Portada » Lengua y literatura » Poesía y Prosa Narrativa en el Renacimiento Español: Características, Autores y Obras Clave
La principal novedad formal de la poesía renacentista fue el uso del verso endecasílabo, de procedencia italiana, combinado a veces con el heptasílabo. Con estos versos se construyen las estrofas más características del Renacimiento, que son la lira, la octava real, la estancia y los tercetos encadenados. Junto con ellas, se usaron también dos tipos de poemas:
A principios del siglo XVI se introdujo en España el modelo poético italiano. Sus primeros cultivadores fueron nobles que habían practicado la lírica provenzal, especialmente Boscán y Garcilaso de la Vega. Este tipo de poesía italiana, denominada también petrarquista por seguir las directrices del poeta italiano Petrarca, se utilizó durante todo el siglo XVI, si bien en la segunda mitad del siglo (recordemos los cambios sociales y políticos que tienen lugar en esta etapa) floreció una literatura de carácter religioso, en la que destacan los poemas de contenido ascético y místico:
Garcilaso de la Vega es el prototipo del noble cortesano, soldado y poeta a la vez. Debido a sus viajes conoció la poesía renacentista italiana y la introdujo en España, haciéndola triunfar. Es conocido especialmente por sus sonetos, sus tres églogas y sus cinco canciones, aunque también escribió otras composiciones poéticas. Garcilaso compone poemas en primera persona o imagina historias protagonizadas por pastores o personajes mitológicos, a través de los cuales expresa sus propios sentimientos. El tema más importante de su poesía es la queja amorosa por el rechazo o la muerte de la amada. Junto con el tema del amor destaca la naturaleza, una naturaleza hermosa e idealizada (tal y como era típico en el Renacimiento) que acompaña al poeta en sus lamentos amorosos. Así, por ejemplo, desde el punto de vista de la forma cambia el verso tradicional español (octosílabo) por el endecasílabo de gusto renacentista y llega a aclimatar en la poesía española el soneto.
Los poetas de la segunda mitad del siglo XVI combinaron la métrica usada durante todo el siglo con una nueva temática religiosa. Destacan los siguientes poetas:
La prosa narrativa del siglo XVI presenta una gran variedad en la que destacan diversos géneros novelísticos caracterizados por su tono idealista y cuya finalidad era servir de entretenimiento a la nobleza y la burguesía. Los principales géneros novelísticos renacentistas son:
Sin embargo, los mayores logros de la narrativa renacentista se deben a dos obras que no se pueden encuadrar en ninguno de estos géneros. Son El Lazarillo de Tormes, que inicia la novela picaresca, y Don Quijote de la Mancha, que sentó las bases de la novela moderna.
A mediados del siglo XVI se publica El Lazarillo de Tormes, una obra anónima y que inició el género conocido como novela picaresca. El Lazarillo es una obra realista de crítica social que contrasta con la novela idealista de moda en la época.
Algunos rasgos de El Lazarillo se convertirán en características de la novela picaresca:
Miguel de Cervantes, autor de El Quijote, es el escritor español más universal. Algunos de los aspectos más conocidos de su vida son su participación en la batalla de Lepanto, donde quedó inválido de la mano izquierda, y sus dificultades económicas que le llevaron a la cárcel. Como escritor, cultivó con mayor o menor fortuna todos los géneros literarios:
El Quijote se publicó en dos partes, en 1605 y 1615, respectivamente. El éxito de la obra fue inmediato, lo que llevó a un tal Avellaneda a escribir una falsa continuación, haciendo así que Cervantes debiera adelantar la salida de la segunda parte.
El Quijote narra las aventuras de un hidalgo manchego, Alonso Quijano, que, enloquecido por la lectura de libros de caballerías, sale de aventuras intentando cambiar el mundo y ayudando a los demás tal y como el caballero andante que se cree debería hacer. La realidad es bien distinta, y don Quijote acabará chocando con un mundo y una realidad donde no encaja, y de la que sale casi siempre mal parado. A lo largo de la obra se le unirá su escudero Sancho, y juntos vivirán numerosas y disparatadas aventuras hasta que el hidalgo acaba falleciendo en casa, tranquilo y recuperando la cordura. En lo que respecta a la estructura, la obra se divide en dos partes, a lo largo de las cuales se producen tres salidas de don Quijote, dos en la primera parte y la última en la segunda.
Si bien las dos partes de El Quijote guardan muchas similitudes, también podemos destacar las siguientes diferencias:
Los protagonistas de la novela, Don Quijote y Sancho, no son héroes, sino personas normales que viven y sienten como cualquier ser humano de la vida real. Al inicio de la novela presentan personalidades contrapuestas, pero las conversaciones entre ambos y la convivencia acabarán transformando su personalidad e incluso su forma de hablar. El idealismo de don Quijote convive con el realismo de Sancho y su sentido práctico.
A lo largo de la novela se produce la quijotización de Sancho (se hace más idealista) y la sanchificación de don Quijote (se hace más realista). Esto es especialmente visible al final de la obra, cuando don Quijote recupera la cordura y Sancho le anima a salir de aventuras. Podemos destacar los siguientes rasgos de estos personajes:
En lo que respecta al lenguaje, El Quijote se caracteriza porque cada personaje se expresa de una forma realista, tal y como lo hacían en la época. Además, los personajes son capaces de cambiar su forma de hablar en función de la situación. Destaca el lenguaje arcaico de don Quijote, propio de los libros de caballerías que leía, y el habla de Sancho, llena de refranes, vulgarismos y frases hechas.
Uno de los principales logros de la novela es la introducción de técnicas narrativas novedosas para la época, que hoy son recursos habituales, pero que en su tiempo marcaron el inicio de lo que se conoce como novela moderna: