Portada » Arte » Giralda de Sevilla, Patio de los Leones y Patio de Comares: Tesoros Arquitectónicos de Al-Andalus
La Giralda de Sevilla, construida en 1184 (siglo XII) durante el periodo de la ocupación almohade de Al-Andalus, es una obra arquitectónica islámica destacada. Originalmente, fue el minarete de la mezquita principal de Sevilla, una torre alta de planta cuadrada y forma prismática.
El material principal utilizado en su construcción es el ladrillo, complementado con sillarejo y mampostería. No se emplearon materiales duros como sillares de piedra, ya que, según la concepción religiosa islámica, la perdurabilidad es una cualidad exclusiva de Dios.
En la mitad inferior de la torre, destaca un muro casi liso, cuya simplicidad se ve interrumpida únicamente por la decoración de los vanos. Los arcos que rematan estas ventanas son variados: polilobulados, ligeramente apuntados o mixtilíneos, algunos enmarcando arcos de herradura. Esta combinación de arcos es un rasgo distintivo del arte hispano-musulmán.
La parte superior se divide en tres calles o bandas verticales. La calle central presenta cuatro balcones, cada uno subdividido en dos ventanas, enmarcados por arcos polilobulados y mixtilíneos. A ambos lados, se observan calles con dos motivos ornamentales predominantes: arcos ciegos pareados mixtilíneos y la decoración en sebka en la albanega superior, más alargada. La sebka, característica de las invasiones almorávide y almohade, consiste en líneas entrelazadas que forman una retícula de rombos.
Coronando la torre original, se encuentra una banda de arcos entrelazados.
Construido en 1377 por Mohamed V, este patio de estilo musulmán andalusí nazarí es un ejemplo sublime de la arquitectura islámica.
De planta rectangular, el patio está rodeado por una galería con 124 columnas de mármol blanco, cuya esbeltez evoca las palmeras de los oasis. Alrededor se disponen las alcobas y salas privadas del sultán y sus esposas, con un piso superior abierto y sin ventanas al exterior, pero con un jardín interior que representa la idea musulmana del paraíso. Lo que hoy es tierra en el patio, fue originalmente un jardín.
Cuatro arroyos fluyen desde cada sala hacia el centro, simbolizando los cuatro ríos del paraíso.
Las columnas se unen mediante paños calados que permiten el paso de la luz. Los fustes cilíndricos, muy delgados, presentan anillos en la parte superior y capiteles cúbicos con inscripciones. Planchas de plomo convierten los empujes horizontales en verticales.
Los doce leones que dan nombre al patio representan las doce tribus de Israel. Seis son machos y seis hembras. Dos de ellos tienen un triángulo en la frente, señalando las tribus elegidas: Judá y Leví. Estos leones datan del siglo XI. La taza que los rodea presenta versos inscritos en su perímetro.
Este patio, construido en el siglo XIV, ejemplifica las características arquitectónicas y decorativas de la Alhambra.
De planta rectangular, evoca las construcciones grecolatinas. Un estanque longitudinal unifica los aposentos que giran a su alrededor. Dos naves de aposentos se ubican a los lados del patio, mientras que en los lados menores se levantan pórticos sostenidos por columnas con capiteles cúbicos. Estos pórticos presentan siete arcos peraltados adornados con rombos calados e inscripciones de alabanza a Dios. El arco central, más grande que los demás, exhibe enjutas macizas con decoración de ataurique y capiteles de mocárabes.
La horizontalidad predominante de la composición se ve interrumpida por la verticalidad de la Torre de Comares.
Las columnas, con fustes delgados, basas áticas y capiteles precedidos por collarinos, son un elemento distintivo. El capitel combina un cuerpo cilíndrico decorado con una cinta continua y ondulada, y otro cúbico superpuesto, adornado con mocárabes u hojas estilizadas.
El arco más común en el conjunto palaciego, presente en el Patio de los Arrayanes, es el de medio punto peraltado, decorado con finos lóbulos. No se observan aquí los arcos de mocárabes más elaborados.
La decoración, esencial en el arte nazarí, lo impregna todo. Los principios compositivos se basan en el ritmo repetitivo (logrado también con los arcos) y la estilización. Los elementos empleados incluyen la caligrafía, los atauriques, la decoración vegetal estilizada y la decoración geométrica. Estos elementos se integran formando una decoración profusa y detallada, conocida como arabesco, reflejando la decoración anicónica promovida por la religión musulmana.
El agua juega un papel crucial, actuando como espejo para reflejar las construcciones, romper la horizontalidad y proporcionar frescor durante el verano.