Portada » Economía » Economía Ecológica vs. Economía Ambiental: Un Enfoque Crítico
LIBRO: Inexistencia de una frontera definida entre «economía ecológica» y «economía ambiental».
La idea de analizar los procesos económicos en un marco más amplio que el del mercado y la formación de precios, dejando de lado cuestiones éticas y morales, e ignorando que la economía no es un sistema cerrado.
La importancia de la escala es menospreciada o de plano ignorada por el análisis convencional que ve la economía como sistema cerrado cuyo crecimiento es ilimitado y en el que es posible la total sustitución entre los diferentes bienes. En el texto se presenta una revisión de estas ideas, algunas de las cuales proponen que los recursos naturales son prescindibles y que la producción es posible sólo a partir de K (capital) y L (trabajo). Los autores, sin embargo, reconocen que en la función Cobb-Douglas, analíticamente de larga tradición, los factores K, L y R (recursos naturales) suman la unidad y, por tanto, no es posible prescindir de R aun cuando este factor tienda a cero.
Con la introducción de la variable tecnológica, una combinación de factores (inputs) daría paso a una producción exponencial creciente siempre y cuando la tasa de cambio técnico fuera positiva. Interpretaciones diversas de este modelo permiten aceptar un crecimiento acelerado de la población y del consumo con tasas de cambio técnico positivas, toda vez que se acepta la posibilidad de sustituir factores como por ejemplo R (capital natural) por K (capital físico o fabricado). Este argumento, por cierto, fundamenta la propuesta de «sustentabilidad débil» (pp. 311-355) de la economía ambiental. La sustitución de un factor por otro (p. 55) no acepta –como nos hacen ver los autores a lo largo del texto– el conocimiento y sabiduría tradicionales en el manejo de recursos, ni tampoco el principio precautorio y la necesaria cautela ante la limitada capacidad de la naturaleza y de los ecosistemas (resiliencia), para absorber el impacto de:
Enfoque sistémico de dos problemas:
Cabe aquí preguntarse si lo sustentable de una región se basa en su capacidad de importar bienes complementarios o si se justifica el nivel de consumo sólo a partir del ingreso y la capacidad para generarlo y mantener un nivel de vida deseado.
El impacto del comercio y de la explotación acelerada de recursos, sin embargo, trasciende regiones y naciones y se convierte en un problema global. De lo anterior se desprende la «internacionalización de la internalización de las externalidades» (pp. 443-447). Las externalidades (positivas o negativas) son beneficios o daños causados por una actividad cuyo valor no se refleja en los precios o costos establecidos por el mercado. La economía se globaliza y, por tanto, aumentan las empresas trasnacionales (ETN) que actúan en innumerables partes o lugares del mundo afectando a individuos, comunidades y ecosistemas locales. Esta población local organizada observa o padece la destrucción y aprende, con base en las ideas del ecologismo global, que es posible que las ETN «internalicen» las externalidades para propósitos locales. Pero, como perspicazmente detectan los autores, al mismo tiempo los conflictos locales propician el acomodo de la economía global a los límites de los ecosistemas.
Las enormes diferencias entre países –como exponen los autores– explican una percepción y unos esfuerzos diferentes para normar el uso de la tecnología. Lo anterior justifica el pesimismo de algunos y el optimismo de quienes confían en el progreso técnico. Un ejemplo es el aprovechamiento de la fuerza de las mareas que, sin embargo, se ve todavía a muy largo plazo.
El egoísmo es otro rasgo que hace difícil regular el crecimiento económico. Una cuestión adicional es el impacto intergeneracional de las formas de vida convencionales. Aun en el caso hipotético de que todos los países contribuyeran en igual proporción al efecto invernadero, ya sea en su aportación total o bien en su nivel per cápita, la percepción de la importancia que tiene el futuro puede ser distinta. Pero aun si esta valoración fuese semejante, y todos diesen suficiente importancia al futuro, es improbable que los costos fueran aceptables para todos y que el cumplimiento de acuerdos resultara sencillo, tanto por las diferencias económicas como por los niveles de desarrollo institucional, no menos que por la forma en que el valor de la vida humana se estima y compara entre países.