Portada » Ciencias sociales » Evolución Urbana y Protección del Patrimonio Histórico: Un Recorrido
Los desarrollos urbanos complementan la ciudad existente. Un ejemplo pionero es el **Ensanche de Barcelona**, diseñado por *Ildefonso Cerdá*. En el siglo XIX, Barcelona era una importante ciudad industrial con gran capacidad de transformación, necesitada de romper los límites impuestos por las murallas. En 1855, el Ayuntamiento encargó a Cerdá el proyecto de expansión. Cerdá planteó el ensanche superponiendo al plano una retícula ortogonal que incluía la ciudad antigua, repitiendo esta malla tanto como permitía el territorio para facilitar la expansión continua.
Hoy en día, el Ensanche es una de las zonas más populares de Barcelona. Al igual que Barcelona, otras ciudades como Madrid, Valencia y Cartagena también plantearon ensanches debido al importante desarrollo demográfico que experimentaban, necesitando controlar y planificar nuevos barrios con un sistema viario diferente al de la ciudad antigua.
Ante las transformaciones drásticas de la ciudad, surgieron voces de alarma dirigidas a evitar la destrucción de los monumentos. En el siglo XIX, las normas y decretos se referían al monumento como un edificio independiente y aislado, considerando la ciudad como una suma de monumentos.
Se emprendió el estudio de la ciudad antigua, contemplando no solo el edificio aislado, sino también el conjunto de elementos que lo rodean. Los protagonistas de las primeras formulaciones sobre la ciudad histórica e iniciadores del debate fueron **Ruskin** y **Viollet**.
Una de las mayores aportaciones a la conceptualización de la ciudad histórica procede de **Sitte**, cuya actividad se centraba en el urbanismo. Para Sitte, el urbanismo era una materia propicia de la disciplina arquitectónica. Buscaba en la ciudad antigua los referentes para la nueva, entendiendo que su construcción había sido una actividad artística que había alcanzado la belleza y debía ser el modelo proyectual de las nuevas ciudades. Sitte criticaba la destrucción de la trama antigua.
Lentamente, desde Sitte, la ciudad antigua fue tomando importancia, contemplándose no como un lugar obsoleto con arquitecturas históricas, sino como un entorno creado artísticamente que debía ser respetado. Este pensamiento dirigió la reflexión sobre el **Patrimonio Cultural**.
La preocupación por la ciudad pre-industrial se hizo evidente a partir de la I Guerra Mundial, debido a las devastaciones sufridas. En los años veinte, la situación de las ciudades era preocupante: por un lado, permanecía la ciudad tradicional; por otro, se planteaban formas de ciudad totalmente diferentes.
Era necesario establecer el papel que debía asumir la ciudad histórica o tradicional en su relación con los nuevos barrios periféricos. Esta relación era fundamental para que el centro histórico no perdiera sus funciones y, por lo tanto, su identidad. **Giovannoni** creía que las viejas ciudades permanecerían si asumían funciones adecuadas a su morfología. En ellas no se podía intervenir con técnicas y arquitecturas modernas, sino que se debían conservar los valores y elementos que la configuraron.
La adopción firme de sus postulados no fue posible debido a los múltiples factores (económicos y políticos) que intervienen en los temas de Patrimonio, dificultando mantener las teorías en su integridad. No obstante, sus ideas contribuyeron a fundamentar y justificar la necesidad de admitir intervenciones renovadoras en las ciudades históricas. Su figura es fundamental por el eco que sus propuestas tuvieron en la **Carta de Atenas de 1931**.
Es importante conocer esta Carta de 1933 referida al urbanismo. Los postulados del **Movimiento Moderno** aportaron nuevos aspectos al estudio de la ciudad histórica que son interesantes de conocer.
El Movimiento Moderno pensaba que la arquitectura del pasado y la ciudad tradicional eran una traba al libre desarrollo de la ciudad moderna. Ignoraban los centros históricos, interesándose solo por algunos monumentos. En la primera mitad del siglo XX, los centros históricos ofrecían decadencia, mientras que en la periferia se llevaban a cabo proyectos sin calidad ni innovación.
El objetivo era poner orden en el caos postindustrial con las herramientas de los nuevos tiempos. Sin embargo, la aplicación indiscriminada de sus principios casi llevó a la desaparición de nuestras ciudades.
Finalizada la II Guerra Mundial, se originó un intenso debate sobre la ciudad histórica. La reflexión sobre la ciudad histórica en el siglo XIX avanzó lentamente y se aceleró en momentos de desarrollo demográfico, reclamándose renovaciones que permitieran responder a las nuevas exigencias.
Pero su valoración teórica y protección legal requería de los Estados fuertes inversiones económicas, por lo que se buscó su mantenimiento en relación a su explotación. Estos son los problemas que se plantearon desde los años setenta del siglo pasado y se resolvieron al amparo de las distintas leyes que afectan a la ciudad: de Patrimonio, del Suelo, de Turismo, etc.