Portada » Lengua y literatura » Poesía y Teatro en España: Evolución, Corrientes y Autores Clave (Siglos XX y XXI)
Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre desempeñaron un papel crucial como nexo entre la Generación del 27 y la poesía posterior. Sus obras Hijos de la ira (Dámaso Alonso) y Sombra del paraíso (Vicente Aleixandre), ambas publicadas en 1944, inauguraron la llamada poesía desarraigada.
En Sombra del paraíso, Aleixandre expresa la angustia del presente y evoca un pasado idealizado, un paraíso perdido. Por otro lado, Hijos de la ira de Alonso, escrito en verso libre, es un grito de protesta del poeta contra el mundo.
Siguiendo la estela de Hijos de la ira, surgieron otras obras con una visión pesimista y angustiosa de la vida. En estas obras, el mundo se presenta como un lugar carente de sentido, regido por un Dios arbitrario y cruel. Estos poetas expresaban su descontento con la realidad, aunque evitaban mencionar directamente la situación política o social de España. Ejemplos notables son Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951) de Blas de Otero, que cuestionan el significado de la existencia humana. También destacan Tierra sin nosotros (1947) y Alegría (1947) de José Hierro, donde se plantea la necesidad de superar la desesperación para alcanzar la felicidad.
En contraste, dentro de la llamada poesía arraigada, sobresale Luis Rosales con La casa encendida (1949).
A principios de los años cincuenta, la poesía española adoptó un rumbo claramente comprometido con la realidad social y política, dando origen a la poesía social.
Sus características principales son:
Entre sus representantes más destacados se encuentran:
A finales de los años cincuenta, surgió una nueva generación de poetas nacidos antes de la Guerra Civil, conocida como la Generación del medio siglo.
Entre sus características principales se encuentran:
Uno de los poetas más relevantes de esta generación es Jaime Gil de Biedma, quien en Las personas del verbo explora temas como el paso del tiempo y la pérdida de ilusiones.
La publicación de Arde el mar (1966) y la antología Nueve novísimos poetas españoles (editada por José María Castellet) marcaron el comienzo de una nueva corriente poética, conocida como los novísimos.
Castellet seleccionó en su antología a poetas como Pere Gimferrer y Ana María Moix, entre otros. También se agruparon en este movimiento autores como Luis Antonio de Villena y Antonio Colinas, que compartían algunas de sus características.
Los rasgos distintivos de esta poesía son:
Durante estas décadas, la poesía se dividió principalmente en dos corrientes: la poesía de la experiencia y la poesía del silencio.
Su origen se encuentra en el manifiesto La otra sentimentalidad (1983), impulsado por Luis García Montero, inspirado en Ángel González y otros poetas granadinos.
Sus características principales son:
Representada por autores como José Ángel Valente, con Material memoria (1979).
Temas principales:
En los últimos años, la poesía ha sido una fusión entre la poesía de la experiencia y la poesía del silencio, con autores que combinan ambas tendencias.
Se destaca una poesía meditativa, que oscila entre la celebración de la vida y la melancolía por el paso del tiempo, con elementos autobiográficos. Algunos poetas actuales relevantes son Eloy Sánchez Rosillo y Lorenzo Oliván.
La situación del teatro en España está condicionada por varias circunstancias, entre ellas la desaparición de los autores de referencia: Lorca, Valle-Inclán y Unamuno. Además, el exilio de muchos autores y una férrea censura dificultaron el desarrollo de un teatro innovador. Por lo tanto, el teatro de la primera posguerra se caracterizó por su preferencia por la comedia y su carácter evasivo.
Es una comedia intrascendente, pretendidamente costumbrista, continuadora de la obra de Jacinto Benavente. Los temas recurrentes son el honor, los celos, las infidelidades y los conflictos generacionales, siempre con un final feliz. Estas piezas muestran un dominio de la técnica, con diálogos bien construidos, aunque con temas intrascendentes.
