Portada » Filosofía » Libre Albedrío, Patrística y Filosofía Cristiana: San Agustín y los Universales
La libertad es un requisito para que el hombre tenga méritos o deméritos y gane o pierda la salvación. Agustín llega a esta conclusión a partir de la crítica a los maniqueos, quienes admiten dos principios básicos actuando en el mundo: el del bien y el del mal. Para un cristiano, Dios es bueno y es el único principio de donde procede el mundo; Él crea el mundo por la Gracia. Si no hubiese mal, no habría libertad de elección moral ni pecado, y si no hay libertad, no tendríamos méritos para salvarnos. Otro problema es el de la libertad frente a la predestinación, de donde sale la paradoja de si Dios es omnisciente, es decir, que lo sabe todo hasta lo que vamos a hacer, lo que quiere decir que no podremos cambiarlo, lo que quiere decir que no somos libres y, por lo tanto, no podremos salvarnos. San Agustín dice que el mal fue necesario porque Dios quiso que el hombre fuera libre, y del uso del libre albedrío humano salió el mal. El pecado no es querido por Dios, solo la libertad.
A los padres de la Iglesia, que fueron los principales pensadores y teólogos cristianos de principios de siglo. Desarrollaron y sistematizaron la filosofía cristiana en aspectos filosóficos, teológicos y apologéticos.
Gran pensador cristiano de finales de la Patrística. Trata temas que serán característicos de la filosofía cristiana. No nació en un ambiente cristiano, es un converso; primero fue maniqueo. En su estancia en Milán coincidió con su conocimiento de la filosofía neoplatónica a través de la lectura de Plotino y la predicación de San Ambrosio, encaminándose al cristianismo. La obra de San Agustín va a estar marcada por el carácter de conversión, y de ahí que la obra sea de un polemista; él se esfuerza en luchar contra su pasado.
Su objetivo es buscar la verdad en función de encontrar mediante ella la felicidad. El cristianismo, antes que nada, es cristianismo, y la filosofía cristiana un elemento útil que permite llegar a la fusión con Dios. Según San Agustín, Dios es el autor del orden racional. Fe y razón no pueden enfrentarse porque son aliadas; la razón está al servicio de la fe y es a la vez fe. La fe no es un obstáculo para la filosofía, es su condición de posibilidad. En segundo lugar, la búsqueda que realiza la filosofía no parte de cero; hay que tener primero la fe en Dios. En esa búsqueda no participa solo la razón, sino el hombre entero movido por el amor. Sin la fe en Dios no es posible ejecutar ningún pensamiento.
Disputa filosófica medieval sobre la naturaleza de los universales. Su significado histórico radica en que influyó profundamente en la filosofía, teología y epistemología.
Postura filosófica intermedia dentro de la querella de los universales que sostiene que los universales no existen ni como realidades independientes ni como meros nombres sin fundamento en la realidad.
Obra de San Agustín escrita tras el saqueo de Roma en el 410. Se distinguen dos ciudades: la ciudad de Dios, basada en el amor a Dios y la búsqueda de la salvación, y la ciudad terrenal, basada en el egoísmo y la búsqueda del poder mundano.
Se divide en 3 posturas:
Los realistas creen que los universales existen independientemente de los objetos particulares en un mundo ideal o en las cosas mismas.
El cristianismo se basaba en la fe y la revelación, mientras que la filosofía clásica buscaba la verdad a través de la razón y la lógica.
Porque en la Edad Media su función principal era defender la fe cristiana y explicar sus doctrinas frente a críticas externas.
Influenciado por el cristianismo, enfatiza la relación del hombre con Dios, el pecado original y la necesidad de la gracia divina. Los griegos, en cambio, veían al hombre desde una perspectiva más racional y autónoma.