Portada » Filosofía » Platón: Dualismo Metafísico, Ética y Orígenes del Pensamiento Racional
Este texto, perteneciente a la obra La República de Platón, se inscribe en su periodo de madurez. El objetivo principal de esta obra es proponer un cambio real en su polis, Atenas, a través del diseño de una ciudad ideal. Esta ciudad se basa en el concepto de justicia y en una educación orientada al desarrollo de la excelencia de sus ciudadanos, fundamentada en tres virtudes cardinales: valentía, templanza y sabiduría. Para Platón, la justicia es la virtud más importante. La obra, de carácter utópico, surge como respuesta a la muerte de Sócrates, la corrupción de la polis y la influencia de los sofistas en la educación.
El fragmento a comentar pertenece al libro VII, donde se presenta el mito de la caverna. Esta alegoría explica la teoría epistemológica, ontológica y antropológica del autor.
En el texto, Platón, a través de la figura del prisionero, expone su teoría del dualismo epistemológico, ontológico y antropológico. Muestra cómo una persona puede desarrollar su experiencia ciudadana, mejorando no solo individualmente, sino también a la sociedad. Además, se explica la teoría ética y política de Platón.
La idea principal del texto es la antropología y la ética platónica. Como ideas secundarias, se hace referencia a las tres partes del alma: racional, irascible y concupiscible. Estas se comprenden mejor a través del mito del carro alado. El alma racional es inmortal, mientras que las almas irascible y concupiscible están ligadas al cuerpo y, por tanto, son mortales. El texto también alude a la virtud en sus dimensiones ética, política y antropológica. La última parte se centra en la unión del alma racional con la política, indicando que aquellos en quienes predomina lo racional serán útiles y provechosos, convirtiéndose en filósofos y siendo los únicos capacitados para educar a otros.
Platón divide la realidad en dos mundos separados por un abismo insalvable:
Las Ideas son los argai (modelos o prototipos) de los cuales las cosas participan, haciéndolas ser lo que son. Los objetos del mundo físico son meras imitaciones, copias imperfectas de las Ideas. Solo conociendo las Ideas podemos conocer la verdadera realidad.
Inicialmente, los seres humanos explicaban la realidad a través de mitos, relatos surgidos de la imaginación protagonizados por héroes, dioses y personajes sobrenaturales. El mito fue el primer intento humano de comprender el entorno, un saber transmitido oralmente con gran poder explicativo.
El paso del mito al logos marca el nacimiento de una nueva forma de pensar, preguntar y comprender el cosmos mediante una explicación racional. Este cambio comienza en el siglo VII a.C. con Tales de Mileto, quien ofreció una nueva perspectiva de la realidad.
El logos implica un universo ordenado que conocemos por medio de la razón. Esta forma de entender la realidad permitió el nacimiento de la ciencia y la filosofía racional. El mito no desaparece, sino que coexiste con el logos. El surgimiento del logos no fue repentino, sino que fue posible gracias a diversos factores, como el comercio.
Heráclito, apodado «El Oscuro», sostenía que no existe una sustancia eterna, invariable e infinita, sino que todo está en continuo cambio. Utilizó la expresión «panta rei«, que se traduce como «todo fluye, nada permanece». Para Heráclito, este cambio se produce por la lucha de contrarios, considerando el fuego como el arjé de la physis, entendido como esta lucha constante.
Parménides, fundador de la escuela de Elea, fue el principal crítico de Heráclito. Afirmaba que el devenir es una ilusión, negando el cambio al señalar que de la nada no puede surgir algo, y viceversa.
Por primera vez en la historia del pensamiento, el Ser se contrapone a la nada: lo que es y lo que no es. Este pensamiento da origen a la metafísica occidental, que estudia el Ser.
Parménides introduce el concepto de esencia: aquello que es uno, eterno, inmutable, infinito, indivisible, continuo e inmóvil; aquello que hace que las cosas sean lo que son.
Establece dos realidades diferentes: un mundo verdadero que permanece siempre igual y un mundo aparente que se manifiesta en el cambio.
Existen dos vías de conocimiento: la que nos da la opinión (doxa) y la que nos da la verdad (episteme), indicando que el ser y el no ser no pueden coexistir simultáneamente.