Portada » Filosofía » Ética Kantiana y el Contrato Social de Rousseau: Fundamentos y Postulados
En la Crítica de la Razón Pura, Kant establece la posibilidad de la ciencia, pero limita su alcance. Aunque no niega la existencia de Dios o del alma, argumenta que el conocimiento científico de estas realidades es imposible. La moral, a diferencia de la ciencia, no se ocupa de lo necesario, sino del ámbito del deber ser. La distinción fundamental radica entre el mundo fenoménico (ser y necesidad), objeto de la razón teórica, y el mundo moral (deber ser y bien), objeto de la razón práctica. Los conceptos de «bueno» y «malo» solo son aplicables a la voluntad humana.
La teoría moral kantiana, desarrollada en la Crítica de la Razón Práctica, se fundamenta en un principio a priori. Kant rechaza las éticas materiales (heterónomas) y propone una ética autónoma y formal. La obligatoriedad de los juicios morales debe emanar de la voluntad autónoma. El principio moral a priori se encuentra en aquello que determina a la voluntad a obrar por sí misma, en virtud de sus propios principios. Mientras la ciencia se ocupa de «lo que es», la moral se centra en el «querer» y el «deber ser».
La moral se expresa a través de imperativos, que pueden ser:
Una acción moral, según Kant, debe cumplir dos condiciones: actuar conforme al deber y por deber. Kant distingue en la ley moral la materia (el contenido de la ley) y la forma (la universalidad y necesidad). El imperativo categórico se formula de varias maneras, incluyendo:
Lo moralmente bueno es aquello que obedece al deber impuesto por la razón.
Para que la moralidad sea posible, Kant postula tres condiciones indemostrables racionalmente, pero necesarias:
Aunque indemostrables, los postulados son la condición lógica para que el hombre pueda ser moral y no se considere un fracasado en sus aspiraciones racionales y volitivas.
Dos problemas centrales e interrelacionados en el pensamiento de Rousseau son la naturaleza del ser humano y la sociedad. Rousseau presenta una visión histórica del hombre en tres etapas:
En el Discurso sobre las ciencias y las artes y el Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres, Rousseau expone su concepción del hombre: «El hombre ha nacido libre y en todas partes se encuentra encadenado.» El hombre es bueno por naturaleza.
Para comprender la situación presente del hombre, es necesario entender su situación originaria, previa a la organización social y la aparición de las leyes. En el estado de naturaleza, todos los individuos eran iguales y libres. El hombre natural era el «buen salvaje», bueno debido a «la calma natural de sus pasiones y la ignorancia del vicio.»
A diferencia de la concepción aristotélica, Rousseau concibe al hombre natural como un ser asocial, libre y feliz, aislado de sus semejantes, viviendo una vida pacífica sin diferencias. Los hijos solo permanecen vinculados al padre el tiempo necesario para su conservación. El hombre se guía por dos sentimientos naturales: el amor a sí mismo y la compasión. Las desigualdades no son naturales, sino producto de la cultura y la vida en sociedad.
Rousseau explica este paso: el primer hombre que dijo «esto es mío» fundó la sociedad civil. La propiedad privada es la causa de la sociedad, generando ambición y deseo de riqueza, conduciendo a un estado de guerra. Rousseau critica la desigualdad política, causada por los gobiernos y las leyes. El desarrollo de las ciencias y las artes también crea pasiones egoístas, una falsa libertad que los poderosos conceden a los hombres, convirtiéndolos en «esclavos de un orden político despótico.» Esta postura se opone al proyecto de la Ilustración y la Enciclopedia.
Dado que el retorno al estado de naturaleza es imposible, la razón es el instrumento para superar los males y alcanzar una tercera situación. En El Emilio, Rousseau propone una educación que siga los procesos naturales humanos, fomentando los sentimientos naturales de amor a sí mismo y al prójimo, buscando una «libertad bien dirigida.»
En El Contrato Social, Rousseau desarrolla su pensamiento político. El estado social, aunque no connatural al hombre, se ha vuelto imprescindible. El hombre es bueno por naturaleza. Para comprender la desigualdad actual, se debe comprender la situación originaria del hombre, antes de la sociedad y las leyes. En el estado de naturaleza, todos eran iguales y libres. El hombre era el «buen salvaje», bueno por «la calma de sus pasiones y la ignorancia del vicio».
El hombre natural era asocial, vivía libre y feliz, aislado, en paz y sin diferencias. Se guiaba por el amor a sí mismo y la compasión. Las desigualdades provienen de la cultura y la sociedad.
El paso al estado social se explica así: el primer hombre que dijo «esto es mío» fundó la sociedad civil. Surgieron la ambición y el deseo de riqueza, llevando a la guerra. Rousseau critica la desigualdad política, causada por gobiernos y leyes, y la desigualdad generada por las ciencias y las artes, que crean pasiones egoístas.
Las desigualdades de la propiedad privada llevaron a la creación de sociedades, donde el hombre perdió la libertad. Las leyes favorecían a los poderosos, creando una jerarquía entre propietarios y no propietarios. La razón es la herramienta para superar estos males y alcanzar una nueva situación.
El nuevo contrato social es un pacto entre la comunidad y el individuo, generando una «voluntad general.» Este pacto tiene dos características:
La voluntad general es la suma de las voluntades individuales, orientadas al bien común. Siempre es justa y recta, ya que incluye todas las voluntades. La libertad se alcanza viviendo en sociedad, ganando libertad civil. El hombre solo alcanza la verdadera libertad obedeciendo a su propia voluntad.
Rousseau propone la soberanía popular como sistema de gobierno: la autoridad política reside en el pueblo y se expresa mediante el sufragio universal. La soberanía es indivisible.