Portada » Filosofía » Explorando las Bases del Conocimiento: Descartes, Hume y Kant
René Descartes desarrolló un método para alcanzar el conocimiento verdadero, basado en la duda sistemática y el análisis riguroso. Este método consta de cuatro reglas principales:
Descartes utilizó la duda como herramienta para llegar a una verdad indudable. Este proceso consiste en cuestionar todo aquello que no sea absolutamente cierto, incluyendo:
La única certeza que queda tras esta duda radical es que, al dudar, estamos pensando, y si pensamos, existimos: «Pienso, luego existo» (Cogito, ergo sum).
No podemos inventar impresiones, solo combinarlas para formar ideas más complejas. Por ejemplo, alguien que nunca ha probado un mango no puede saber cómo sabe. Si no hay impresiones, no podemos pensar ni tener ideas. Esto dificulta entender conceptos abstractos, pues requieren muchas impresiones previas. Además, el significado de las palabras se basa en la realidad que representan.
El racionalismo, defendido por Descartes, sostiene que el conocimiento proviene de la razón, sin depender de los sentidos. Para garantizar verdades seguras y universales, sigue dos pasos clave: la intuición, que permite reconocer verdades evidentes sin necesidad de demostración, y la deducción, que extrae conclusiones aplicando reglas lógicas. Descartes relaciona este método con las matemáticas, ya que su estructura lógica permite demostrar verdades con claridad y precisión.
Por otro lado, el empirismo, desarrollado por Hume, afirma que todo conocimiento surge de la experiencia y los sentidos. La mente es una «tabla rasa», sin ideas previas, y solo aprendemos mediante la interacción con el mundo. Sin embargo, como los sentidos pueden fallar, el empirismo considera que el conocimiento es probable, no absoluto, basándose en la observación y la repetición.
Kant busca superar las limitaciones del racionalismo, que se basa solo en la razón, y del empirismo, que depende exclusivamente de la experiencia. Su propuesta combina la estructura racional de la mente con la experiencia para alcanzar el conocimiento.
Kant clasifica los juicios según su relación entre sujeto y predicado y su relación con la experiencia.
Lo más relevante son los juicios sintéticos a priori, ya que amplían el conocimiento sin necesidad de verificación empírica, como el principio de causalidad.
Para que exista conocimiento, deben intervenir dos facultades innatas. La sensibilidad permite captar el mundo a través de formas a priori como el espacio y el tiempo. El entendimiento organiza estas percepciones mediante categorías universales como la causalidad. Sin estas estructuras, la experiencia no podría ser comprendida ni transformarse en conocimiento.
Kant distingue entre el fenómeno, que es la realidad tal como la percibimos a través de los sentidos, y el noúmeno, que es la realidad en sí misma, inaccesible para el conocimiento humano. Solo podemos conocer el mundo tal como se nos presenta, pero no su esencia última.
El realismo sostiene que la ciencia busca describir la realidad objetiva, donde las teorías reflejan el mundo tal como es. Se basa en la idea de que el conocimiento se acumula y mejora con el tiempo, acercándose progresivamente a la verdad.
El realismo es cuestionado porque:
El realismo crítico reconoce que, aunque la realidad es objetiva, nuestro conocimiento sobre ella es siempre aproximado y revisable.
Karl Popper critica el realismo tradicional y el positivismo. En lugar de buscar verificar teorías, plantea el falsacionismo: una teoría científica no puede ser confirmada, sólo puede ser refutada.
Popper sostiene que el progreso en la ciencia no es lineal, sino que mejora a medida que se eliminan errores.
El antirrealismo rechaza la idea de que la ciencia describe la realidad. En su lugar, defiende que las teorías son solo modelos funcionales para predecir fenómenos y resolver problemas.
Aquí, la ciencia no busca la verdad, sino teorías exitosas.
Aristóteles desarrolló un modelo geocéntrico, donde la Tierra es el centro del universo y los demás planetas orbitan alrededor en círculos perfectos. Las estrellas están fijas en una esfera exterior.
El cosmos se divide en dos partes:
Para Aristóteles, los cuerpos celestes están hechos de éter, una sustancia eterna e inalterable que permite un movimiento ordenado y armonioso.
Ptolomeo perfeccionó el geocentrismo aristotélico con un modelo que explicaba el movimiento retrógrado de los planetas mediante epiciclos y deferentes (órbitas dentro de otras). Su teoría sostenía que los movimientos celestes eran perfectos y circulares, por lo que en lugar de cambiar el modelo, añadía correcciones matemáticas para ajustarlo.
Este sistema reforzaba la idea de que el mundo supralunar era perfecto e inmutable, mientras que el mundo sublunar era imperfecto y cambiante. Además, mantenía una visión antropocéntrica, colocando a la Tierra y al ser humano en el centro del universo.
Entre los siglos XV y XVIII, la visión del universo cambió radicalmente, dando paso a la Cosmovisión Moderna. Descubrimientos científicos y nuevos métodos impulsaron una manera de entender el cosmos basada en la observación, experimentación y el uso de las matemáticas.