Portada » Historia » El Ascenso del Totalitarismo Estalinista y la Crisis de Entreguerras: URSS y el Crack del 29
Tras la muerte de Lenin, se desencadenó una lucha por el poder entre Trotski y Stalin, quienes representaban modelos políticos divergentes. Trotski era partidario de priorizar la revolución general en Europa y el mundo, bajo la premisa de que el socialismo no podía prosperar en un solo país. Stalin, por su parte, priorizaba la consolidación económica y política de la Rusia soviética.
La disputa se resolvió en 1927, cuando la mayoría del partido bolchevique apoyó a Stalin, llevando a la expulsión y posterior exilio de Trotski. En el ámbito de las relaciones exteriores, Stalin abandonó la acción revolucionaria directa, optando por la táctica de creación de Frentes Populares. Utilizó el Komintern, creado por la III Internacional, para imponer su política a través del control de los partidos comunistas. La URSS ingresó en la Sociedad de Naciones en 1934.
En la política interior, Stalin implementó purgas a partir de 1933, eliminando físicamente a opositores, especialmente a los trotskistas. Decenas de miles de personas desaparecieron, destacando las purgas de 1936-1938. Casi toda la «vieja guardia bolchevique», es decir, los antiguos dirigentes que no se sometieron a Stalin, fue juzgada y ejecutada. Se instauró un fuerte culto a la personalidad de Stalin.
En política económica, se implementaron los planes quinquenales para el desarrollo de la economía soviética, que constituyeron una estatalización de la economía. El primer plan se enfocó en desarrollar los medios de producción para la industrialización. El segundo buscaba duplicar el crecimiento del producto nacional bruto. El tercero fue interrumpido por la Segunda Guerra Mundial. Para entonces, la URSS ocupaba el tercer puesto en la economía mundial, detrás de Estados Unidos y Alemania.
Con estos planes, la URSS pasó a ser dirigida por el Estado, y la producción industrial creció un 12% anual en promedio. Surgió una nueva Rusia, más industrial y urbana.
Estados Unidos se consolidó como la primera potencia económica mundial. El «estilo de vida americano» generó un ritmo de vida de esplendor y triunfo conocido como los «felices años veinte», caracterizado por el consumo, el desarrollo industrial, la abundancia de mano de obra y dinero, la creación de fábricas y la implementación de nuevos métodos de producción como el taylorismo y la estandarización.
Europa, en cambio, enfrentó una época de problemas:
La crisis iniciada por el crack de la Bolsa de Nueva York en 1929 tuvo sus raíces en la euforia especulativa, especialmente a partir de 1924. Durante los «felices años veinte» (1924-1929), el mundo experimentó una expansión económica basada en la especulación, favorecida por la estabilidad política, el buen funcionamiento de los mercados y el control de la inflación. La especulación consistía en comprar valores bursátiles a bajo precio y venderlos cuando subieran.
El jueves 24 de octubre de 1929 («jueves negro»), la Bolsa de Nueva York vivió escenas dramáticas: se puso a la venta un gran número de acciones, lo que provocó una fuerte caída de los precios. La Bolsa y los bancos tuvieron que cerrar, arruinándose. El pánico se extendió y se produjo una reacción en cadena. Esta quiebra bursátil desencadenó una grave crisis financiera y económica del capitalismo mundial, conocida como el Crack de 1929, que daría paso a la Gran Depresión.