Portada » Filosofía » Filosofía Teórica y Práctica: Conceptos Clave y Desafíos del Siglo XXI
Originalmente, la filosofía se entendía como el esfuerzo metódico para construir una teoría universal y racional sobre la realidad. Aunque hoy no hay una definición única de filosofía aceptada por todos, siempre ha buscado satisfacer el deseo de obtener un conocimiento coherente, racional y unificado de la existencia y el mundo.
Nuestros conocimientos y creencias se adquieren de diversas maneras, pero muchas personas buscan fundamentar racionalmente sus ideas y convicciones. Este esfuerzo se conoce como filosofía teórica o uso teórico de la razón. La filosofía, desde su nacimiento, ha mostrado una aproximación desinteresada a la realidad, buscando la verdad por sí misma. Pitágoras ejemplificó este carácter teórico comparando las actitudes hacia la vida con las de quienes asistían a las Olimpiadas: algunos participaban, otros comerciaban, pero los filósofos eran como aquellos que observaban por el mero interés de saber.
La filosofía no solo busca explicar y comprender la realidad, sino también transformarla y orientar la vida humana. Dado que el ser humano es social y activo, el conocimiento, la acción y la sociedad están interconectados. La filosofía práctica se centra en cómo deben ser las cosas, buscando mejorar la realidad y las relaciones humanas mediante la reflexión sobre valores morales, sentimientos, sociedad e instituciones políticas.
Sócrates destacó la importancia del autoconocimiento, afirmando que «una vida sin reflexión no es digna de ser vivida». Immanuel Kant sintetizó la tarea filosófica en cuatro preguntas:
Estas preguntas siguen siendo fundamentales para la filosofía práctica.
La filosofía se articula en disciplinas teóricas y prácticas:
En el siglo XXI, la filosofía aborda tanto problemas clásicos como nuevos desafíos, tales como:
Charles Darwin, el destacado biólogo del siglo XIX, es reconocido como el padre de la teoría de la evolución. Esta teoría sostiene que las diferentes especies de seres vivos se han desarrollado a lo largo del tiempo a partir de un ancestro común, a través de variaciones lentas y ventajosas para los individuos que las adquirían.
Las dos afirmaciones fundamentales de esta teoría son:
La teoría de la selección natural, confirmada posteriormente por Gregor Mendel, sostiene que las mutaciones que impulsan la evolución son heredables de una generación a otra. La adquisición y conservación de pequeñas variaciones a través de la herencia producen las mutaciones y el cambio de unas especies a otras.
La hominización, es decir, la aparición de los primeros seres humanos en la Tierra, se explica a partir de la idea darwiniana de que la adaptación al medio provoca cambios en los organismos vivos, llevándolos a adquirir mutaciones que se transmiten hereditariamente a sus descendientes.
En el caso de los Homo sapiens, caminar erguidos liberó las manos, las cuales asumieron muchas funciones que en animales cuadrúpedos realizaban las mandíbulas. Esto permitió una mayor expansión del cráneo al liberar la musculatura mandibular que comprimía el cráneo, facilitando así la evolución cerebral.
Además, al caminar erguidos, los ojos humanos se ubicaron mirando hacia adelante, lo que facilitó el uso de las manos para tareas más diversas. Filósofos antiguos como Anaxágoras y Aristóteles reconocieron la importancia de las manos en el desarrollo humano, considerándolas como señal de prioridad y comparando el pensamiento con la mano como instrumento versátil.
Mientras que todos los animales desarrollan órganos de acción específicos para adaptarse al medio, como garras, cuernos o cuellos largos, la situación de desprotección del Homo sapiens lo llevó a un aumento en la capacidad cerebral y el perfeccionamiento de la inteligencia como herramienta para la supervivencia.