Portada » Filosofía » Corrientes Éticas Fundamentales: Estoicismo, Relativismo, Utilitarismo y Más
El estoicismo, fundado por Zenón de Citio en el siglo III a.C., afirma que el universo está regido por un logos racional accesible al hombre. La felicidad se alcanza al vivir conforme a la naturaleza, la razón y la virtud ética.
El estoicismo propone la virtud como camino a la felicidad, aunque su enfoque puede resultar incompleto y excesivamente austero.
El relativismo sostiene que las normas morales son válidas solo dentro de contextos culturales y temporales específicos. No existe una moral universal.
Origen: Surgió en la sofística griega (Siglo V a.C.) y fue influenciado por la diversidad cultural observada por los griegos.
Ejemplo Clásico (Heródoto): Los griegos practicaban la cremación, mientras que los indios Calatias consumían los restos de sus padres. Ambas prácticas son moralmente válidas en sus contextos.
Relativismo y Diversidad Moral: El relativismo explica cómo diferentes sociedades pueden desarrollar normas morales contrastantes. Por ejemplo, la poligamia es aceptada en algunas culturas y rechazada en otras.
Símil: Las normas morales son como reglas de un juego: su sentido depende del contexto (fútbol vs. baloncesto).
El Utilitarismo: Doctrina moral formulada por Jeremy Bentham que busca maximizar la felicidad en la sociedad. Su principio central es «la mayor felicidad para el mayor número».
Concepto clave: «Todos cuentan por uno»: Cada persona debe ser considerada igual en la evaluación de las consecuencias.
El Consecuencialismo: Extensión del utilitarismo. Afirma que solo se deben considerar las consecuencias de una acción para juzgar su bondad o maldad. Ejemplo: Matar a un inocente podría justificarse si salva a muchos más.
Análisis de las consecuencias: Una acción es buena si sus consecuencias aumentan el bien o disminuyen el mal.
El Deontologismo: Corriente ética que valora el respeto a normas morales universales, independientemente de las consecuencias. Kant es la figura más destacada.
Crítica al Utilitarismo: Se le considera una ética «mínima» que no fomenta la virtud o el carácter moral.
El subjetivismo sostiene que las cualidades morales son relativas a la percepción individual. La realidad moral se funda en la percepción personal, no en un conocimiento objetivo.
Autores subjetivistas: Protágoras, Hobbes y Hume.
Consideran los juicios morales como expresiones de emociones o deseos, no verificables ni objetivos.
Emotivismo (Alfred Ayer y Stevenson): El lenguaje moral es una forma de manipulación emocional.
Según Spaemann, el juicio moral no es una afirmación autobiográfica, sino una evaluación de la acción misma.
Los debates morales indican una creencia en criterios objetivos. Ejemplo: Rechazar la tortura es una afirmación moral objetiva.
La ética del discurso se basa en la filosofía kantiana, buscando analizar la vigencia de las normas existentes.
Conceptos Clave: Nació del «giro lingüístico» en la filosofía contemporánea (Jürgen Habermas y Karl-Otto Apel). Busca superar la fragmentación del conocimiento.
Se desarrolla en respuesta al cientificismo, centrando su enfoque en la comunicación y el consenso.
Habermas propone la «razón discursiva», mientras que Apel subraya que las normas morales deben ser aceptadas por consenso sin coerción.
En su Teoría de la Acción Comunicativa, la persona se constituye a través de la comunicación, basándose en «pretensiones de validez»: inteligibilidad, sinceridad, verdad y corrección.
Conclusión: La ética del discurso es cognitivista, universalista y formalista, basando los juicios morales en normas construidas a través del discurso, donde la verdad se define por el consenso.
El agente moral delibera antes de realizar la acción, valorando el fin y los medios. Sin deliberación, serían actos del hombre, no actos humanos.
La deliberación es determinante en la cualidad ética de la acción: permite apreciar acciones razonadas. Permite la responsabilidad e imputación (ética y jurídica).
El mérito o la culpa solo aparecen si ha habido deliberación.
Permite una reflexión ética, comparando el valor de una decisión dañina con un objetivo de bien mayor. Todas las acciones modifican cursos causales, pudiendo generar consecuencias previstas pero accidentales.
La adopción de medios no éticos es responsabilidad del actor, aunque sea accidentalmente como un fin.