Portada » Historia » España en el Siglo XX: Dictadura de Primo de Rivera y Segunda República
La dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) fue un régimen autoritario instaurado en España tras el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923. Este golpe contó con el respaldo del rey Alfonso XIII y se justificó como una solución temporal a la crisis política, social y económica que afectaba al país.
En los años previos al golpe, España vivía una profunda crisis política debido a la inestabilidad del sistema de la Restauración, basado en el turnismo entre los partidos Liberal y Conservador. La corrupción, el caciquismo y la falta de respuestas eficaces a los problemas del país habían generado un gran descontento. Además, el conflicto en Marruecos, especialmente el desastre de Annual en 1921, había desacreditado al gobierno y al ejército. Ante esta situación, Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, tomó el poder con el apoyo de sectores militares y monárquicos, prometiendo acabar con la crisis y restaurar el orden.
Primo de Rivera instauró un Directorio Militar que suspendió la Constitución de 1876, disolvió el Parlamento y prohibió los partidos políticos.
Su gobierno adoptó un enfoque centralista y autoritario, como refleja el decreto mostrado en la imagen, donde se impone el castellano como única lengua oficial en los actos administrativos, limitando el uso de las lenguas regionales.
Durante la dictadura, se reprimió cualquier tipo de oposición política, incluyendo a republicanos, socialistas y nacionalistas. Hubo una fuerte censura de prensa y se persiguieron las manifestaciones obreras y sindicalistas. Sin embargo, Primo de Rivera contó inicialmente con el apoyo de sectores de la burguesía, al garantizar estabilidad y crecimiento económico.
El nacionalismo catalán y vasco fueron duramente reprimidos. Se prohibió el uso oficial de las lenguas regionales, como el catalán, el gallego y el euskera, lo que generó un fuerte rechazo en estas regiones. Este decreto reflejado en la imagen es un claro ejemplo del intento de homogenización cultural del régimen, permitiendo solo el uso del castellano en documentos oficiales.
Durante los primeros años de la dictadura de Primo de Rivera, la economía española experimentó un crecimiento gracias a la estabilidad política y a una fuerte inversión en infraestructuras. Se promovió un ambicioso plan de obras públicas, incluyendo la construcción de carreteras, ferrocarriles, puertos y embalses, con el objetivo de modernizar el país y generar empleo. Además, el gobierno creó monopolios estatales como CAMPSA, que centralizó el sector petrolero, y fomentó el desarrollo industrial, especialmente en sectores estratégicos como la siderurgia y la electricidad.
El proteccionismo económico favoreció a algunas industrias, pero también generó desigualdades, ya que el sector agrícola, que aún empleaba a la mayor parte de la población, no recibió los mismos beneficios. La situación económica comenzó a deteriorarse con la crisis de 1929, que afectó al comercio y provocó un aumento del desempleo y la deuda pública. Al depender en gran medida de la inversión estatal, cuando el financiamiento se agotó, el modelo económico de Primo de Rivera entró en crisis, debilitando su régimen.
La política cultural de la dictadura estuvo marcada por el centralismo y la exaltación del nacionalismo español, suprimiendo las manifestaciones culturales regionales. Se prohibió el uso de las lenguas cooficiales en los actos administrativos y en la educación, lo que generó un fuerte rechazo en Cataluña y el País Vasco.
A pesar de la censura y el control ideológico, el período vio ciertos avances en la educación. Se promovió la enseñanza técnica y se construyeron nuevas escuelas, aunque la educación siguió estando influenciada por la Iglesia Católica, manteniendo un modelo tradicionalista.
En el ámbito artístico y literario, a pesar de la represión, surgieron figuras importantes de la llamada Generación del 27, como Federico García Lorca, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre, que revolucionaron la poesía española. También en el cine y la arquitectura hubo avances, con la llegada de las primeras películas sonoras y la influencia de corrientes europeas como el racionalismo en la construcción. Sin embargo, la censura limitó la expresión de muchas obras y publicaciones consideradas peligrosas para el régimen.
La Segunda República Española (1931-1936) fue un período de intensos cambios y conflictos que marcaron el rumbo del país y lo llevaron al estallido de la Guerra Civil en 1936. Este período estuvo caracterizado por una profunda transformación en los ámbitos político, social, económico y cultural, con reformas ambiciosas que encontraron una fuerte resistencia en distintos sectores de la sociedad.
La Segunda República se proclamó el 14 de abril de 1931 tras la victoria de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales y la posterior salida del rey Alfonso XIII. Desde el inicio, el régimen se propuso modernizar España mediante una nueva Constitución aprobada en diciembre de 1931, que establecía un sistema democrático, el sufragio universal (incluyendo el voto femenino), la separación entre Iglesia y Estado, la educación laica y la posibilidad de expropiación de tierras por utilidad social.
El período republicano estuvo marcado por una fuerte inestabilidad política debido a la polarización entre la izquierda y la derecha. En 1931, las fuerzas progresistas dominaron el gobierno, implementando reformas sociales y económicas.
Sin embargo, en las elecciones de 1933, la derecha obtuvo la mayoría y comenzó a revertir muchas de estas medidas, lo que provocó una radicalización en los sectores obreros y campesinos. En 1936, el Frente Popular, una coalición de izquierdas, ganó las elecciones, lo que generó una mayor tensión con la derecha y sectores militares, desembocando en el golpe de Estado de julio de 1936 que dio inicio a la Guerra Civil.
La sociedad española de la época estaba profundamente dividida. En las ciudades, la clase trabajadora sufría condiciones laborales precarias, lo que llevó a numerosas huelgas y conflictos sindicales. El movimiento obrero, representado por sindicatos como la CNT y la UGT, se fortaleció y protagonizó protestas en demanda de mejores condiciones de vida. En el campo, los jornaleros vivían en una situación de miseria extrema, lo que impulsó la necesidad de una reforma agraria para redistribuir la tierra y mejorar su calidad de vida.
La lucha entre los sectores progresistas y conservadores también se reflejó en la relación entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia, que históricamente había tenido una gran influencia en la sociedad, perdió privilegios con la nueva legislación republicana, lo que provocó un fuerte rechazo de los sectores religiosos y tradicionalistas.
Uno de los grandes logros de la Segunda República fue el impulso a la educación y la cultura. Se crearon miles de escuelas en todo el país para combatir el alto índice de analfabetismo y se promovió una educación laica y gratuita. Además, se fomentó la participación de las mujeres en la vida pública, otorgándoles derechos como el voto y el acceso a la educación superior.
El arte, la literatura y el pensamiento político también vivieron un gran auge durante este período. Figuras como Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí representaron una vanguardia artística que situó a España en el mapa cultural europeo. Las Misiones Pedagógicas llevaron la cultura y la educación a zonas rurales, democratizando el acceso al conocimiento.
España seguía siendo un país eminentemente agrario, con una distribución de tierras muy desigual. La reforma agraria intentó redistribuir las tierras improductivas para que los campesinos pudieran trabajarlas, pero su implementación fue lenta y encontró una fuerte oposición de los grandes terratenientes, lo que generó aún más tensión social.
La industria, aunque en crecimiento, se vio afectada por la crisis económica mundial de 1929, lo que provocó un aumento del desempleo y una reducción en la producción. La falta de industrialización en muchas regiones limitó el desarrollo del país y acentuó las diferencias entre el campo y la ciudad.