Portada » Magisterio » Elementos Clave del Currículum Educativo: Objetivos, Contenidos, Metodología y Evaluación
Curriculum Hacia la Comprensión del Concepto:
Pese a sus posibles inconvenientes y limitaciones, esta primera definición tiene la virtud de poner de relieve y en primer plano los que podemos considerar elementos básicos del currículum, es decir, el conjunto de componentes mínimos que integran cualquier currículum educativo: los objetivos, los contenidos, la metodología y la evaluación.
Las intenciones que presiden un proyecto educativo determinado y el conjunto de metas y finalidades en que dichas intenciones se concretan. Los objetivos definen lo que queremos conseguir, el “para qué” de la acción educativa. Debido a la influencia de los años 70 bajo el paradigma conductista sobre el aprendizaje, para muchos hablar de los objetivos es lo mismo que hablar de conductas que los alumnos deben mostrar. Esto equivale a hablar de objetivos operativos que definen las metas de la enseñanza en términos de conductas observables y medibles. Hoy se tiende a hablar de los objetivos del currículum no en términos de conductas sino en términos de competencias y capacidades. El ritmo rápido de cambio, sobre todo en lo tecnológico, requiere de individuos flexibles capaces de adaptarse al cambio, manejar los recursos tecnológicos, con una gran capacidad de búsqueda, organización y análisis. La sociedad del conocimiento a la vez es la sociedad del aprendizaje. La necesidad de la formulación de los objetivos curriculares en términos de competencias más o menos amplias, es una necesidad impuesta por las demandas de la sociedad actual de los procesos de formación. Implica un cambio de enfoque desde una enseñanza centrada en los contenidos, a otra centrada en el desarrollo de determinadas capacidades, cognitivas, motrices, interpersonales.
Cuando pensamos la formación en términos de un proceso orientado al desarrollo de capacidades o competencias, los contenidos se convierten en herramientas o instrumentos para ese fin. En la actualidad, los contenidos no se entienden como conocimientos teóricos sino como saber y saber hacer, es decir, como contenidos conceptuales y procedimentales.
Los contenidos conceptuales son el conjunto de conocimientos teóricos que pretendemos que sean adquiridos por los alumnos en el proceso formativo e incluyen conceptos como teorías y principios. Los contenidos procedimentales son el conjunto de saberes prácticos, son las técnicas, métodos, estrategias, habilidades o destrezas, que pretendemos que alguien adquiera.
El cómo enseñar especifica actividades y experiencias para que los diferentes contenidos se aprendan adecuadamente y sirvan para el desarrollo de competencias y habilidades. Incluye al menos los siguientes elementos:
Como último elemento básico del currículum, aunque no por ello menos importante, tenemos la evaluación, que hace referencia a los procesos de control y reformulación del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Se deben evaluar, pues, tanto los resultados como los procesos y tanto el aprendizaje como la enseñanza, y unos y otros deben evaluarse con una doble perspectiva: formativa y sumativa.
Cuando hablamos de evaluación sumativa nos estamos refiriendo a lo que todos conocemos, es decir, a la evaluación que se hace con carácter final y para comprobar si se han alcanzado los objetivos previstos (lo que supone una evaluación, sobre todo, de los resultados del alumnado o evaluación del rendimiento final del mismo), mientras que cuando hablamos de evaluación formativa nos referimos a una evaluación en su sentido más “educativo”, esto es, como medio para detectar aciertos y fallos y, en consecuencia, para poder poner remedio a lo que va mal y optimizar lo que va bien (lo que equivale a hablar de una evaluación que incluye de forma central los procesos, además de los resultados, y la enseñanza, además del aprendizaje). Un proceso de enseñanza bien llevado a cabo requiere hacer evaluaciones al principio (inicial), durante el proceso (evaluación continua) y al final del mismo (evaluación final), pero las tres tienen al mismo tiempo una dimensión formativa y sumativa.
La fundamentación sociológica del currículum hace referencia al conjunto de demandas que la sociedad realiza a un proyecto de formación determinado y tiene como finalidad, por tanto, adecuar ese proyecto a las necesidades, valores y expectativas sociales. Desde luego, dichas necesidades, valores y expectativas deben influir de manera muy especial en la determinación de objetivos y en la selección de los contenidos curriculares, pero deben ser tenidas también en cuenta en las decisiones metodológicas y sobre la evaluación.
La fundamentación epistemológica se refiere a las exigencias que imponen al diseño curricular las características propias de las disciplinas que se toman como referencia al seleccionar y organizar los contenidos.
La fundamentación psicológica, por su parte, se refiere a las concepciones y teorías sobre el desarrollo y el aprendizaje que tomamos como referencia a la hora de decidir la metodología que seguiremos, la selección y formulación de los objetivos y la organización de los contenidos, entre otros aspectos.
La fundamentación pedagógica, por último, tiene que ver con las concepciones teóricas que uno sostiene acerca de cómo se debe enseñar, tanto en general, como en lo que afecta a una determinada materia o contenido.
Desde luego, esas diferentes fuentes desde las que planeamos y llevamos a cabo el currículo no son siempre “formales” y explícitas, pero no por ello dejan de estar siempre presentes en cualquier proyecto educativo. Por ello, si deseamos desarrollar una práctica educativa apropiada y exitosa, lo mejor es tratar de hacerlas explícitas y de desarrollarlas de forma reflexiva, informándonos lo mejor posible antes de tomar ninguna decisión.