Portada » Arte » Giotto y Van Eyck: Maestros del Trecento y la Pintura Flamenca
Giotto es considerado el pintor más importante del Trecento, nombre que los italianos dan al siglo XIV y al arte de esa época. Durante este siglo, ciudades como Florencia y Siena experimentaron un notable desarrollo económico gracias al comercio y la banca, lo que impulsó una gran producción artística. Aunque formalmente góticas, las obras del Trecento presentan innovaciones que preludian el Renacimiento, siendo Giotto, de la escuela florentina, su máximo exponente.
Nacido cerca de Florencia hacia 1265, Giotto se formó en el taller de Cimabue, destacando rápidamente por su talento. Recibió encargos importantes en toda Italia, entre ellos, los frescos en la iglesia de Santa Croce en Florencia, la Basílica de San Francisco en Asís y la Capilla Scrovegni (Capilla de la Arena) en Padua. Además, diseñó el campanile de la catedral de Florencia y posiblemente decoró su base con relieves escultóricos. Al morir, fue honrado públicamente, un reconocimiento inusual para los pintores de su época.
La Capilla Scrovegni alberga 36 frescos principales distribuidos en los muros laterales, divididos en tres bandas horizontales con seis rectángulos cada una. Representan escenas de la vida de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María, así como episodios de la vida de esta última y de Jesús, desde su nacimiento hasta su resurrección. Un gran fresco del Juicio Final adorna otra parte de la capilla.
Giotto utilizó la técnica del fresco para pintar estas obras, donde las figuras, a escala aproximada de la mitad de su tamaño real, adquieren una monumentalidad que las hace parecer mayores. En composiciones como La Huida a Egipto, se observan características que lo posicionan como el iniciador de la pintura moderna. Por ejemplo, la disposición piramidal de los elementos principales genera equilibrio y unidad, distanciándose de las complejas composiciones góticas.
La observación rigurosa de la realidad fue clave para Giotto, quien mejoró la coherencia espacial y las proporciones en sus obras. Aunque no logró la perfección de la perspectiva cónica que desarrollarán artistas posteriores como Brunelleschi y Alberti, sus figuras están ubicadas de manera más realista. Detalles como las montañas de fondo, pequeñas y similares a decorados teatrales, reflejan su interés por crear un espacio pictórico dinámico.
Giotto también destacó por su tratamiento de la luz, logrando un claroscuro que otorga volumen a las figuras. Su uso de transiciones suaves entre luz y sombra, junto con proporciones precisas y escorzos, genera una sensación de corporeidad. Además, se interesó por la caracterización psicológica de los personajes, captando sus emociones a través de posturas y expresiones faciales cuidadosamente representadas.
Giotto marcó un antes y un después en la historia del arte, estableciendo las bases para el desarrollo del Renacimiento.
El Matrimonio Arnolfini, pintado por Jan Van Eyck en 1434, es una de las obras más emblemáticas de la pintura flamenca del siglo XV. Este óleo sobre tabla refleja tanto las características técnicas como temáticas de la época, representando un retrato burgués cargado de simbolismo. Jan Van Eyck, conocido también por obras como La Virgen del Canciller Rolin, La Virgen del canónigo Van Der Paele y el Altar de Gante, es considerado el precursor de la pintura al óleo.
En el siglo XV, Flandes, bajo el ducado de Borgoña, vivió un auge económico gracias al comercio y la producción de tejidos. Este contexto permitió a la clase burguesa encargar obras de arte como signo de prestigio, con temas predominantemente religiosos o retratos para decorar sus hogares. El Matrimonio Arnolfini es un claro ejemplo de estas tendencias.
La obra destaca por la extraordinaria técnica de Van Eyck. Aplicó minuciosas pinceladas sobre un dibujo previo, logrando una superficie pictórica uniforme y sin trazos visibles. Cada detalle, desde los personajes hasta los elementos del fondo, está representado con precisión, evidenciando la influencia del estilo gótico. Aunque los elementos están tratados de manera naturalista, el cuadro no logra un realismo pleno porque la nitidez y los colores del fondo son similares a los del primer plano, desafiando las leyes ópticas.
El espacio en la pintura se basa en una perspectiva cónica intuitiva, logrando una disposición coherente, aunque no tan perfeccionada como la italiana del mismo periodo. La composición es equilibrada, con gestos solemnes y una iluminación proveniente de las ventanas que modela las figuras mediante un claroscuro marcado, aportando volumen y realismo.
El cuadro retrata a Giovanni Arnolfini, un comerciante italiano establecido en Brujas, y a su esposa en el interior de su hogar. Según el historiador Edwin Panofsky, representa el momento del matrimonio. La postura de la mujer, con la mano sobre su vientre, simboliza fertilidad, mientras que la cama alude al lugar de procreación y muerte. Detalles como el perro al pie de la mujer representan la fidelidad; los rosarios, la piedad; y los zuecos en el suelo, el vínculo con el hogar.
El espejo convexo, de apenas 5,5 cm de diámetro, es un prodigio técnico: refleja a los protagonistas y a otras dos figuras, probablemente el sacerdote y un testigo. Alrededor de él, doce medallones ilustran episodios de la Pasión de Cristo, reafirmando la religiosidad de la obra. Otros objetos, como las naranjas, la alfombra turca y las lujosas vestimentas, reflejan el estatus económico de la pareja.
Por sus innovaciones técnicas y su atención al detalle, El Matrimonio Arnolfini es un hito en la historia del arte flamenco y un precursor de pintores como Vermeer, al explorar los efectos lumínicos en espacios interiores.