En el teatro humorístico (comedia del disparate) destaca un humor absurdo, de raíz vanguardista, con situaciones alejadas de la norma convencional y cercanas al surrealismo. Los principales representantes son Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela. Mihura es el autor de Tres sombreros de copa, donde Dionisio duda entre el mundo burgués y el mundo libre del circo, sin poder cruzar la barrera entre ambos. Jardiel Poncela, por su parte, busca una comicidad basada en la agudeza verbal y la creación de situaciones insólitas, apelando a la inteligencia del espectador.
El autor busca que el espectador tome conciencia de la trágica situación y condición del ser humano ante una existencia llena de dolor e incertidumbre. En sus obras (tragedias construidas sobre una base realista con elementos simbólicos) hay una crítica a la realidad del momento, marcada por la miseria, la ignorancia y la falta de libertad. Combina los problemas existenciales con el compromiso social.
Su obra más emblemática es Historia de una escalera (1949). La acción transcurre en una escalera de vecinos donde varias generaciones conviven sin mejorar su situación social. La circularidad de la acción y la presencia simbólica de la escalera señalan la imposibilidad de las clases sociales de alcanzar sus ideales.
Buero Vallejo emplea diversas estrategias en su carrera teatral, como el protagonismo de personajes históricos (Goya, Larra…) que fracasan en su intento de lograr una sociedad más justa y libre, como en El sueño de la razón (1970). También utiliza el efecto de inmersión, para que el espectador se introduzca en la conciencia de los personajes y perciba su miedo y dolor, como en La Fundación (1974).
Su teatro se caracteriza por su antibelicismo y su carácter de agitación. Destacan obras como Escuadra hacia la muerte (1953) y La taberna fantástica (1966-1985). Su teatro muestra una preocupación por las consecuencias de un poder injusto sobre los individuos, tanto en ámbitos colectivos como en grupos más pequeños, como la familia. La rebelión se presenta como una posibilidad contra ese orden injusto, explorando los problemas éticos que plantea la vida cotidiana.
Varios autores, en estos años, escribieron y estrenaron obras de teatro que abordan la injusticia, la discriminación, la represión, la violencia y la hipocresía en la sociedad española. En estas obras suele manifestarse una profunda amargura y, en ocasiones, una oscura desesperanza. A este realismo se le suma el simbolismo y el expresionismo, técnicas que intensifican la crítica social.
Obras principales del teatro realista:
Este teatro conecta con la tradición vanguardista del teatro del absurdo y el teatro de la crueldad de origen francés. El texto es un elemento más, por lo que cobran importancia los efectos especiales, la luz, el sonido y el vestuario. El escenario es un lugar dinámico donde se busca provocar o escandalizar al espectador. Muchas de estas obras son parábolas o alegorías que presentan una imagen pesimista de la condición humana.
Su teatro, denominado «teatro furioso», critica la España tradicional marcada por la religión y la represión sexual. Defiende la transgresión y la búsqueda del propio instinto. Incorpora elementos del carnaval, el esperpento y el surrealismo en Pelo de tormenta (1961/1997).
Surge un grupo numeroso y heterogéneo de autores y autoras que abordan el teatro desde dos vertientes: un teatro basado en el protagonismo del texto y otro de experimentación radical, influenciado por diversas formas de representación, como el teatro de la crueldad o la performance.
En la primera vertiente se enmarca Juan Mayorga. Su tema principal es la reflexión sobre las distintas formas de opresión y dominación, y la indefensión de las víctimas ante el abuso y la violencia. Tiene obras ambientadas en la historia del siglo XX, como la Guerra Civil española en El jardín quemado, y dramas ambientados en el presente, como El chico de la última fila.
Angélica Liddell, con La casa de la fuerza, presenta una reflexión descarnada sobre la condición de la mujer en el siglo XXI y el machismo cotidiano, en particular, sobre los asesinatos y violaciones de niñas y mujeres en Ciudad Juárez (México). En la obra se superponen múltiples historias: el desamor, la dominación de género, el dolor, el suicidio, la resistencia y la locura, con un trasfondo musical que incluye rancheras, mariachis, pop y música clásica.