No obstante, el turno de partidos continuó durante el siglo XX con intentos regeneracionistas y una lenta crisis que daría lugar a la dictadura de Primo de Rivera en 1923. El resto de las formaciones políticas quedaban fuera del sistema (sin opción de gobernar): republicanos, nacionalistas, carlistas, socialistas y anarquistas.
Para concluir, podemos señalar que el modelo canovista supuso un periodo de gran estabilidad política, pero al mismo tiempo consolidó un liberalismo español conservador y oligárquico, lo que dará lugar a un convulso siglo XX.