Portada » Historia » División y Unificación Alemana: Auge y Caída de la RDA
Como protesta, los soviéticos cerraron los accesos a Berlín, salvo por el aire, medio por el que EE.UU. abasteció a la población durante once meses. Aquella operación inclinó a buena parte de la población a favor del modelo occidental. El 23 de mayo, un Consejo Parlamentario ratificó la Ley Fundamental de Bonn, tras la autorización de los aliados. Nacía la República Federal de Alemania (RFA). El 7 de octubre, una Cámara Popular provisional declaraba el nacimiento de la República Democrática Alemana (RDA).
La RFA iba a organizarse como una democracia parlamentaria. La Ley Fundamental iba a conjugar las indicaciones marcadas por las potencias vencedoras, la reciente experiencia de la República de Weimar y del nazismo, y la división del territorio del Reich en dos partes.
Por su parte, la RDA se organizaba como una democracia socialista, con pluralidad de partidos pero con una única lista electoral, y donde el poder pertenecía en realidad al único partido marxista-leninista autorizado, el Partido Socialista Unificado Alemán, resultado de la forzada fusión en 1946 en la zona de ocupación soviética del SPD y del Partido Comunista Alemán. La RDA tuvo un déficit de legitimación ya poco tiempo después de su nacimiento. En 1953 se registraron levantamientos populares en buena parte de su territorio, donde los trabajadores reclamaban mejoras laborales y salariales, y un mayor grado de democracia. El levantamiento fue duramente reprimido. La legitimación de la RDA falló en los cuatro ámbitos en los que se configuraba la legitimidad en el ámbito europeo de tradición occidental, es decir, no fue capaz de lograr el consentimiento por parte de su ciudadanía.
Ni como Estado nacional; los problemas nacionales fueron los mismos que habían afectado siempre a Alemania, con el agravante de que ahora debía justificar su existencia como Estado separado.
Ni como Estado de derecho; se quebraba desde el momento en que no existía división de poderes y los niveles del partido se solapaban con los niveles similares del Estado, siendo en realidad los órganos de partido los decisorios.
Ni como Estado democrático; las formas reales de participación estaban desvirtuadas por el monopolio de facto del SED (Partido Socialista Unificado).
Ni como Estado social. Si bien es cierto que su nivel de vida era el más alto de los países del Este, dos factores debilitaron su potencial legitimador: desde mediados de los años setenta ese nivel de vida era posible gracias a los préstamos de la RFA, y los ciudadanos se comparaban con sus vecinos de la RFA y no con los otros países. La tutela soviética también se dejaba notar en el ánimo ciudadano, constantemente vigilado. La respuesta popular fue la construcción de una sociedad de nichos donde la población se refugiaba en su vida privada.
En octubre de 1990 desaparecería la RDA, uniéndose a la RFA aprovechando los mecanismos dispuestos a tal efecto por la Ley Fundamental. El proceso fue vertiginoso. Desde 1985 ostentaba el cargo de Secretario General del PCUS Mijaíl Gorbachov, un reformador que conocía el agotamiento del modelo soviético e introdujo cambios en aras de intentar salvar el socialismo. Cuando la perestroika (reestructuración) brindó la posibilidad del cambio, y la glasnost (transparencia) permitió renombrar la realidad existente, la falta de legitimidad se tradujo en la RDA en acción colectiva opuesta al régimen. Los tres elementos que lograban la estabilidad en la RDA (bienestar, adoctrinamiento y represión) había perdido fuerza en 1989, especialmente el último. En agosto de ese año se pusieron en marcha mecanismos de voz y salida como respuesta a la insatisfacción que producía el régimen. La salida tomó forma de huida del país y ocupación de las embajadas de la RFA en países del Este, mientras que la voz lo hacía incrementándose el número de los asistentes a las manifestaciones ilegales convocadas por los grupos de la oposición y de la iglesia evangélica.
La ausencia de represión y la falta de atención de las principales demandas hicieron aumentar el número de los asistentes a las manifestaciones.
Un punto de inflexión se había producido en 1988, con motivo de la manifestación oficial celebrada anualmente el 17 de enero en recuerdo del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en 1918. Al margen de las autoridades, numerosas pancartas con una oficialmente olvidada frase de Rosa desencadenaron la tormenta: la libertad es siempre la libertad de los que piensan de otro modo. Detenciones, encarcelamientos, destierros, ostracismos, etc. se sucedieron. La respuesta popular tampoco se hizo esperar, contando con la solidaridad del Este y del Oeste, de artistas, y de todos los colectivos.