Portada » Otras materias » Conocimiento Estratégico y Cultura de Aprendizaje: Pilares de la Empresa Moderna
Una estrategia es un instrumento para la acción y supone el acto de dirigir o gestionar con el fin de cumplir con unas determinadas metas. En el ámbito empresarial, la Dirección Estratégica (DE) implica la toma de las decisiones adecuadas para, dentro de su entorno competitivo, obtener los mejores resultados (beneficios, crecimiento, etc.).
La ventaja comparativa es la explicación clásica del éxito internacional de la empresa. Primero, Adam Smith (1776) habló de la “ventaja absoluta” referida al comercio internacional (ventaja en las exportaciones) a favor de quien produce con costes más bajos. Posteriormente, David Ricardo (1821) refinó este primer concepto y habló de la “ventaja comparativa”, como fuente de ventaja en el comercio de mercancías y, por tanto, de asignación de los factores productivos, a través del mercado, hacia los países o empresas que producen con más eficiencia.
La versión más reciente de la “ventaja comparativa” radica en las teorías de Heckscher-Ohlin, quienes señalan que la “ventaja comparativa” radica en el grado o nivel de productividad de las naciones o de las empresas de un mismo tipo de actividad, lo cual depende de los factores de producción (tierra, trabajo, recursos naturales y capital) y también de las políticas públicas (salarios, tipos de interés, política monetaria, subvenciones…).
Existen dos enfoques principales: el estructuralista o de contenidos y el de procesos. Ambos enfoques coinciden en que el objetivo de las empresas consiste en conseguir los mayores beneficios posibles a través de la obtención de ventajas competitivas otorgadas por sus recursos. Ambos comparten estas hipótesis:
La ventaja competitiva de las empresas viene dada por la utilización de recursos “valiosos, raros, estables y difícilmente imitables o insustituibles y aprovechables para la organización” (enfoque VRIO). Las empresas deben identificar y explotar sus recursos diferenciados y deben prevenir su imitación por otras empresas. La ventaja competitiva no es estable y puede ser erosionada o desaparecer.
Los mercados son dinámicos y los factores determinantes en los resultados del negocio radican en la creación y desarrollo de conocimientos y capacidades por la empresa. Estudia cómo las empresas pueden crear y desarrollar recursos y capacidades propias a través de los procesos internos de creación y de aprendizaje de los conocimientos obtenidos. Es un enfoque estratégico y dinámico de las organizaciones.
La Gestión del Conocimiento (GC) cobró relevancia en las empresas en los años 90. Una empresa puede poseer gran cantidad de conocimientos potencialmente valiosos, pero para que puedan ser útiles (reportar valor económico) deben ser convenientemente gestionados.
La novedad de este enfoque de la GC es ver los conocimientos poseídos como un activo “intangible” importante, e incluso clave en determinados sectores. Los activos que añaden valor a numerosos productos y servicios esenciales de la economía actual se basan en el conocimiento (know-how tecnológico, diseño e innovación de productos, técnicas de comercialización…). Es por ello que el conocimiento atesorado por las empresas se conoce como su Capital Intelectual (CI).
Sveiby distingue tres categorías principales:
La estrategia centrada en la información y apoyada en las TICs, según Sveiby, pretende reducir costes en la empresa. Tiene como ventajas la eficacia, la cuantificación de bienes y servicios, la coherencia, la previsibilidad y la garantía de control. Sus desventajas son la infrautilización de los activos intangibles, la provocación de conflictos internos y la facilidad con que sus productos pueden copiarse.
La estrategia centrada en el conocimiento se enfoca más en la capacidad para generar ingresos que en la reducción de costes. Presenta estas características: son más difíciles y costosas de introducir, pero también más difíciles de copiar o imitar por los competidores; su eficacia exige tiempo y dependen del contexto de relaciones con los clientes y con el personal.
La empresa actual como “organización que aprende” (learning organization): concepto y componentes culturales.
El término “Organización o Empresa Inteligente (OI)”, es decir, la que aprende de forma continua y hace aprender a sus miembros (“Aprendizaje Organizativo”), se debe a distintos autores especialistas en este campo (Garrat, Senge, Argyris y Schön…) y surge sobre todo a partir del último cuarto del siglo XX.
Shrivastava distingue cuatro corrientes fundamentales:
Argyris señala que la cultura de la OI debe basarse en una serie de valores explícitos compartidos por todos sus miembros:
Senge resume los componentes culturales de la OI en estos 5 elementos:
Earl muestra el siguiente modelo:
Apoyados por:
Apoyadas por:
La comunicación y el conocimiento deben transmitirse dentro de la organización a través de redes formales, pero sobre todo deben fluir en gran parte a través de numerosas redes informales que existen entre los distintos núcleos organizativos.
Krackhard y Hanson (1997) señalan que las redes formales son el esqueleto de la empresa, pero las redes informales son su sistema nervioso central. Las redes informales desempeñan un papel clave y son de estos tres tipos:
Nonaka y Takeuchi señalan que una GC eficaz precisa una estructura organizativa adecuada (organigrama), con las siguientes características:
En una organización, según Nonaka, existen los siguientes tipos de trabajadores:
Existe un consenso amplio sobre los siguientes tipos de trabajadores o roles para que el conocimiento fluya eficazmente:
Honey y Mumford identifican cuatro estilos distintos de aprendizaje:
Las empresas de GC tienen distintas formas de aprendizaje:
Existen diversas barreras que dificultan el aprendizaje en las organizaciones: