Portada » Historia » Prehistoria y Romanización en la Península Ibérica: Vascones, Andelos y Más
La Prehistoria es la etapa anterior a la Historia, que abarca desde la aparición de los primeros seres humanos (hace aproximadamente 2,5 millones de años, con el Homo Habilis) hasta la invención de la escritura (alrededor del 3000 a.C.). En la Península Ibérica, este periodo se extiende desde hace 1,2 millones de años hasta la llegada de los romanos en el 218 a.C. Se divide en varias etapas:
Las pinturas rupestres son representaciones artísticas realizadas en las paredes de cuevas durante el Paleolítico Superior. Generalmente, muestran animales o escenas de caza, y se cree que tenían un significado mágico o ritual. Los ejemplos más destacados se encuentran en la franja cantábrica española (cuevas de Altamira) y en el sur de Francia (Lascaux). En Navarra, no hay ejemplos destacables.
El Neolítico en la Península Ibérica (5500 – 3000 a.C.) se caracteriza por la transición a una economía productora, basada en la agricultura y la ganadería. También marca el inicio de la vida sedentaria y la aparición de la cerámica.
La Edad de los Metales comprende los tres últimos milenios antes de nuestra era. Se distingue por el creciente uso de herramientas de metal y se subdivide en:
Los Vascones fueron un pueblo prerromano de origen no indoeuropeo que habitaba el Pirineo occidental (actual Navarra y parte de La Rioja, Aragón y País Vasco) antes de la llegada de los romanos. Las comarcas montañosas del norte (saltus) practicaban una economía de subsistencia basada en la ganadería y vivían más aislados, por lo que la romanización fue débil. Las comarcas del sur (ager) se dedicaban a la agricultura y fueron más permeables a las influencias de otros pueblos. Aunque no formaron una unidad política, compartieron rasgos culturales y su lengua, el euskera, que conservaron a pesar de las influencias exteriores.
Las provincias romanas eran divisiones administrativas del territorio conquistado. Cada una estaba dirigida por un gobernador y subdividida en conventos jurídicos. La Península Ibérica, llamada Hispania por los romanos, se dividió inicialmente en dos provincias (Citerior y Ulterior) en el siglo III a.C. En el siglo IV d.C., existían seis provincias: Tarraconensis, Cartaginensis, Baetica, Lusitania, Gallaecia y Baleárica. Navarra pertenecía al convento de Caesaraugusta, dentro de la Tarraconensis.
Un miliario era una pequeña columna que se colocaba al borde de las calzadas romanas para señalar las distancias cada mil pasos. Indicaban el nombre del emperador y la distancia a la ciudad importante más cercana.
Los Bagaudas fueron grupos de forajidos que actuaron contra villas y ciudades en la Galia y en la Hispania Tarraconense durante el último periodo del Imperio Romano, debido a la debilidad de la autoridad romana. En el territorio vascón cobraron gran fuerza a mediados del siglo V, hasta que fueron derrotados por los visigodos.
La romanización fue el proceso de asimilación de la cultura romana por parte de los pueblos conquistados. Estos adoptaron las costumbres, organización política, económica y social, lengua (latín) y religión romanas. En la Península Ibérica, este proceso tuvo lugar entre los siglos III a.C. y V d.C. Fue gradual y no uniforme, siendo más intenso en el Mediterráneo que en la cornisa cantábrica. Los principales agentes de la romanización fueron:
Andelos fue una ciudad romana situada en la zona media de Navarra, cerca de Mendigorría. Construida sobre un asentamiento anterior, alcanzó su apogeo en los siglos I y II d.C. Se han encontrado importantes restos romanos, como domus con mosaicos (como el «Triunfo de Baco») y un complejo sistema de abastecimiento de agua (presa, depósito, restos de acueducto y un castellum aquae).