Portada » Arte » Escultura Renacentista: El David de Miguel Ángel y su Impacto
En la arquitectura renacentista, se recuperan elementos constructivos del mundo clásico: arcos de medio punto, columnas y pilastras rematadas con los órdenes clásicos, cúpulas, y bóvedas de cañón decoradas con casetones. Se aplica rigurosamente la geometría y la matemática, con el fin de conseguir la perfección del ideal clásico, tal y como se observa en las villas, palacios urbanos e iglesias.
La escultura del Renacimiento se independiza de la arquitectura, deja de ser un simple elemento decorativo para cobrar vida propia. Busca la belleza y el equilibrio, con el desnudo como uno de sus temas más recurrentes, exaltando al ser humano como centro de la Creación. Los materiales destacados son el mármol y el bronce. El relieve merece especial mención, pues está muy trabajado e introduce la perspectiva en sus composiciones.
En la pintura renacentista, se desarrolla la técnica del fresco y del óleo, teniendo este último el lienzo como soporte básico. La temática es religiosa o profana, predominando temas mitológicos, alegóricos o históricos. El retrato adquiere gran importancia. El logro principal es el uso de la perspectiva, al conseguir representar en un plano la tercera dimensión o profundidad, logrado con la perspectiva lineal (líneas que confluyen en un punto de fuga) o aérea (que difumina los contornos más alejados). Las figuras se enmarcan en fondos de naturaleza o arquitectura, destacando los acusados escorzos.
La función de la obra es decorativa, aunque también se convierte en un símbolo político de la ciudad de Florencia. Representa el triunfo del Neoplatonismo, es decir, la fusión de lo cristiano (el tema) y lo pagano (la representación a la manera de la Antigüedad). La obra muestra el triunfo de la condición humana renacentista como expresión del valor del hombre en la nueva sociedad, de la belleza, de su anatomía y de los sentimientos nobles.
Los antecedentes de esta obra son evidentes en la estatuaria griega y romana, así como en otras esculturas renacentistas como el David de Donatello. Su influencia se refleja en obras posteriores pertenecientes al Manierismo, Barroco, Neoclasicismo e incluso anticipó el Expresionismo contemporáneo del siglo XX, como se aprecia en la Piedad Rondanini de 1564.
La obra se encuentra actualmente en la Galería de la Academia, de Florencia, aunque su emplazamiento original fue en un espacio público, la Plaza de la Signoría, como símbolo cívico-patriótico de la República Florentina. Actualmente, se emplaza una copia moderna de El David en dicha plaza. Este contexto histórico se enmarca en el exilio temporal de los Médicis (gobernantes, mecenas y banqueros) de Florencia, siendo sustituidos por el gobierno republicano de los ciudadanos.
En el Cinquecento (siglo XVI), la ciudad de Roma toma el relevo de Florencia como principal foco artístico, y el Renacimiento se extiende por toda Europa occidental, regionalizándose. El artista deja de ser un simple artesano para convertirse en un intelectual.
La escultura es El David y su artífice fue Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564). Miguel Ángel fue un auténtico homo universalis renacentista, destacando como arquitecto, escultor y pintor. Se consideraba un perfeccionista que nunca estaba enteramente satisfecho con su trabajo, lo que le hacía estar siempre de mal humor y en tensión, personalidad que se reflejaba en los rostros de sus esculturas, su famosa terribilitá. Realizó la talla con 26 años, por lo tanto, es una obra de juventud. Miguel Ángel estudió el pasado clásico, impactándole los restos arqueológicos durante su estancia en Roma, influencia que se refleja en toda su obra.
A fines del Renacimiento (Alto Renacimiento), los ideales clásicos se hicieron insuficientes, resultando monótonos. Se necesitaban nuevos retos artísticos y Miguel Ángel trató de romper dichos moldes de armonía, equilibrio, belleza serena o edificios perfectos y simétricos. El artista huyó de estos principios, aunque bebiera de sus fuentes, y persiguió la belleza más allá de las formas, interesándose por su fuerza interior. Por lo tanto, su lenguaje es más manierista que clásico.
En 2004, con motivo de la celebración de su 500 aniversario, la obra fue sometida a una profunda limpieza y restauración debido al deterioro que presentaba.