Portada » Geografía » Evolución y Distribución de la Población Española: Un Estudio Detallado
La población española ha experimentado un crecimiento continuo, aunque con intervalos de mayor y menor intensidad, influenciados por factores económicos, conflictos bélicos, avances sanitarios e higiene. Se distinguen tres etapas principales en su evolución histórica:
Se prolongó en España hasta el siglo XVIII. Se caracterizó por un crecimiento natural muy lento, debido a tasas de natalidad y mortalidad muy elevadas.
Esta etapa representa un proceso de modernización en los comportamientos de natalidad y mortalidad. Comenzó en el siglo XIX, pero en España no se consolidó hasta la segunda etapa del siglo XIX, prolongándose hasta el último cuarto del siglo XX. Esta fase supuso un importante crecimiento de la población, consecuencia del mantenimiento de elevadas tasas de natalidad y una notable disminución de la mortalidad. Posteriormente, comenzó la reducción de la natalidad. El desarrollo español fue más lento que en otros países europeos, debido a una mayor mortalidad y a las emigraciones, especialmente a finales de siglo.
En el siglo XX, la población experimentó un fuerte crecimiento, aunque con fluctuaciones:
Se inició en el último cuarto del siglo XX y continúa en la actualidad. Se caracteriza por un descenso de la natalidad y la mortalidad, resultando en un crecimiento natural pequeño, cercano a cero. El retroceso de la natalidad se relaciona con la crisis económica de 1973 y la inestabilidad política. El crecimiento demográfico se debilitó aún más a partir de los años 80. A comienzos del 2000, la natalidad se recuperó ligeramente gracias a la inmigración extranjera, pero se frenó nuevamente con la crisis del 2008.
Los movimientos migratorios han respondido principalmente a motivos económicos, aunque los conflictos políticos también han influido (expulsión de judíos en 1492 y moriscos, expatriación de afrancesados y republicanos).
Los primeros flujos hacia América estuvieron ligados al colonialismo. En el siglo XIX, la independencia de los países americanos interrumpió inicialmente estos flujos, pero se reanudaron posteriormente. La Primera Guerra Mundial dificultó los desplazamientos, pero la emigración se recuperó en la década siguiente. Entre 1882 y 1935, emigraron a América entre 3,5 y 4,7 millones de españoles, con un pico a comienzos del siglo XX. La mecanización agrícola generó un excedente de mano de obra en el campo, impulsando la emigración masiva. Los principales destinos fueron Cuba, Argentina, Brasil, México, Uruguay y Chile. Tras la Segunda Guerra Mundial, se impulsó nuevamente la emigración a América, principalmente a Argentina y Venezuela.
A partir de los años setenta, la emigración hacia América disminuyó a favor de Europa. España, tras finalizar la autarquía, se abrió al exterior y se modernizó. La industria no podía absorber toda la mano de obra del campo, por lo que el gobierno favoreció la migración europea. Muchos españoles se marcharon con contratos de trabajo gestionados por el Instituto Español de Emigración. Entre 1959 y 1973, emigraron legalmente más de un millón de españoles. La crisis económica de 1973 provocó un aumento del paro en Europa y una importante migración de retorno, aunque continuó la migración irregular.
Desde mediados de los años setenta, el número de entradas superó al de salidas, generando un saldo migratorio positivo hasta 2010. Hasta 1994, estas entradas correspondieron principalmente al retorno de emigrantes españoles, pero desde ese año se debieron principalmente a la inmigración extranjera. Inicialmente, la mayoría de los extranjeros procedían de la Unión Europea, pero desde 1988 predominaron los inmigrantes extracomunitarios.
La crisis económica de 2007 frenó la inmigración y provocó el retorno de muchos extranjeros. Además, aumentó la emigración de españoles. Desde 2010, el saldo migratorio volvió a ser negativo.
Las migraciones interiores han determinado la distribución territorial de la población española desde finales del siglo XIX, influyendo en la estructura demográfica y las características socioeconómicas.
Comenzó a ser significativo a partir del último tercio del siglo XIX, impulsado por cambios sociales, económicos y la mejora de los transportes. La superpoblación rural, la crisis agraria y la mecanización agrícola generaron un excedente de mano de obra en el campo, propiciando un intenso éxodo rural hacia las ciudades. Inicialmente, las principales regiones emisoras fueron Galicia, Castilla, Cantabria, Navarra, Andalucía y el litoral levantino, y las receptoras, el País Vasco, Cataluña, Madrid, zonas mineras y capitales provinciales. La crisis de 1929, la posguerra y el franquismo frenaron el éxodo rural, que se intensificó en la década de 1950 y alcanzó su auge en los años 60 y principios de los 70, debido a las transformaciones agrarias y la modernización económica.
Desde el último cuarto del siglo XX, los cambios de residencia aumentaron y el patrón migratorio cambió. El éxodo rural perdió intensidad frente a las migraciones interurbanas. Los motivos de los desplazamientos se diversificaron y los destinos se volvieron más variados. Las grandes ciudades se convirtieron en emisoras de emigrantes. Factores políticos y económicos, la terciarización de la economía, las políticas de la Unión Europea y la crisis de 2007 influyeron en los flujos migratorios internos.
La estructura de la población se analiza según su distribución por sexos (hombres y mujeres) a través del sex ratio. En España, el sex ratio actual es de 96,8 varones por cada 100 mujeres. Factores que explican esta mayor proporción de mujeres:
Por edad, la población se clasifica en jóvenes, adultos y mayores. Se habla de envejecimiento cuando el porcentaje de población mayor supera al de jóvenes y aumenta a un ritmo mayor. Se considera que una población está envejecida si los jóvenes no alcanzan el 25% y los mayores superan el 12%. En 2015, en España, los jóvenes representaban el 16% y los mayores el 18,4%, con un crecimiento de la proporción de octogenarios (5,79% en 2014). Castilla y León, Galicia, Asturias, Aragón, País Vasco y Cantabria tienen la mayor proporción de personas mayores de 65 años (más del 20%). El envejecimiento está relacionado con el descenso de la natalidad, la elevada esperanza de vida y las migraciones.
Las proyecciones del INE simulan el comportamiento de la población. Para el periodo 2015-2064, destacan:
El envejecimiento tiene consecuencias económicas y sociales:
Las políticas demográficas son medidas gubernamentales para alcanzar un nivel de población óptimo. La preocupación por el descenso de la natalidad ha llevado a la adopción de medidas pronatalistas, como ayudas económicas por nacimiento o adopción y a familias numerosas. España destina un bajo porcentaje de su PIB a la familia en comparación con otros países de la Unión Europea.
La población española se distribuye de forma desigual, con fuertes contrastes. Más de la mitad de los habitantes se concentran en Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid. La densidad de población (habitantes por kilómetro cuadrado) es el indicador utilizado para estudiar esta distribución. La densidad media en España es de 92 hab/km², pero existen grandes diferencias entre comunidades autónomas:
Características destacadas de la distribución espacial:
Comunidades con características demográficas específicas:
Población activa: Conjunto de personas de 16 años o más que trabajan o buscan empleo activamente. Se divide en:
Población inactiva: No trabajan en un empleo remunerado ni buscan hacerlo, o no están disponibles para desempeñarlo (amas/os de casa, pensionistas, rentistas, estudiantes, etc.). Dependen económicamente de los activos.