Portada » Lengua y literatura » Maternidad y Codicia en Tiempos de Guerra: Un Retrato de Madre Coraje y sus Hijos
En primer lugar, podemos hablar de Schweizerkas, el hijo menos corajudo y fuerte, aunque el más honrado. A Schweizerkas se le confía el puesto de cuidar la caja del segundo regimiento finlandés, que contiene el dinero para los soldados. Este puesto refleja su personalidad, como se evidencia en la cita: «No olvides que te han hecho pagador porque eres honrado y no audaz como tu hermano…».
A continuación, Madre Coraje interviene con una personalidad y moralidad antitética, y le encarga a su hijo robar la caja. Este acto, opuesto a lo que debería ser la enseñanza de una madre, muestra un claro contraste. Schweizerkas, arrepentido, admite su culpabilidad, esperando clemencia: «Me has decepcionado muy agradablemente, Schweizerkas (…) Te confío la caja y tú me la devuelves». Este acto demuestra su elevada moralidad, aunque, por este motivo, será asesinado más adelante.
Madre Coraje, al enterarse, piensa: «No debemos dejar que se sepa que se trata de nuestro Schweizerkas, porque, si no, seríamos sus cómplices. Es solo cuestión de dinero». Decide negociar para recuperar a su hijo: «Vete y di que les doy ciento veinte florines, y si no, nada». Cuando ya es demasiado tarde, los soldados le muestran el cuerpo de su hijo con once balazos.
«¿Lo conoces?» Madre Coraje dice que no con la cabeza. «¿No lo habías visto nunca antes de que comiera aquí?» Madre Coraje dice que no con la cabeza. «Lleváoslo y tiradlo al muladar. No lo conoce nadie».
En esta cita, Madre Coraje niega conocer a su hijo muerto. Se cuestiona su instinto maternal, ya que es egoísta al pensar en sí misma y no en su hijo, asesinado por su culpa. Su dolor no es explícito, aunque siente injusticia, pero no se atreve a evidenciarlo por temor a poner en riesgo su propia vida. Este acontecimiento evidencia cómo ambos personajes se construyen por antítesis.
Por último, Catalina es el personaje más emocional de la obra. Sufre por ella y por los demás; es muda y se encuentra en el trasfondo de la obra. Un aspecto determinante es su relación con los niños, mostrando un fuerte instinto maternal: «¿Has vuelto a encontrar a otro bebé que acunar? (…) no me hagas luchar horas contigo para quitártelo».
En el cuadro 5, se revela su deseo de ser madre, frustrado por Madre Coraje, quien la castra. Catalina no puede vivir la experiencia de la maternidad porque se le prohíbe tener un hombre hasta que termine la guerra: «Le he prometido que tendrá un marido cuando llegue la paz». Madre Coraje cree protegerla, aunque a Catalina esto la trastorna.
Para protegerla de los hombres, Madre Coraje intenta que Catalina luzca menos atractiva. Tras ser apuñalada en el cuadro 6, no muestra preocupación por lo sucedido, sino alivio porque la cicatriz la hará menos deseable: «Le quedará la cicatriz. No tendrá que esperar ya nada de la paz».
Así como la protege, también la desprecia. En el cuadro 1, Madre Coraje condena a sus hijos en el juego de las cruces: «Ya eres una cruz». Catalina es una carga para su madre, ya que no puede colaborar con sus negocios al ser muda y mujer. Catalina, por tanto, atenta contra el negocio de Madre Coraje y la distrae.
Finalmente, en el cuadro 11, ocurre lo mismo que con sus hermanos: la muerte por culpa del negocio. Catalina, intentando salvar a la ciudad de los soldados, es asesinada mientras Madre Coraje está en la ciudad haciendo negocios. En el cuadro 12, Madre Coraje cree que está dormida y surge una preocupación en ella: «Espero poder tirar del carro yo sola (…) Tengo que volver a los negocios». Se preocupa por si podrá tirar del carro sola para sus negocios, no por la muerte de su hija.
En conclusión, el concepto de maternidad se cuestiona durante la obra. Madre Coraje es un personaje guiado por la codicia, cuya única intención es sacar ventaja de la desgracia humana. Esta ambición le costará la muerte de sus tres hijos y una supervivencia en soledad.