Portada » Arte » Obras Maestras del Renacimiento Italiano: San Pietro, Anunciación, Venus y Gioconda
Estilo: Primera mitad del siglo XVI, Renacimiento, Cinquecento, Clasicismo.
Materiales: Piedra, mármol y granito.
Este templo fue financiado por los Reyes Católicos para conmemorar el martirio de San Pedro y se alza sobre la roca donde fue sacrificado el santo. Obedece a la concepción neoplatónica que afirma que a Dios le correspondía la forma esférica, y la cúpula simboliza el tránsito del mundo terrenal al celeste. Bramante había planteado un patio circular para enmarcar el templete, pero no fue posible llevarlo a cabo, y este parece atrapado en el interior del monasterio de San Pietro. Es de planta circular centralizada. El peristilo (columnata que rodea el peristilo) de 16 columnas de orden toscano, se alza sobre una base escalonada y soporta el entablamento que consta de arquitrabe, friso y cornisa. El friso está dividido en triglifos y metopas, que llevan bajorrelieves con imágenes de los instrumentos de San Pedro y de objetos de la liturgia cristiana. El piso superior es introducido por una balaustrada que rodea el edificio. El cilindro que forma el segundo piso parece un tambor en el que se suceden las ventanas abiertas, las ventanas ciegas y los nichos en forma de semicúpulas culminadas por conchas. Corona el templo una cúpula nervada de media esfera, cuyos nervios confluyen en una linterna que remata en una cruz.
Cronología: Siglo XV
Estilo: Renacimiento Italiano, Quattrocento.
Técnica: Temple sobre tabla.
Ubicación: Museo del Prado, Madrid.
El tema de la Anunciación es religioso, ya que la Virgen María está embarazada y el ángel le viene a dar la noticia. La Anunciación es un retablo en cuya tabla central está la escena de la Anunciación. Las dos figuras principales están situadas bajo un arco cada una. El Arcángel Gabriel ocupa la parte central de la composición y la Virgen se sitúa a la derecha. El ángel se inclina levemente mientras María, con los brazos cruzados sobre el pecho y con un libro abierto sobre la pierna derecha, baja la mirada. Un rayo de luz ilumina a la Virgen y una paloma, símbolo del Espíritu Santo, es impelida a través del rayo hacia María. Al fondo, a la izquierda, aparece la escena de la expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal. Tres medallones decoran el pabellón; en el del centro aparece el busto de Jesús, que configura la Trinidad junto con el Espíritu Santo en forma de paloma, y Dios Padre, del que solo se representa la mano todopoderosa. El vano sin puerta que da a la habitación de María otorga profundidad a la escena. El arte de Fra Angelico es también una muestra de los hallazgos de los primeros pintores del Quattrocento: aplicación de la perspectiva, fondos arquitectónicos, mayor realismo de las figuras humanas…
Cronología: Siglo XV
Estilo: Renacimiento Italiano, Quattrocento.
Técnica: Témpera sobre tabla.
El Nacimiento de Venus es de temática mitológica. Lo que el cuadro representa no es propiamente el nacimiento de Venus, diosa romana del amor y la belleza, sino su llegada a la isla de Citerea. Venus es empujada a la playa por los soplos de Céfiro, viento del oeste, y por Cloris, su pareja y señora de las flores, que vuelan entrelazados. En la orilla le espera la Primavera para arroparla con un manto bordado de flores. No es una simple exaltación de la belleza femenina, sino una alusión a la fuerza del amor. El cuadro tiene muchos símbolos como: las rosas que caen sobre la diosa hacen referencia al amor, pues implica alegría pero también dolor en sus espinas; la concha se refiere a la fertilidad; la guirnalda que lleva la Primavera simboliza el amor eterno. Este cuadro se trata de una pintura lineal, líneas negras que delimitan los contornos de los protagonistas. Emplea colores suaves y de una luz casi uniforme. La palidez de Venus y de los otros personajes femeninos contrastan con la piel más oscura de la figura masculina. Los cuerpos son delgados y de escaso desarrollo muscular si los comparamos con los pintados por otros artistas del Renacimiento. Es de composición centralizada. Las cuatro figuras que componen el cuadro, dos de ellas entrelazadas, provocan un juego de fuerzas que se contrarrestan y proporcionan equilibrio a la escena. Venus se yergue sobre una pierna que le sirve de punto de apoyo, mientras la otra queda libre, siguiendo el modelo de la estatuaria griega. Equilibra el lado derecho del cuadro la Primavera, que se apresura a cubrir a Venus con su manto. El paisaje es concebido como un marco idealizado. Este famosísimo cuadro fue una revolución en su época porque trató por primera vez un tema mitológico en un cuadro de gran formato, recuperó el desnudo y apuntó nuevas soluciones pictóricas.
Cronología: 1500-1530
Estilo: Renacimiento Italiano, Cinquecento, Clasicismo.
Técnica: Óleo sobre tabla.
Ubicación: Museo del Louvre, París.
El tema de este cuadro es un retrato. Tan enigmática como la expresión de la Gioconda es su identidad. Se ha dicho de todo, desde que es el ideal de belleza del autor hasta que representa un adolescente vestido de mujer o una amante de Giuliano de Médici o del propio Leonardo. La composición es sencilla: una mujer sentada en una silla de brazos, frente a un paisaje. La dama vuelve el cuerpo a un lado y dirige una enigmática mirada hacia el espectador. El punto de fuga es la cara de la mujer, aunque hay un segundo punto: sus manos. La línea izquierda del horizonte es más alta que la derecha, de forma que, cuando el espectador mira el lado izquierdo del cuadro, la mujer parece más alta y su expresión diferente que si observa la parte derecha. Quizá lo que más llama la atención de la Gioconda es su enigmática mirada y su misteriosa y atractiva sonrisa. La ausencia de pestañas y cejas, así como la coloración verdosa del rostro, que se debe a una mala restauración, contribuyen a aumentar su magnetismo. El fondo de la obra pictórica es paisajístico. Leonardo empleó el sfumato (técnica del difuminar). La luz es irreal y la gama cromática es más sombría que la que solían usar sus contemporáneos, predominan los ocres. La Gioconda, gracias a la técnica del sfumato, parece irreal, entre angelical y humana.