Portada » Lenguas extranjeras » Neurosis Traumáticas: Definición, Sueños y Superación del Trauma según Freud
Sigmund Freud define la neurosis traumática como un estado que surge tras conmociones mecánicas, accidentes graves (como choques ferroviarios) y otros eventos que implican un riesgo de muerte. Este cuadro clínico se asemeja a la histeria, especialmente por la presencia de síntomas motores, pero se distingue por un mayor grado de padecimiento subjetivo y un deterioro más profundo de las funciones psíquicas.
Dos características fundamentales de la neurosis traumática son:
Es crucial diferenciar entre terror, miedo y angustia en relación con el peligro:
Los sueños son una vía clave para explorar los procesos psíquicos profundos en la neurosis traumática. Los pacientes con frecuencia reviven el evento traumático en sus sueños, despertando con renovado terror. Esta fijación psíquica al trauma demuestra la intensidad del impacto emocional, aunque el recuerdo consciente del evento no sea frecuente durante la vigilia.
Freud observa que, en lugar de ofrecer imágenes de bienestar o recuperación (como sería esperable según la función del sueño de cumplir deseos), los sueños en la neurosis traumática perturban esta función. Esto sugiere la posible influencia de tendencias enigmáticas del yo o, más notablemente, un intento de recuperar el control sobre el estímulo traumático a través del desarrollo de angustia, cuya ausencia fue la causa original de la neurosis.
Los sueños traumáticos, por lo tanto, buscan ligar aquello que, al no ser procesado adecuadamente, resultó traumático. Esta función del aparato psíquico, aunque no contradice el principio de placer, opera independientemente de él y parece ser más fundamental que la búsqueda de placer y la evitación del displacer.
Freud reconoce la existencia de sueños traumáticos fuera del contexto de la neurosis traumática, tanto en personas en análisis como en aquellas que no lo están. Estos sueños se originan en lo no ligado en el aparato psíquico. La protección antiestímulo, que normalmente reduce la intensidad de las excitaciones externas, no opera de la misma manera con las excitaciones internas. La falta de una barrera interna hace que los efectos de estas excitaciones sean comparables a los de un trauma.
La noción de protección antiestímulo es crucial para comprender el trauma. El sistema consciente (Cc), orientado hacia el mundo exterior, actúa como un receptor de estímulos. Esta «membrana» protege al organismo de ser aniquilado por estímulos externos intensos, permitiendo que solo una fracción de su energía llegue a las capas internas.
Se consideran traumáticas aquellas excitaciones externas que logran perforar esta protección. Un trauma externo altera significativamente la economía energética del organismo, activando todos los mecanismos de defensa. Inicialmente, el principio de placer queda suprimido, y la tarea principal se convierte en dominar el estímulo y ligarlo psíquicamente para su posterior procesamiento.
Un sistema con alta investidura (energía psíquica) puede recibir y transformar energía fluyente en investidura quiescente, es decir, ligarla psíquicamente. Cuanto mayor sea la energía quiescente, mayor será la capacidad de ligar energía. Por el contrario, una baja investidura reduce esta capacidad, aumentando las consecuencias de la perforación de la protección antiestímulo.
La «ligazón» implica transportar la energía desde un estado de libre fluidez a un estado quiescente. Esta distinción entre energía libre y ligada es fundamental para entender cómo el aparato psíquico maneja los estímulos.
Como se mencionó anteriormente, es importante distinguir entre angustia, miedo y terror. La angustia, al ser una preparación para el peligro, protege contra el terror y, por lo tanto, contra la neurosis traumática.
Freud sugiere que la compulsión de repetición se manifiesta de forma pura en la vida onírica de la neurosis traumática. Los sueños, al revivir repetidamente el evento traumático, no buscan cumplir deseos (principio de placer), sino que contribuyen a una tarea previa: recuperar el dominio sobre el estímulo a través del desarrollo de angustia.
Si existe un «más allá del principio de placer», debe haber existido un tiempo anterior a la tendencia del sueño a cumplir deseos. Los sueños que obedecen a la compulsión de repetición, incluso fuera del análisis, buscan la ligazón psíquica de las impresiones traumáticas. Este fenómeno también se observa en el juego infantil y en la repetición en la transferencia durante el análisis.