Portada » Biología » Lípidos y Grasas: Tipos, Funciones y su Impacto en el Colesterol
Al igual que los glúcidos, las grasas se utilizan principalmente para aportar energía al organismo. Sin embargo, también son imprescindibles para otras funciones como:
Presentes en aceites vegetales como el de oliva, coco, cacahuete, así como en nueces y aguacate. Son líquidos a temperatura ambiente y muy beneficiosos para la salud.
Se encuentran en alimentos como el aceite de girasol, maíz, aceite de semillas de algodón y pescado azul. Existen tres subgrupos: omega-3, omega-6 y omega-9. Generalmente son beneficiosos para la salud.
Se hallan en grasas animales como tocino, mantequilla, manteca de cerdo y algunos aceites tropicales. Una dieta rica en grasas saturadas y grasas hidrogenadas (margarina, bollería, comidas rápidas) aumenta el nivel de colesterol malo (LDL – Lipoproteínas de baja densidad) en la sangre. Son sólidos a temperatura ambiente y perjudiciales en exceso.
Los ácidos grasos saturados son más difíciles de utilizar por el organismo, ya que sus posibilidades de combinarse con otras moléculas están limitadas. Esta dificultad hace que sea complicado romper sus moléculas en otras más pequeñas, que puedan atravesar las paredes de los capilares sanguíneos y las membranas celulares. Por eso, en determinadas condiciones, pueden acumularse y formar placas en el interior de las arterias (arteriosclerosis).
Son un tipo de ácido graso saturado que se encuentra principalmente en alimentos industrializados sometidos a hidrogenación o al horneado (pasteles, enlatados y congelados). También se encuentran, en pequeñas cantidades, en la leche y la grasa corporal de los rumiantes.
Los ácidos grasos trans no solo aumentan la concentración de lipoproteínas de baja densidad (LDL) en la sangre, sino que disminuyen las lipoproteínas de alta densidad (HDL, responsables de transportar el «colesterol bueno»), provocando un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Son muy perjudiciales para la salud.
En los alimentos que consumimos habitualmente, encontramos una combinación de ácidos grasos monoinsaturados, poliinsaturados y saturados, con predominancia de unos u otros.
Se recomienda que los lípidos constituyan entre el 25-30% de las calorías diarias. Son la reserva energética más importante del organismo en los animales (al igual que en las plantas son los glúcidos). Un gramo de grasa produce más del doble de energía que otros nutrientes (9 calorías por gramo), por lo que se necesita la mitad de grasa en comparación con glucógeno o proteínas para acumular la misma cantidad de calorías.
El colesterol en sí mismo no es perjudicial, aunque a menudo se asocie con algo negativo. Este tipo de lípido cumple funciones importantes en el organismo. Por ejemplo, es un componente esencial de las membranas plasmáticas de los animales y es precursor de elementos importantes como la vitamina D, las hormonas sexuales y las sales biliares.
La connotación negativa del colesterol surge al referirse a las lipoproteínas de baja densidad (LDL). Estas lipoproteínas transportan el colesterol a las células a través del torrente sanguíneo. Un exceso de LDL puede provocar que el colesterol se acumule en las arterias, dificultando el tránsito de oxígeno y aumentando el riesgo de problemas cardíacos y cerebrales. Por eso, las LDL se conocen como «colesterol malo».
Además de las LDL, existen las lipoproteínas de alta densidad (HDL), que transportan el colesterol desde los tejidos del cuerpo hasta el hígado para su excreción. Se les conoce como «colesterol bueno» porque pueden retirar el colesterol de las arterias. Altas concentraciones de HDL tienen un carácter protector contra las enfermedades cardiovasculares, mientras que bajas concentraciones aumentan el riesgo.
Es importante realizarse un chequeo anual de los niveles de colesterol mediante un análisis de sangre. Los valores considerados normales son: