Portada » Filosofía » Marx, Nietzsche y San Agustín: Conceptos Clave de sus Filosofías
La antropología marxista postula que el ser humano es intrínsecamente social, encontrando su realización y felicidad en la interacción con otros, fundamentalmente a través del trabajo. Marx no ve el trabajo meramente como un medio de subsistencia, sino como un elemento crucial para la realización individual y la humanización de la naturaleza. No obstante, en la sociedad capitalista, el trabajo se transforma en una fuente de alienación para el trabajador.
Esta alienación se manifiesta en tres dimensiones principales:
En resumen, la antropología marxista subraya la importancia del trabajo como medio de realización humana, pero denuncia cómo, en el capitalismo, este proceso se distorsiona por la alienación, conduciendo a una deshumanización.
El Materialismo Histórico, teoría central en el pensamiento de Marx, explica los cambios sociales y políticos a partir de transformaciones en la base material de la sociedad, específicamente en los modos de producción. Esta teoría pretende ser científica al descubrir las leyes del cambio social y ofrecer un método para interpretar los conflictos sociales y su transformación. La esencia del Materialismo Histórico radica en afirmar que las bases económicas y las relaciones de posesión son el motor del cambio social, más que las ideas o la voluntad divina.
Las categorías clave incluyen:
La historia se concibe como una sucesión de modos de producción (asiático, esclavista, feudal y capitalista), cada uno con sus propias clases sociales antagónicas. La lucha de clases es un concepto central: en cada período histórico, existen clases opresoras y oprimidas en conflicto. Marx ve la historia como un proceso de maduración de las estructuras económicas, donde la lucha de clases impulsa el cambio hacia un sistema más justo: el comunismo. La revolución, entendida como la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, es el camino para acabar con la explotación y establecer un régimen comunista. Este proceso revolucionario comprende las fases socialista y comunista.
El advenimiento del comunismo, según Marx, es el resultado inevitable del desarrollo de la clase proletaria, que se organizará y se levantará contra la clase opresora capitalista. Este levantamiento conducirá a la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, marcando el fin de la «prehistoria humana» y el comienzo de una era sin clases ni antagonismos sociales.
El proceso de instauración del comunismo se compone de varias fases:
El concepto de ideología, según Marx, tiene un sentido general y otro específico. Generalmente, se refiere al conjunto de representaciones e ideas que una sociedad posee en un momento histórico, reflejando las relaciones del hombre con el mundo y derivando de las condiciones sociales. Marx sostiene que la conciencia es un producto social, siendo la infraestructura de la sociedad la base para la formación de la superestructura o ideología (religión, filosofía, moral, derecho).
A diferencia de otros filósofos, Marx concibe las ideas como productos ligados a las condiciones materiales. Para Marx, la ideología tiene una connotación negativa: es un conjunto de ideas falsas o distorsionadoras que encubren las verdaderas relaciones de producción y favorecen a la clase dominante, siendo un instrumento de opresión. Las ideologías se manifiestan en la religión, la filosofía, la moral burguesa y el derecho, justificando el statu quo.
Marx considera la religión como una forma de alienación derivada de la alienación fundamental en la sociedad capitalista: la alienación del trabajo. A diferencia de Feuerbach, Marx sostiene que la religión no es inherente al ser humano, sino que surge en relación con la organización económica, política y social.
La religión, según Marx, funciona como una ideología que justifica la situación existente y proporciona estabilidad al sistema al prometer una liberación en un mundo futuro. Esta promesa perpetúa la resignación de los trabajadores ante las injusticias, reduciendo sus ansias de transformación social. Desde una perspectiva sociopolítica, Marx critica la función legitimadora y encubridora de la religión.
Nietzsche critica la moral tradicional occidental, argumentando que su error principal es oponerse a la naturaleza y los instintos vitales. Influenciada por el platonismo y el cristianismo, esta moral condena los impulsos naturales y promueve una vida futura como ideal, lo que Nietzsche ve como una negación de la vida. Las normas morales, impuestas por Dios, son vistas como contrarias a la espontaneidad humana, creando culpabilidad. Nietzsche examina el origen de los términos morales, mostrando su cambio desde una moral de fortaleza en la Antigua Grecia a una moral de resignación y debilidad («moral de rebaño») con Platón y el cristianismo.
