Portada » Historia » El Sistema Canovista, Movimiento Obrero y Nacionalismo Vasco: España a Finales del Siglo XIX
Una vez aprobada la Constitución, comenzó su andadura el sistema canovista, sustentado sobre dos pilares: la soberanía compartida del rey y las Cortes, y la existencia de unos partidos oficiales que aceptaran la legalidad constitucional. Cánovas pensaba que eran precisos dos partidos respetuosos de la Constitución para acoger la disparidad de criterios y poder turnarse en el gobierno. Serían grandes partidos de notables que nada tendrían que ver con los partidos de masas. Cánovas, jefe del partido liberal-conservador, precisaba un partido que se estructurara de acuerdo con la izquierda dinástica, así convocó al nuevo partido liberal-canovista que tenía de jefe a Sagasta.
La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el rey. Los artículos fueron aprobados en breve tiempo y con pocos debates, si se exceptúan los que afectaban a la cuestión religiosa. El Congreso se dividió entre los defensores de la unidad católica y los partidarios de la tolerancia dentro de la línea de la Constitución de 1869. Al final se llegó a una fórmula ecléctica que pretendía satisfacer a todos.
El movimiento obrero representó una oposición total al sistema. Se había organizado de forma consistente durante el Sexenio y desde entonces los obreros se sentían totalmente decepcionados de la clase política y, en consecuencia, enfrentados directamente con ella. Las dos corrientes fundamentales mantenían relaciones activas con las organizaciones europeas (Internacionales).
Fanelli (discípulo de Bakunin) había extendido con gran éxito la corriente anarquista en España, especialmente en el arco mediterráneo y la Baja Andalucía. Barcelona, Zaragoza y la provincia de Cádiz fueron bastiones anarquistas. Se creó la Federación de Trabajadores de la Región Española. Durante la Restauración fue un movimiento dividido en dos tendencias: una más cercana a la resistencia solidaria y pacífica (Cataluña) y otra más partidaria de la acción violenta (Andalucía). En este sentido es ilustrativo el caso de la organización conocida como la Mano Negra, presunta «organización anarquista secreta y violenta» que actuó en Andalucía a finales del siglo XIX a la que se le atribuyeron asesinatos, incendios de cosechas y edificios. Aunque los grupos anarquistas locales afirmaban que no tenían nada que ver con dicha organización, las fuerzas de seguridad del Estado llevaron a cabo una dura represión basándose en cuatro crímenes cometidos a finales de 1882 y los primeros meses de 1883. El resultado fue la condena a muerte de quince campesinos, de los cuales siete fueron ejecutados en la Plaza del Mercado de Jerez de la Frontera, el 14 de junio de 1884. No está claro si la Mano Negra existió o si fue una imputación injustificada del gobierno de Sagasta para aplacar las revueltas en los campos del sur de España.
Los socialistas seguían las ideas de Marx. Partían de la necesidad de que las clases obreras participaran en la política a través de un partido político propio, de clase. Pablo Iglesias fundó en 1879 el PSOE. En 1886 se publicó El Socialista. En 1888 se fundó la UGT (Unión General de Trabajadores), sindicato socialista. Sus zonas de expansión fueron Madrid, cuencas mineras del norte de la península, Castilla la Nueva, Extremadura… Pablo Iglesias fue el primer diputado socialista (1910) en España.
El nacionalismo en el País Vasco surgió en un clima compartido de defensa de los fueros. Tras la ley que derogaba sus fueros históricos en 1876, hubo dos tipos de reacciones y filosofías: la de los que supieron rentabilizar la situación para transformar la pérdida en conciertos económicos con Madrid en provecho propio y la de los que defendieron la recuperación íntegra de los fueros.
Sabino Arana se limitó a recoger y dar coherencia a estas ideas que flotaban en la sociedad y las depuró. El lema nacionalista vasco era «Dios y ley vieja», es decir, fueros y tradiciones. El 31 de julio de 1895 se fundó el primer Partido Nacionalista Vasco con una declaración antiespañolista y con una voluntad de restaurar en el territorio el orden jurídico tradicional.
El nacionalismo vasco surgido a fines del siglo XIX llegó a llamarse bizkaitarrismo porque comenzó como un partido vinculado exclusivamente a Bizkaia. El nacionalismo contribuyó a la afirmación del derecho de reconocimiento jurídico y constitucional de la personalidad política. En diciembre de 1906, tres años después de la muerte de Sabino Arana, se celebraba la primera asamblea, con la creación de las Juventudes Vascas. En 1910 el PNV sufrirá una escisión entre sus elementos más progresistas, separándose el grupo Askatasuna.
Hasta 1918 el nacionalismo fue un fenómeno vizcaíno únicamente. En Álava el nacionalismo no tuvo presencia relevante hasta la Segunda República. El PNV buscaba apoyo monetario y la burguesía librecambista, y la colaboración con la monarquía. En 1916 los nacionalistas de De la Sota consiguen apartar a Luis Arana de la directiva del PNV, que adopta el nombre de Comunión Nacionalista Vasca.
Los efectos económicos no fueron demasiado duros debido, entre otras cosas, a la repatriación de los capitales españoles, pero el alto número de víctimas españolas y la sensación de decadencia irreversible en un contexto internacional de naciones jóvenes e industrializadas, fueron determinantes para la fuerte conmoción que se vivió en España. Aunque quedaron patentes los límites del sistema de la Restauración, la pérdida del imperio de ultramar fue considerada principalmente un desastre tanto militar como diplomático, sobre todo porque desde la prensa se había propagado desmedidamente la creencia de la superioridad militar española, pero la derrota no provocó ningún cambio político. De hecho, la crisis del 98 fue más bien de índole intelectual que propiamente política. El régimen ensayó con Francisco Silvela un revisionismo del sistema canovista, mediante un intento de renovación desde arriba. Las consecuencias directas de la derrota fueron: