Portada » Historia » Crisis de la Restauración y Conflictos Sociales en España (1910-1923)
El gobierno del liberal José Canalejas (1910-1912) impulsó una «regeneración democrática» buscando el apoyo de las clases medias, sectores populares y nacionalistas catalanes. Entre sus medidas destacan:
El asesinato de Canalejas en 1912, en un atentado anarquista, puso fin a estos intentos de regeneración desde el poder. A partir de entonces, se inició una crisis permanente de los partidos del turno, caracterizada por la falta de cohesión y liderazgo, y por la ruptura de la buena relación entre ellos, clave para la estabilidad del sistema.
El intento de regeneración del «revisionismo político» al comienzo del reinado de Alfonso XIII fracasó debido a las disputas internas de los partidos dinásticos, la brevedad de los gobiernos y la resistencia de liberales y conservadores a renunciar a los privilegios del sistema. Este fracaso arrastró al propio régimen de la Restauración, aumentando la oposición.
Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, el gobierno conservador de Eduardo Dato declaró la neutralidad de España. Esta decisión se basó en la política aislacionista del país y en su debilidad económica y militar. Sin embargo, la opinión pública se dividió entre «aliadófilos» y «germanófilos», generando intensos debates.
A partir de 1915, España experimentó un auge económico al convertirse en suministradora de productos a los países beligerantes. El aumento de las exportaciones estimuló la producción y los beneficios empresariales.
Sin embargo, este crecimiento trajo consigo una grave inflación. El aumento de las exportaciones disparó los precios y provocó escasez de productos básicos. Los salarios de los trabajadores no aumentaron al mismo ritmo que los precios, lo que generó una pérdida de poder adquisitivo y un empeoramiento de las condiciones de vida, agravando la situación social.
En el verano de 1917, la situación estalló en la llamada crisis general de 1917, donde confluyeron tres conflictos consecutivos:
El Ejército, convertido en un importante grupo de presión, vio surgir las Juntas Militares de Defensa, organizadas por jefes y oficiales de Infantería para defender sus reivindicaciones económicas y profesionales. Su malestar se debía a la falta de medios, la pérdida de poder adquisitivo y la política de ascensos que favorecía a los destinados en Marruecos. Las Juntas, apoyadas por el rey, fueron reconocidas oficialmente y sus peticiones aceptadas, reforzando el papel del Ejército en el régimen.
Con las Cortes cerradas, Francisco Cambó, líder de la Lliga Regionalista, solicitó su reapertura. Ante la negativa del gobierno, convocó una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona en julio. Asistieron diputados y senadores, principalmente catalanistas, republicanos y el socialista Pablo Iglesias. Exigieron la convocatoria de Cortes Constituyentes y abordar los problemas del país, incluyendo la autonomía de Cataluña. La Asamblea fue disuelta por las autoridades, acusada de separatista. El movimiento fracasó por falta de apoyos, el rechazo de las Juntas Militares y las divergencias internas.
La huelga general revolucionaria de agosto, convocada por la UGT y el PSOE (la CNT se desmarcó), fue la principal manifestación de la crisis. Aunque con reivindicaciones económicas, tenía un objetivo político: la salida del rey y la formación de un gobierno provisional. La huelga tuvo gran seguimiento en ciudades y áreas industriales, pero no en el campo. El gobierno declaró el estado de guerra, con un saldo de más de 70 muertos y 2.000 detenidos. Fracasó por falta de preparación, la no movilización campesina, la falta de apoyo de los partidos burgueses y la actuación del Ejército.
Tras la crisis de 1917, el sistema de la Restauración se desintegró. Los partidos del turno, desprestigiados y divididos, recurrieron a gobiernos de concentración, incluyendo a la Lliga, pero sin lograr estabilidad. Las reivindicaciones autonomistas, especialmente las catalanas, se intensificaron. El rey se implicaba cada vez más en la vida política, donde el Ejército ganaba protagonismo. La movilización de las clases trabajadoras iba en aumento.
La pandemia de gripe de 1918 causó una gran mortandad y aumentó la crispación social. La situación económica y social se agravó tras el fin de la Gran Guerra, con la caída de la demanda externa y el aumento del paro.
En Andalucía, los campesinos intensificaron sus movilizaciones en el «trienio bolchevique» (1918-1920/21), con huelgas y ocupaciones de fincas.
En Cataluña, la CNT organizó en 1919 una huelga en La Canadiense, que derivó en una huelga general en Barcelona. El gobierno cedió, concediendo mejoras salariales y la jornada de ocho horas en la industria. Las posturas se radicalizaron. Los empresarios colaboraron en la represión del movimiento obrero, contratando pistoleros. Los Sindicatos Libres atentaban contra líderes obreros, y las fuerzas del orden aplicaban la «ley de fugas». Las organizaciones obreras respondieron con violencia. La violencia alcanzó cotas extraordinarias, con cerca de trescientos muertos, incluido el presidente del gobierno Eduardo Dato.
En Marruecos se produjo el desastre de Annual en 1921. El general Silvestre, al mando de las tropas en Melilla, se adentró imprudentemente en territorio marroquí. Las tropas fueron cercadas por el líder rifeño Abd el-Krim y masacradas en la retirada. Unos 10.000 españoles murieron, incluido Silvestre, y más de mil fueron hechos prisioneros.
Para determinar las responsabilidades, se inició el Expediente Picasso. La investigación sacó a la luz graves negligencias, implicando incluso al rey Alfonso XIII. Los sucesos de Annual afectaron gravemente al Ejército, dividido entre africanistas y peninsulares, y aumentaron el ambiente de rebeldía contra el Parlamento y los políticos. La oposición republicana y socialista utilizó el debate sobre las responsabilidades para desacreditar al régimen.