Portada » Historia » El Reinado de Carlos I: Conflictos Internos y Política Imperial en España
El reinado de Carlos I marcó el inicio de la dinastía de los Austrias (o Habsburgo) en España. Esta etapa continuó y profundizó la organización política heredada de los Reyes Católicos, caracterizada por la presencia de letrados, secretarios reales y corregidores. Se mantuvo el sistema polisinodial, aunque modificado. El Consejo de Estado, que reunía a personalidades de cada reino del Imperio, se convirtió en el organismo de mayor poder político. La Corona de Aragón conservó sus «peculiaridades», obstaculizando los intentos de centralización. El modelo político imperial se define como una monarquía multinacional, polisinodial y descentralizada, con primacía de Castilla. La unidad de España era frágil, con frecuentes enfrentamientos entre partidarios de la centralización y defensores del foralismo. Los ingresos principales de la monarquía provenían de Castilla, especialmente de los metales preciosos de América.
Carlos I, nacido en Gante (Bélgica) en 1500, abdicó en Bruselas en 1555 y se retiró al monasterio de Yuste. Heredó vastos territorios: España (Castilla, Aragón, la América descubierta, Nápoles, etc.) de los Reyes Católicos; Austria y Alemania de su abuelo Maximiliano; y los Países Bajos, Flandes y el Franco Condado de María de Borgoña, su abuela paterna. Llegó a Castilla en 1516, tras la muerte de Fernando el Católico, acompañado de consejeros flamencos, entre ellos Adriano de Utrecht (futuro papa Adriano VI), quienes desconocían el país y su idioma. Recién llegado, convocó a las Cortes para solicitar nuevos impuestos, lo que desencadenó importantes conflictos internos.
El malestar en Castilla, ya presente durante las regencias de Fernando y del cardenal Cisneros tras la muerte de Isabel, se agravó con la llegada del monarca y sus consejeros extranjeros. La ambición de poder de Carlos I chocaba con la tradición de libertades de Castilla. El rey no residía en España, se llevaba el oro y la plata, y los extranjeros ocupaban cargos de gobierno. Las principales ciudades castellanas se sublevaron, reemplazando el poder municipal por comunas. El pueblo exigía el regreso del monarca, ya que Carlos I había utilizado el dinero de los impuestos para obtener la elección como Emperador alemán. La nobleza defendía sus privilegios frente a la nobleza flamenca. La burguesía, temerosa de perder su influencia en los Consejos de las ciudades y en la representación en Cortes, reclamaba el control de la exportación de la lana, preocupada por la posibilidad de que se dejara de exportar lana en bruto a Flandes. El clero temía la introducción del erasmismo o el protestantismo en España.
El detonante del conflicto (una guerra civil castellana entre 1520 y 1522) fue la petición de subsidios por parte de Carlos I a las Cortes para su coronación imperial. El pueblo buscó el apoyo de la reina Juana. Padilla, Bravo y Maldonado lideraron la revuelta comunera. Toledo, Segovia, Ávila, Burgos, Murcia, entre otras, se alzaron contra la monarquía. Murcia abandonó la causa comunera debido a las constantes amenazas vecinas. Los sublevados pronto enfrentaron la oposición del monarca, de los grandes exportadores de lana y de la gran nobleza terrateniente. Adriano de Utrecht reunió un ejército en ausencia del rey. Surgieron divisiones dentro del bando comunero, destacando la deserción de Burgos.
La guerra concluyó con la batalla de Villalar (Valladolid) el 23 de abril de 1521, fecha que coincide con la actual festividad de la Comunidad de Castilla y León. Todas las ciudades volvieron a jurar lealtad al rey. Los principales líderes comuneros fueron ejecutados. La derrota comunera marcó el comienzo del absolutismo en Castilla y el fortalecimiento del poder real. Mediante el Perdón General, Carlos I perdonó a 293 comuneros. Las consecuencias fueron graves para Castilla: se frustraron los objetivos de la burguesía castellana y las Cortes se convirtieron en un instrumento del rey, quien continuó recaudando impuestos para financiar su política imperial en Europa. La industria textil perdió la oportunidad de desarrollarse.
Este movimiento de carácter social, que tuvo lugar en Valencia y Mallorca, enfrentó a la alta nobleza, apoyada por los monarcas, con la burguesía ciudadana. Se desarrolló simultáneamente a la revuelta de las Comunidades y afectó principalmente a Valencia y Mallorca. Las Germanías eran hermandades formadas por artesanos, pequeña burguesía y campesinos que se oponían a la oligarquía ciudadana, la nobleza y el alto clero. Los sublevados, con escasa representación en el gobierno municipal, exigían una mayor democratización de los cargos municipales y mejoras en los arrendamientos campesinos. La situación económica era precaria y los gremios estaban armados (desde el reinado de Fernando) para defenderse de los piratas berberiscos.