Portada » Psicología y Sociología » Desarrollo y Medición de la Inteligencia: Más Allá del CI
Es importante considerar que existen casos de niños diagnosticados con retraso mental severo a los 3 o 4 años que luego experimentaron un desarrollo normal. De igual manera, niños considerados superdotados han enfrentado dificultades en sus estudios o en el ámbito laboral.
El principio de la profecía autocumplida cuestiona el valor predictivo de los test de inteligencia, incluso cuando estos parecen ajustarse a la realidad. El sistema educativo, a nivel mundial, tiende a distribuir sus recursos limitados de tal forma que aquellos individuos con un CI alto reciben mayor atención y oportunidades, así como una preparación superior en comparación con aquellos con un CI bajo. Como resultado, se obtienen los resultados anticipados por el test, no debido a la precisión del mismo, sino porque se han propiciado las condiciones para que se cumpla la predicción. El psicólogo Robert Rosenthal fue pionero en demostrar el impacto de los test como profecías autocumplidas.
En conclusión, el resultado de un test de inteligencia puede considerarse una *indicación* sobre la capacidad intelectual, pero no debe interpretarse como una verdad absoluta.
Jean Piaget abordó el estudio de la inteligencia como un proceso constructivo que se desarrolla a lo largo de la vida de los niños hasta alcanzar su estado final. Piaget concibe el conocimiento como una función adaptativa del individuo al entorno, que surge de la interacción entre los esquemas que aporta el sujeto y los datos que recibe del medio. Según Piaget, los seres humanos nacen con estructuras para interactuar con el entorno, denominadas reflejos innatos. Estos reflejos constituyen la base sobre la cual el niño irá adquiriendo esquemas intelectuales cada vez más complejos para comprender el mundo.
El desarrollo intelectual se produce como resultado de la asimilación de datos, interpretados desde el esquema que posee el sujeto, y la acomodación, que implica la sustitución de un esquema por otro más complejo cuando el esquema previo no es capaz de asimilar todos los datos recibidos.
El desarrollo cognitivo, según Piaget, atraviesa una serie de fases o estadios. Aunque puede haber variaciones individuales en el momento en que ocurre un cambio, el orden de sucesión de los estadios es invariable. La inteligencia de un niño se desarrolla a través de las siguientes etapas:
Desde la década de 1920, algunos psicólogos han sugerido que la inteligencia medida por los test de CI no es la única forma de inteligencia que poseemos. Thorndike criticó los test de Stanford-Binet por centrarse principalmente en la inteligencia académica. Él mismo distinguió entre la inteligencia abstracta (verbal), la mecánica y la social (necesaria para comprender a las personas y tener éxito en las relaciones humanas).
En la década de 1980, Sternberg y Gardner señalaron la existencia de formas de inteligencia relativamente independientes: la inteligencia analítica, la creativa y la contextual o social. Gardner llegó a establecer ocho inteligencias distintas: verbal, matemática, naturalista, corporal, espacial, musical, intrapersonal e interpersonal.
En 1995, Daniel Goleman introdujo la teoría de la inteligencia emocional, que abarca cinco competencias básicas:
Aunque admitió la falta de instrumentos de medición adecuados, Goleman propuso el concepto de cociente emocional y argumentó que, mientras que los test de CI a menudo fallan en sus predicciones sobre el futuro de los individuos, pruebas relacionadas con la inteligencia emocional podrían ser más eficaces.
Un experimento realizado en la década de 1960 demostró que los niños de 4 años que resistían la tentación de comerse una golosina, sabiendo que recibirían otra como recompensa, obtenían mejores resultados académicos años después en comparación con aquellos que no habían podido esperar. Los resultados de una medición del CI no habrían mostrado una correlación tan clara con el futuro de estas personas.
Esto sugiere que, además de la capacidad puramente intelectual, existen otras capacidades implicadas, como el control de los impulsos. La inteligencia emocional, en lugar de separarse de las emociones, las relaciones y otros aspectos de la vida personal, los considera al evaluar un problema y su solución.
En los últimos años, se han propuesto diversas formas de medir la inteligencia emocional. El método más aceptado es el MSCEIT (Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test), que consiste en ocho tareas diseñadas para medir cuatro aptitudes:
El promedio de estas cuatro puntuaciones proporciona la medida de la inteligencia emocional, es decir, el coeficiente emocional.