Portada » Historia » La Expansión de la Guerra Fría: Asia, Descolonización y Carrera Armamentística
Dentro de esta estrategia de generalización de la «contención«, el teatro de operaciones se amplió de Europa a Asia, África y América Latina, con la intención de detener los movimientos revolucionarios, muchas veces financiados desde la URSS, como ocurría en el caso de las excolonias europeas del Sudeste Asiático.37 A principios de la década de los 50, los EE. UU. formalizaron alianzas militares con Japón, Australia, Nueva Zelanda, Tailandia y Filipinas (alianzas englobadas en el ANZUS y el SEATO).
En 1949, el Ejército Rojo de Mao Zedong se proclamó vencedor de la Guerra Civil China tras derrotar a los nacionalistas del Kuomintang, que contaban con el respaldo de Estados Unidos. Inmediatamente, la Unión Soviética estableció una alianza con los vencedores, que habían creado un nuevo estado comunista con la denominación de República Popular China.38 Al coincidir en el tiempo la Revolución China con la pérdida del monopolio atómico de Estados Unidos (tras el inesperado éxito del RDS-1), la administración del presidente Truman trató de generalizar la Teoría de la Contención.6 En un documento secreto fechado en 1950 (conocido como el NSC-68)39, la administración Truman proponía reforzar los sistemas de alianzas prooccidentales y cuadruplicar los gastos en Defensa.6
Una de las aplicaciones más evidentes de la Teoría de la Contención se produjo tras el estallido de la Guerra de Corea. Debido a que uno de los acuerdos tácitos de la Guerra Fría se basaba en la lucha de ambos bloques a través de guerras proxy, donde los ejércitos soviéticos y estadounidenses nunca se enfrentarían directamente, Stalin se vio sorprendido por la participación de tropas estadounidenses en la defensa de Corea del Sur, que había sido invadida por los comunistas de Corea del Norte;6 este despliegue militar había sido aprobado por las Naciones Unidas, ya que la Unión Soviética no pudo ejercer su derecho a veto al estar boicoteando la ONU por su negativa a aceptar que el gobierno representativo del estado chino (y por lo tanto, el ocupante legítimo del asiento chino en el Consejo de Seguridad) era la China comunista en vez del derrotado gobierno prooccidental de Taiwán.40
Una vez hubo estallado la guerra, Stalin insistió en mantenerla a toda costa. A finales de 1952, la guerra había alcanzado una situación de estancamiento y, a pesar de las directrices de Stalin, chinos y norcoreanos se preparaban para su final. El alto el fuego se aprobó en julio de 1953, una vez que Stalin había fallecido.
Aprovechando la aceleración de la descolonización durante la década de 1950 y primeros años de 1960, tanto EE. UU. como la Unión Soviética compitieron por aumentar su influencia en los países descolonizados.63 Además, desde el punto de vista soviético, la desaparición de los grandes imperios coloniales era una señal inequívoca de la victoria de la ideología comunista.64 Los movimientos nacionalistas en algunos países (especialmente en Guatemala, Irán, Filipinas e Indochina) fueron iniciados o apoyados en muchos casos por grupos comunistas autóctonos —o, equivocadamente, fue la idea más extendida entre los aliados Occidentales.41
En este contexto, los EE. UU. usaron a la CIA para derrocar a ciertos gobiernos y favorecer a otros.41 La CIA tuvo un papel clave en el derrocamiento de países sospechosos de ser procomunistas, como en el caso del primer gobierno electo democráticamente en Irán (Operación Ajax) en 1953 y la caída de Jacobo Arbenz Guzmán tras el Golpe de 1954 en Guatemala.39 A su vez, EE. UU. trató de ayudar a gobiernos amigos con ayuda económica y militar, como en el caso de Vietnam del Sur.
La mayoría de naciones y gobiernos surgidos tras la descolonización en Asia, África y América Latina trataron de zafarse de la presión de elegir el bando procapitalista o procomunista. En 1955, durante la Conferencia de Bandung, decenas de países del Tercer Mundo acordaron mantenerse al margen de la dinámica de la Guerra Fría.65 Este consenso se plasmó en la creación del Movimiento de Países No Alineados en 1961.41 Como resultado de la aparición de un nuevo factor en la Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos moderaron sus políticas y trataron de acercarse a estos nuevos países neutrales (sobre todo en caso de países clave como India o Egipto) de una manera menos agresiva que la sostenida hasta entonces. Los movimientos nacionalistas e independentistas consiguieron así crear un nuevo escenario más plural, superando la confrontación bipolar de la posguerra, y crearon las bases para las reivindicaciones nacionalistas en Asia y América Latina.6
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, las dos potencias vencedoras disponían de una enorme variedad de armas, muchas de ellas desarrolladas y mejoradas durante el conflicto. Tanques, aviones, submarinos y otros avanzados diseños de navíos de guerra constituían las llamadas armas convencionales.
No obstante, la desigualdad resultaba patente, o por lo menos eso les parecía a los estadistas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la URSS contaba con el mismo número de carros de combate que el resto de las naciones juntas, y superaba en aviones de combate al conjunto de todas las demás fuerzas aéreas.66
Después del conflicto, la diferencia numérica no era tan abrumadora, pero aún resultaba ostentosa. En la aviación convencional, tanto en número como en calidad, los nuevos cazas y bombarderos soviéticos no solo estaban a la altura, sino a veces por encima de los occidentales; los aviones bombarderos Tu-4 lanzaron la primera Bomba Atómica Soviética. Pese a que el Pentágono siempre afirmaba poseer aparatos superiores a los de cualquier otro país, los enfrentamientos vividos durante la Guerra de Corea, Guerra de Vietnam y posteriormente, en la Guerra de la Frontera demostraron la igualdad, cuando no la superioridad, de los aviones soviéticos.
Sin embargo, su flota no podía competir en condiciones de igualdad con la de Estados Unidos. Tras la Batalla de Midway quedó demostrada la importancia del avión naval de ataque y el portaaviones en los conflictos marítimos.
La armada soviética disponía de muchos menos barcos de este tipo que la estadounidense y, además, sus naves eran de menor tamaño y no disponían de cubierta corrida para operar dos aeronaves simultáneamente, por lo que su inferioridad resultaba manifiesta.67
Para la URSS, más problemático aún que la falta de portaaviones era la falta de una red mundial de bases de aprovisionamiento abiertas durante todo el año. Mientras que Estados Unidos podía atracar sus buques en Nápoles, Rota, Hawái, Filipinas y muchos otros puertos más, la Unión Soviética no podía sacar sus barcos de puertos propios durante varios meses al año, pues sus puertos o estaban helados o podían ser fácilmente bloqueados por los aliados. Era el caso de la flota del Mar Negro, que debía atravesar los 35 kilómetros del estrecho del Bósforo, que Turquía podía bloquear fácilmente.
Pero eran las denominadas armas no convencionales las que llamaban poderosamente la atención: más poderosas, eficientes, difíciles de fabricar y extremadamente caras. La principal de estas armas era la bomba atómica. Al principio de la Guerra Fría, solo EE. UU. disponía de estas armas, lo que aumentaba significativamente su poder bélico. La Unión Soviética inició su propio programa de investigaciones para producir también tales bombas, algo que consiguió en cuatro años; relativamente poco tiempo, ayudándose de espionaje.