Portada » Lengua y literatura » Poesía, narrativa y teatro en España: del Modernismo a las Vanguardias y la Generación del 98
El Modernismo fue una corriente artística que se desarrolló a finales del siglo XIX y principios del XX, cuyo principal representante literario fue el nicaragüense Rubén Darío. En el último tercio del siglo XIX, la crisis del modelo liberal burgués tuvo un reflejo inmediato en la mentalidad de la época y en las expresiones artísticas. El movimiento obrero y el nuevo modelo de la sociedad de masas llevan a la aristocratización de la burguesía. Surgen nuevas corrientes filosóficas, como el irracionalismo de Schopenhauer. En las élites, se instala una visión pesimista de la sociedad (decadentismo).
El Modernismo recibe influencias del Parnasianismo (creación de obras que se justifican por su propia belleza) y del Simbolismo (interés por analizar la realidad a partir de un conjunto de símbolos). El Modernismo rechaza el contexto histórico, cristalizando en actitudes como el irracionalismo y el espíritu antiburgués. Los modernistas rechazan la realidad vulgar y prestan atención a los aspectos formales.
Se da mucha importancia a los efectos sensoriales, que se enriquecen con un léxico rico en cultismos, voces exóticas, adjetivos cromáticos, sustantivos que sugieren colores deslumbrantes, aliteraciones y doble adjetivación. Se transmite una sensación de vaguedad a través de recursos como la sinestesia y símbolos como el jardín o el crepúsculo.
Se emplean modelos clásicos, como los sonetos de versos alejandrinos.
La figura principal del Modernismo literario es Rubén Darío. Su poemario Azul (1888) es el paradigma de la estética modernista. Otras obras importantes son Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza.
En España, la conciencia de crisis finisecular se agudizó con el desastre del 98: la pérdida de las últimas colonias de ultramar, Cuba y Filipinas. España, atrasada política, educativa y económicamente, vio surgir planteamientos regeneracionistas para modernizar el país.
Por una parte, hubo autores modernistas con una actitud de rebeldía a través de la evasión temática y la exuberancia formal. Por otra parte, los autores de la Generación del 98 adoptaron una postura crítica y reflexiva ante la realidad española, reflejando en sus obras el paisaje de España y de Castilla (no evocan paisajes lejanos como los modernistas), con un estilo sobrio y claro.
Entre los poetas españoles destacan los hermanos Machado:
Las Vanguardias son un conjunto de movimientos artísticos de carácter internacional, fundamentalmente europeo, que nacen a principios del siglo XX y se suceden rápidamente hasta la década de 1930. Es una época marcada por la sociedad capitalista y la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Este acontecimiento bélico abre un período de recesión económica en el que florecerán movimientos como el nazismo alemán y el fascismo italiano.
Los movimientos vanguardistas o «ismos» se caracterizan por un afán de ruptura con la estética previa, la búsqueda de nuevos temas y la experimentación con las formas expresivas. Los vanguardistas difunden su actitud contestataria y renovadora en revistas y manifiestos. Estos movimientos tienen características comunes:
En literatura, esta experimentación se traduce en la concepción del poema como un objeto visual, con una disposición tipográfica especial en la página, con espacios en blanco. Además, se suprimen los nexos y los signos de puntuación. Se utiliza el verso libre y hay una preferencia por las metáforas y las imágenes acumuladas en los poemas (imágenes yuxtapuestas).
En España, Ramón Gómez de la Serna promovió las vanguardias a través de libros, revistas y tertulias literarias. Creó un nuevo género literario, las greguerías, una combinación de humorismo y metáfora.
También el Surrealismo tuvo presencia en España, con poetas como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Luis Cernuda, que empleaban técnicas surrealistas en sus obras.
El fin de siglo es un momento histórico caracterizado por el cuestionamiento de los valores de la civilización burguesa, en particular, la confianza en la razón, la ciencia y el progreso. En España, el fin de siglo está marcado por el desastre del 98 (pérdida de las últimas colonias en América y Oceanía), la deslegitimación del sistema político de la Restauración y la creciente conflictividad social, relacionada con el auge del anarquismo.
En este contexto, surge en España un grupo de autores conocido como la Generación del 98: Unamuno, Baroja, Azorín, Maeztu, Antonio Machado y Valle-Inclán. Estos autores compartían ideas políticas liberales y adoptaron una postura crítica frente a la situación de atraso económico y político de España.
Los temas compartidos son el problema de España y la angustia existencial. Por lo que respecta al tema de España, los autores coinciden en que el país necesita un cambio a gran escala, una regeneración vinculada a reformas económicas o educativas. Además, es preciso recuperar los valores espirituales que constituyen la identidad española: la austeridad, la nobleza, el idealismo y el desdén hacia la razón, como el personaje de Don Quijote. El paisaje de Castilla se presenta desde una visión subjetiva, resaltando lo austero y lo decadente.
En lo referente al existencialismo, se preocupan por los conflictos interiores del ser humano: el enfrentamiento entre la fe y la razón, la muerte, la búsqueda de sentido a la vida, la sensación de vacío vital.
En 1902 se publicaron cuatro novelas importantes: Amor y pedagogía de Miguel de Unamuno, Camino de perfección de Pío Baroja, La voluntad de Azorín y Sonata de otoño de Valle-Inclán. En estas obras encontramos características como la introspección y el simbolismo. Destacan por su escasa acción y su tono reflexivo; el diálogo cobra importancia más allá de la acción. El lenguaje es sencillo y claro.
Las primeras décadas del siglo XX en España estuvieron marcadas por eventos políticos turbulentos, incluyendo la dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la Segunda República y la Guerra Civil. Estos cambios influyeron profundamente en la literatura y el teatro. El teatro español se dividió entre el comercial, orientado al éxito en los escenarios, y el innovador, que buscaba romper con las convenciones establecidas. Esta dualidad reflejaba las tensiones sociales y políticas de la época.
El teatro comercial estaba sujeto a los gustos conservadores, y su objetivo principal era el entretenimiento de un público burgués. En él distinguimos tres tendencias:
El teatro innovador desafía las convenciones tradicionales, liderado por figuras como Ramón del Valle-Inclán y Federico García Lorca. Obras como Luces de Bohemia y El público rompieron esquemas, aunque inicialmente no fueron comprendidas por el público.
Las características principales del teatro innovador incluyen la representación en espacios no convencionales, escenografías abstractas, actuaciones que distorsionan la realidad, y la exploración de formas alternativas como el teatro de títeres y el musical. Los textos dramáticos pueden romper con la estructura tradicional de actos y abordar temas filosóficos o existenciales.