Portada » Ciencias sociales » Identidad Institucional en Centros Educativos: Pluralidad, Diversidad y Multiculturalidad
Cuando hablamos de identidad, en términos generales, nos referimos a todos aquellos aspectos intangibles (ideas, creencias, valores) y tangibles (aspectos externos de carácter, a veces simbólico) que comparten, sienten y manifiestan los miembros de un grupo determinado, conscientes de su singularidad como colectivo. Partiendo de las aportaciones de Castells (1994), entendemos que el concepto de identidad implica un proceso permanente en el que el individuo participa activamente y da sentido a su forma de vivir y ver el mundo a la luz de los principios y valores propios de su opción identitaria.
Es un derecho y una obligación de todo centro educativo velar para que su identidad institucional sea una realidad en el quehacer educativo, y trabajar para que los elementos que la configuran se perfeccionen y actualicen sin perder su esencia. Lejos de reducirse a una formulación escrita que suele descansar en palabras marcadas por la trascendencia, la expresión de la identidad debe plasmarse en una forma de ser, una forma de hacer e incluso de construir y comunicar un discurso valioso en su contenido y en su forma, configurando la irrenunciable alianza entre ética y estética que alumbraba el ideal clásico de la kalokagathia (es decir: la alianza entre lo bello y lo bueno).
En la misma línea, el artículo 1c comprende entre los fines de la educación el de transmitir y practicar aquellos valores que favorezcan «la libertad, la responsabilidad, la ciudadanía democrática, la solidaridad, la tolerancia, la igualdad, el respeto y la justicia», y el artículo 1k se refiere a la prevención de conflictos y su resolución pacífica, en plena sintonía con lo antes afirmado en el preámbulo, reclamando la no violencia «en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social».
Asimismo, el apartado siguiente (1.l) reclama el desarrollo, en el seno de la escuela, de «la igualdad de derechos, deberes y oportunidades, el respeto a la diversidad afectivo-sexual y familiar, el fomento de la igualdad efectiva de mujeres y hombres a través de la consideración del régimen de la coeducación de niños y niñas», y el artículo 1.q se adscribe con claridad al espíritu del artículo 27 de la Constitución.
En sintonía con estos principios, el artículo 2, que regula los fines de la educación, reivindica los derechos y deberes fundamentales y la igualdad de derechos, oportunidades y trato entre las personas independientemente de su sexo y capacidades (2b), los principios democráticos de convivencia (2c), la paz, la solidaridad y el respeto de los hombres entre sí y de estos para con la naturaleza (2e) y la necesidad de ejercer activamente las diferentes dimensiones de la ciudadanía sin dejar de lado la capacidad de adaptación al permanente cambio social que debe atesorar toda persona correctamente educada (2k).
El concepto del respeto a las diferentes expresiones identitarias de España se hace constar en el artículo 2, en el que se reconoce el valor de las diferentes lenguas del Estado y de la realidad multicultural que conforma nuestra sociedad.
Precisamente la realidad de un mundo dinámico y cambiante exige entender la construcción de la identidad de un centro educativo como un proceso en el que el respeto a los principios y valores de una identidad común se avenga con la pluralidad de identidades, ideas y creencias de sus miembros, la diversidad que caracteriza su personalidad, intereses, actitudes y aptitudes y la potencial pertenencia a diferentes etnias y culturas que se mezclan en la sociedad actual como consecuencia de los movimientos migratorios, especialmente los protagonizados por los habitantes de los países menos desarrollados que se desplazan hacia otros en los que la mayor riqueza y estabilidad sociopolítica constituye una expectativa de mayores y mejores oportunidades.
Más allá de los movimientos migratorios, la condición inclusiva que compromete a los centros educativos se nutre de las tan necesarias como inevitables diferencias que caracterizan (caracterizan y no separan) a los miembros de una comunidad educativa entendida precisamente como una comunidad plural.
En este sentido, cumple reconocer la potencial ventaja de las instituciones educativas de carácter internacional, tanto laicas como religiosas, que constituyen un espacio identitario institucional, definido por los elementos naturales de su carácter propio (tanto la relación entre el ideario que profesan y su estilo educativo como sus aspectos meramente externos), que trasciende las diferentes identidades nacionales, étnicas y culturales. Este engranaje, que define una identidad común sin perjuicio de las identidades de sus miembros, se hace tanto más real cuanto estos comparten actividades de todo tipo (encuentros, campamentos, competiciones intelectuales y deportivas) que refuerzan el espacio identitario institucional al tiempo que propician la convivencia de individuos muy diversos.