Portada » Historia » España en el Siglo XIX: Demografía, Industrialización y Crisis Política
A lo largo del siglo XIX, la población española creció lentamente en comparación con otros países europeos, pasando de 10,5 a 18,6 millones de habitantes, un aumento del 77%, mientras que en otros países desarrollados al menos se duplicó. A pesar de tener una alta tasa de natalidad (34 por 1000), la elevada mortalidad impidió un crecimiento demográfico significativo. Las principales causas de esta mortalidad fueron la crisis de subsistencia, las epidemias y las enfermedades endémicas. Las crisis de subsistencia se debieron a condiciones climáticas adversas y al atraso técnico agrícola, agravado por un deficiente sistema de transportes. Las epidemias, como la fiebre amarilla y el cólera, y las enfermedades endémicas, como la tuberculosis y la viruela, afectaron especialmente a las zonas más pobres con peores condiciones de vida. España siguió siendo un país mayoritariamente rural, pero la incapacidad de absorber el crecimiento de la población en el campo impulsó un lento proceso de urbanización. Madrid y Barcelona duplicaron su población debido al éxodo rural, lo que llevó a la reforma de las ciudades con la creación de ensanches. Además, la emigración tuvo un impacto importante en la pérdida de población, especialmente entre los jóvenes. La emigración exterior estuvo prohibida hasta 1863, cuando se permitió hacia América, con destinos como Argentina, México, Brasil y Venezuela. En Europa, las migraciones fueron limitadas y generalmente ligadas a exilios políticos temporales. La emigración interior se dirigió desde el centro a la periferia favorecida por la industrialización y el crecimiento comercial en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao, lo que consolidó el éxodo rural y aceleró la urbanización.
Durante el siglo XIX, España intentó llevar a cabo un proceso de industrialización similar al de otros países europeos, con el objetivo de transformar su economía agraria en una basada en la industria y el comercio. Sin embargo, los resultados fueron limitados y la modernización industrial solo se produjo en algunas regiones periféricas. La mayor parte de la producción continuó siendo artesanal, destacando sectores como los curtidos, cerámica, el vino… La industria textil se concentró en Cataluña, donde existía una burguesía empresarial activa y una tradición manufacturera previa. Gracias a la protección arancelaria, el sector algodonero se desarrolló con la introducción de la máquina de vapor y la maquinaria inglesa. Sus productos se vendían en el mercado nacional y en las colonias, aunque su crecimiento se limitó por la pobreza de la gente. La pérdida de colonias en 1898 fue un duro golpe para la industria textil catalana. España tenía abundantes recursos mineros, pero su explotación se retrasó por la falta de capitales y demanda. Tras la Revolución de 1868, la Ley de Minas facilitó la inversión extranjera, permitiendo la exportación de minerales en bruto. La siderurgia sufrió dificultades por la escasez de carbón de calidad y la baja demanda. Se desarrolló en tres etapas: en Málaga hasta 1860, en Asturias entre 1860 y 1880, y finalmente en Vizcaya, donde Altos Hornos de Vizcaya prosperó gracias a la importación de carbón galés. La industrialización española fue lenta y limitada por la falta de capital, un mercado débil y la dependencia del proteccionismo. Como resultado, solo Cataluña y Vizcaya lograron cierto desarrollo, aunque con dificultades para competir con el exterior.
Se trata de la carta de abdicación de Amadeo I de Saboya, rey de España (1871-1873). Es un texto histórico y político dirigido al pueblo español y a las instituciones políticas del país. El documento se produce en el momento en el que Amadeo I renuncia al trono, lo que marca el fin de la monarquía de la Casa de Saboya en España y el inicio de la Primera República. Este documento fue escrito el día de su abdicación, 11 de febrero de 1873. En cuanto a las ideas principales, se puede apreciar el honor de Amadeo tras su reinado en España, el lamento de las constantes dificultades a lo largo del mismo y la más importante, la renuncia al trono debido a la imposibilidad de gobernar un país dividido por luchas internas. Otras ideas secundarias son la continua lucha entre partidos y reafirmar su compromiso con la legalidad.
Hay diversas causas políticas que provocaron la llegada al trono de Amadeo de Saboya. El inicio de los cambios políticos que llevaron a esto comienzan en el final del reinado de Isabel II. Entre 1863 y 1868 existen varios gobiernos conservadores y autoritarios. El malestar social aumentó por una gran crisis industrial, financiera y de subsistencia. El desprestigio político de Isabel II va a facilitar el auge de progresistas, demócratas y republicanos en el famoso “Pacto de Ostende” de agosto de 1866. Luego se unen los unionistas. El objetivo del pacto fue destronar a Isabel II y convocar las Cortes Constituyentes. Entonces la sublevación estalla en septiembre de 1868 en Cádiz con el Almirante Topete al frente. Pronto se unen los generales Prim y Serrano. La conocida como la “Revolución Gloriosa” triunfa en el país en ese año de 1868. Posteriormente, se establece un gobierno provisional presidido por Serrano y Prim en el ministerio de guerra. El nuevo gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal. Aparece la Constitución de 1869 que recogía la soberanía nacional con una forma del estado con una monarquía democrática y cortes bicamerales. Prim, preside el gobierno, e inicia la búsqueda de un nuevo rey. El elegido fue Amadeo de Saboya, hijo del rey Victor Manuel II, rey de la Italia unificada. Amadeo era católico, pertenecía a casa real y no molestaba a Francia. Políticamente era el candidato perfecto.