Nietzsche critica la filosofía por su intento de suprimir el cambio y el devenir, especialmente por Platón al dividir la realidad en dos mundos (Ideas y sensible). Esta división desvaloriza el mundo real. La metafísica tradicional desconfía de los sentidos y presenta un mundo de apariencia como inferior. Nietzsche atribuye esto a un resentimiento hacia el mundo y la vida, que lleva a inventar otro mundo (el mundo de las Ideas platónico o el más allá cristiano). Esto se expresa en los «cuatro errores tradicionales sobre el ser», buscando justificar normas fijas. Dividir el mundo en verdadero y aparente refleja un juicio valorativo contra la vida como devenir. Nietzsche critica la tendencia de la filosofía a «momificar» el devenir.
Nietzsche identifica el nihilismo como el movimiento histórico de la cultura occidental, marcado por la pérdida de valores. Con la «muerte de Dios», fundamento de la cultura occidental, esta se encamina hacia su negación. La desaparición de los valores religiosos y morales deja al hombre sin brújula. Sin embargo, Nietzsche ve en esta crisis una oportunidad para que el hombre se libere y busque nuevos valores. La «muerte de Dios» permite al hombre alcanzar su verdadera humanidad y aspirar a convertirse en el superhombre, capaz de vivir sin referencia a lo divino.
Nietzsche propone una filosofía basada en el perspectivismo y una nueva idea de verdad. Para él, la realidad es devenir y el conocimiento es interpretativo y perspectivo. Critica la creencia en una única perspectiva verdadera; todas son válidas. La verdad se define en función de si una perspectiva favorece o no la vida. La verdad es aquello que enriquece la vida, mientras que el error es necesario para la afirmación de la vida. Esta concepción se conoce como voluntad de poder. Nietzsche propone usar la metáfora para expresar la realidad, evitando la petrificación del pensamiento.
Nietzsche desarrolla la idea de la voluntad de poder, que no es dominio, sino creación y superación. Esta voluntad se manifiesta en el arte, la mejor manera de relacionarse con el mundo, aceptando el cambio. La filosofía de Nietzsche busca fortalecer la alegría hacia la vida. A partir de la «muerte de Dios», Nietzsche vislumbra la figura del superhombre, un ser liberado, capaz de crear sus propios valores. El superhombre se alcanza a través de tres transformaciones del espíritu: camello, león y niño. Nietzsche introduce la idea del eterno retorno: todas las cosas volverán a suceder infinitas veces. Esta concepción refleja una aceptación total de la vida.
San Agustín estudia dos fuentes de conocimiento: la razón (fuente natural, verdades alcanzadas mediante la investigación racional) y la fe (fuente sobrenatural, verdades reveladas por Dios). La unión entre razón y fe se da como búsqueda de la única verdad. La fe ilumina y precede a la razón; es necesario creer para comprender, ya que la razón humana es limitada. El proceso de conocimiento implica una dialéctica en etapas:
Agustín sitúa las ideas eternas en la mente de Dios. No se originan en el alma humana, sino en la inteligencia divina. Con la teoría de la iluminación, el conocimiento de las ideas es posible porque Dios las coloca en el alma.
Agustín establece la existencia de Dios mediante argumentos:
Agustín sostiene la inalcanzabilidad del conocimiento completo de Dios. Dios es creador de todo y se le atribuyen cualidades como inmutable, uno, perfecto y supremo bien.
Según la estructura jerárquica de Agustín, los ángeles son las criaturas más nobles. El ser humano está compuesto de materia y espíritu (alma y cuerpo). El alma, espiritual e inmortal, está separada del cuerpo. Es principio vital y responsable del conocimiento intelectual. La salvación del alma es el objetivo final, a través del reencuentro con Dios. Agustín rechaza la preexistencia del alma, dando dos teorías: el traducianismo (el alma es engendrada por los padres) y el creacionismo (Dios crea el alma). La salvación del alma depende de la gracia divina. Las funciones del alma son: memoria, reflexión, entendimiento y voluntad.
San Agustín fusiona platonismo y cristianismo en su ética. El objetivo final de la vida es alcanzar la felicidad, que se logra con la salvación. Esta felicidad no es terrenal, sino que se alcanza después de la muerte, en unión con Dios. Se prioriza el alma sobre el cuerpo. La ignorancia es consecuencia del pecado original. La virtud se alcanza mediante el amor a Dios y el esfuerzo de la razón. Para lograr la virtud se necesita la gracia divina. La naturaleza del mal se ocasiona por la carencia del ser debido al libre albedrío.
En su obra La Ciudad de Dios, Agustín defiende el cristianismo. Describe una metáfora de dos ciudades: