Portada » Historia » El Ascenso del Fascismo y la Dictadura de Mussolini en Italia
Resultado: un gran malestar social (conocido como el Biennio Rosso, 1919-1920), que se tradujo en:
Avance de reivindicaciones consideradas ‘revolucionarias’, que generaron la percepción de una ‘amenaza bolchevique‘.
El 23 de marzo de 1919, Benito Mussolini fundó en Milán los Fasci Italiani di Combattimento (Fascios Italianos de Combate). Eran grupos paramilitares con una ideología ultranacionalista y antiizquierdista, que ejercían la violencia (squadrismo) contra socialistas y anarquistas y proponían una ‘revolución’. Obtuvieron un éxito rápido y el apoyo social de los autodenominados ‘defensores del orden’ (clases medias, terratenientes, industriales).
Para atraer al conjunto de la derecha, la administración del Estado, la policía y el ejército, abandonaron en su ideario el carácter ‘revolucionario’ y descontrolado del movimiento inicial, que provocaba recelo. Así, en noviembre de 1921, se produjo la transformación de los Fascios en el Partido Nacional Fascista (PNF), que:
En agosto de 1922, los sindicatos convocaron una huelga general legalista contra la violencia fascista. Sin embargo, las agresiones y amenazas fascistas hicieron fracasar la convocatoria. Esto provocó que el Partido Fascista apareciera ante la ‘gente de orden’ como el último resorte eficaz contra la ‘revolución’.
Mussolini estimó que había llegado el momento de convertir sus apoyos en poder político. En octubre de 1922, organizó la Marcha sobre Roma con el objetivo de presionar y exigir ministerios fascistas en el gobierno. El gobierno quiso imponer el estado de sitio para reprimir la marcha, pero el rey Víctor Manuel III se negó a firmar el decreto. En cambio, el 30 de octubre de 1922, recibió a Mussolini y le encargó formar gobierno. Este primer gobierno de coalición incluía al propio Mussolini como jefe de gobierno y ministro de Interior y Exteriores, junto a otros ministros fascistas y miembros de partidos conservadores y populares.
Inicialmente, los fascistas simularon integrarse en el régimen liberal, pero de forma progresiva fueron desmantelándolo para instaurar un régimen totalitario.
La oposición, liderada por el diputado socialista Giacomo Matteotti, denunció la violencia y el fraude electoral. Como respuesta, Matteotti fue secuestrado y asesinado por sicarios fascistas en junio de 1924. El caso Matteotti generó una profunda crisis política y una ola de indignación (la oposición abandonó el parlamento en la llamada ‘Secesión del Aventino’). Ante la presión, Mussolini asumió la responsabilidad política, moral e histórica del crimen en un famoso discurso el 3 de enero de 1925, marcando el paso definitivo hacia la dictadura abierta.
Entre 1925 y 1926 se promulgaron las leyes ‘fascistísimas’, que liquidaron el Estado liberal:
1929: Firma de los Pactos de Letrán con la Santa Sede:
1939: Supresión de la Cámara de los Diputados, sustituida por la Cámara de los Fascios y de las Corporaciones, consolidando el modelo corporativo.
Italia se consolidó como un Estado totalitario: un régimen político que concentra la totalidad de los poderes estatales en manos de un único partido y su líder, eliminando cualquier forma de oposición o pluralismo y buscando controlar todos los aspectos de la vida social.