Portada » Educación Artística » Evolución de la Comunicación Social: Poder, Sociedad y Medios a Través de la Historia
Este texto aborda cómo el poder –los grupos que lo constituyen y los que aspiran a reemplazarlo– reproduce sus valores en sociedades cambiantes a través de instrumentos de comunicación también cambiantes. La eficacia de estos instrumentos se ve maximizada por el progreso técnico. De este modo, se produce una interrelación entre la historia –la evolución de las sociedades y sus aparatos de dominación– y los sistemas y principios de la comunicación que legitiman el poder, lo critican y moldean conciencias.
Las necesidades de comunicarse en las primeras etapas humanas se suelen dividir en cuatro fases:
La comunicación necesitaba un soporte material donde inscribirse y la posibilidad de crear un ámbito de emisión y recepción. La humanidad consiguió desarrollar sistemas de signos, soportes como el papiro o pergamino, tintas y herramientas de escritura, lo que condicionó la posibilidad histórica de tener memoria de su paso sobre la tierra y de intercomunicarse. El sistema social imperante condicionaba fuertemente el sistema de comunicación. Sobre toda posibilidad de comunicación se cernía el control del poder, utilizando mecanismos similares a los actuales:
Existía una clara conciencia del papel que podía tener la libertad de comunicar. El control de la comunicación social se ha aplicado desde siempre con la intencionalidad de alinear el mensaje con los intereses del emisor para imponérselos al receptor.
Durante gran parte de la Edad Media, la comunicación social de la población siguió sometida a una gran impotencia comunicativa. El predominio de la fe sobre la razón actuó como un freno ideológico que contribuyó a que perdurara cierta parálisis intelectual. La Iglesia favoreció la supervivencia del latín como idioma oficial y culto, mientras que, paradójicamente, el desarrollo de las lenguas romances se producía en el ámbito popular.
La transmisión oral y la representación gráfica (pinturas, esculturas, vitrales) fueron los instrumentos de comunicación idóneos, sostenidos por figuras como peregrinos, juglares, mercaderes, etc., que actuaban como agentes de la intercomunicación. Los pregoneros del rey eran los *médiums* del poder temporal para difundir la información que interesaba a la corona. En este contexto, el *médium* (el transmisor) dominaba la representación, ya que poseía las claves interpretativas y el público carecía, en gran medida, de posibilidades para verificar o contrastar el mensaje.
Identificamos tres interlocutores clave en este tiempo:
Con la expansión gradual de la escritura y la consolidación de una burguesía ávida de cultura e información, surgió la xilografía: un método por el cual se grababa un texto o imagen en tablas de madera que luego se entintaban. Esto facilitaba la reproducción en comparación con la copia manual, pero el tallado de cada plancha de madera lo hacía un proceso arduo y poco flexible para textos largos.
Johannes Gutenberg, a mediados del siglo XV, desarrolló el primer modelo eficaz de imprenta de tipos móviles en Europa, combinando características técnicas clave:
Cuando apareció la imprenta, la información escrita ya tenía cierta importancia histórica. La burguesía experimentaba una progresiva necesidad de información para sus negocios y su ascenso social. Sin embargo, cada publicación debía pasar el control ideológico del Estado y la Iglesia. Los impresores mostraron especial empeño en la producción periódica de noticias (hojas volantes, relaciones de sucesos), pues estas a menudo tenían más audiencia y demanda inmediata que los libros. Inicialmente, los deseos del lector culto se centraban en los libros clásicos y religiosos, pero la imprenta, impulsada en parte por la burguesía, fomentó enormemente la difusión cultural y sentó las bases para una futura expansión de la escolaridad.
En el siglo XVI, estallaron las polémicas religiosas entre los reformadores (como Lutero) y la Iglesia Católica Romana, lo que tuvo una gran repercusión en el uso y control de la imprenta. Esta sirvió como un poderoso elemento de divulgación de las ideas luteranas y de otros reformadores.
Como reacción, las regulaciones sobre la imprenta por parte del poder establecido (tanto católico como, posteriormente, en algunos principados protestantes) fueron constantes y radicales, aunque las leyes restrictivas fueron frecuentemente violadas o sorteadas. Por ejemplo, en algunos territorios se impusieron leyes draconianas, como la que establecía la pena de muerte por imprimir sin permiso real o eclesiástico (edicto de Châteaubriant en Francia, 1551).
La Reforma Protestante, sin embargo, contribuyó involuntariamente a la causa de una mayor libertad (aunque fuera de forma limitada y a largo plazo), como se observa en los siguientes puntos:
El movimiento humanista del Renacimiento, contemporáneo a estos cambios, también significó un rechazo a la rígida jerarquía y la actitud social del régimen feudal, fomentando el espíritu crítico. La eficacia de la propaganda luterana se debió a dos factores principales relacionados con la imprenta:
El control de la producción informativa por parte del poder se manifestó históricamente de cuatro modos fundamentales:
El desarrollo de la imprenta como empresa privada fue paralelo al ascenso de la burguesía y marcó un paso desde la simple libertad técnica de imprimir hacia la compleja noción de libertad de expresión. En países como Francia, el poder real absolutista necesitaba un órgano de expresión oficial para contrarrestar las informaciones no controladas y promover su imagen, lo que llevó a la creación de la *Gaceta* (Gazette de France, 1631), considerada uno de los primeros periódicos oficiales.