Portada » Historia » Desamortización de Madoz y Ferrocarriles en la España Isabelina: Finanzas e Infraestructuras
La Desamortización de Madoz, 1855, representó un cambio significativo en la propiedad de la tierra durante los gobiernos progresistas del reinado de Isabel II. Afectó a las propiedades restantes en manos de la Iglesia y a todos los bienes de propios y comunales.
Además de reducir la deuda pública, su objetivo principal era financiar infraestructuras que dinamizaran la economía española, especialmente la red de ferrocarriles. La recaudación fue superior a la de la Desamortización de Mendizábal.
La Ley de Minas de 1868 facilitó la llegada de capital extranjero al poner a la venta las minas no reservadas a particulares, convirtiéndolas en propiedad privada a perpetuidad a cambio de un canon anual. Algunas minas reservadas también fueron vendidas, como las de Riotinto (cobre), mientras que otras, como Almadén (mercurio), permanecieron bajo control estatal, aunque su explotación se cedió a la compañía Rothschild.
La construcción de la red de ferrocarriles fue regulada por primera vez por la Real Orden sobre creación de ferrocarriles en 1844. El gobierno otorgó concesiones a grupos financieros particulares españoles afines al partido moderado, quienes en gran parte se dedicaron a especular en bolsa. En 1859, casi todos habían renunciado a los derechos, dejando como únicas líneas la de 1848 Barcelona-Mataró, Madrid-Aranjuez en 1851 y Gijón-Langreo en 1853.
Durante el Bienio Progresista, se modificaron las condiciones para incentivar la construcción de ferrocarriles, ofreciendo ventajas económicas a las compañías que se decidieran a construirlas (Ley General de Ferrocarriles, 1855). Además:
Entre 1850 y 1875, la red ferroviaria creció de 28 km a 6.124 km, alcanzando un año récord en 1865 (929 km). Sin embargo, la construcción se realizó tardíamente y de forma acelerada, con una planificación irracional. La crisis de 1866 provocó la caída de las acciones de ferrocarril en la Bolsa y paralizó la construcción, que continuó a menor ritmo a partir de 1876.
La inversión en la red ferroviaria fue la más importante del siglo, impulsada por:
El Estado aportó el 16% del capital en subvenciones, utilizando ingresos de la Desamortización de 1855. La importación sin aranceles de materiales de construcción hasta 1887 impidió que el ferrocarril impulsara la demanda de la siderurgia nacional. La mayor parte de la financiación provino de sociedades de crédito francesas.
El Sexenio Democrático constituyó el primer intento de establecer una democracia en España, basada en el sufragio universal masculino. Fue una etapa inestable con diversos modelos de gobierno: democracia, república, federalismo y dictadura presidencialista.
La Revolución de 1868, conocida como «La Gloriosa» o «La Septembrina», se preparó en 1866 con el Pacto de Ostende (demócratas, progresistas y unionistas), liderado por Prim y Serrano. Se inició con el pronunciamiento militar en Cádiz, dirigido por los generales Prim y Serrano, y el almirante Topete. El manifiesto «España con honra» proponía un gobierno provisional y sufragio universal, criticando a la reina. La sublevación se extendió con apoyo popular, liderado por demócratas y progresistas que organizaron juntas revolucionarias. Las tropas del gobierno fueron derrotadas en la batalla del puente de Alcolea (Córdoba) por las de Serrano, y Isabel II huyó a Francia.
Gobierno Provisional (1868-69): Presidido por Serrano, excluyó a los demócratas. Se disolvieron las juntas revolucionarias, y el Partido Demócrata se dividió entre cooperacionistas y republicanos federales.
Cortes Constituyentes (1869): Dominadas por carlistas, moderados (alfonsinos liderados por Cánovas), unionistas, progresistas y demócratas, y el Partido Republicano Federal. Se promulgó la Constitución de 1869, democrática y monárquica.
Regencia de Serrano (1869-71): Serrano fue designado regente y Prim jefe de gobierno. L. Figuerola implementó medidas liberalizadoras, como la peseta como moneda nacional (1868) y la Ley de Minas. Se buscó un rey católico y liberal, eligiendo a Amadeo I de Saboya en 1870. Prim fue asesinado en 1871.
Reinado de Amadeo I (1871-73): Considerado un intruso, enfrentó problemas como la Hacienda, la Guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista, y la inestabilidad política. El partido Progresista se dividió en el Part. Constitucional de Sagasta y el P. Radical de Zorrilla. Se debatió la ilegalización de la AIT y la abolición de la esclavitud, que solo se abolió en Puerto Rico en 1872. En 1873, Amadeo I abdicó y se proclamó la República.
En 1868, el «grito de Yara» inició la Guerra de los Diez Años por la independencia, que finalizó con la Paz de Zanjón en 1878. Esto favoreció la conspiración de los hacendados y la vuelta de Alfonso XII, antiabolicionista.
La Restauración Borbónica se produjo en 1874 con Alfonso XII, quien firmó el Manifiesto de Sandhurst, escrito por Cánovas, defendiendo una monarquía liberal que reconociera los derechos individuales básicos y una España unida y tradicional. Este sistema, respaldado por la nobleza, terratenientes, élites económicas y parte del ejército, buscaba una alternancia pacífica en el gobierno entre la izquierda y la derecha liberal.
El sistema canovista se basó en:
En sus primeros gobiernos, se solucionaron los conflictos pendientes del Sexenio, como la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba.
Cánovas promovió la creación de dos partidos que pudieran alternarse en el poder:
Estos eran partidos de notables, elitistas con pocas diferencias ideológicas.